Carmen Sarmiento (Madrid, 1944) ya casi no concede entrevistas (“es que me han hecho unas dos mil y terminan preguntándome siempre lo mismo”, rezonga justificándose). Pero hoy ha querido hacer una excepción con Rivas Al Día y nos recibe en su casa, en el centro de Madrid. Nuestro municipio siempre ha demostrado un especial cariño por su trayectoria. De hecho, Rivas fue la primera ciudad que le puso su nombre a una calle: la de Carmen Sarmiento está muy cerca del Barrio del Cómic y a pocos metros de la de Rosa Montero, otro nombre ilustre del periodismo.

 

¿Y por qué entrevistarla? Cualquier motivo sería suficiente. En este caso, Carmen Sarmiento vendrá a Rivas el 13 de marzo (CERPA, a las 19.00hrs) para dar la charla ‘La mujer, el sur de todos los nortes’, dentro de los actos organizados por la Concejalía de Mujer para celebrar el 8 de marzo. Sarmiento se hizo un hueco en el periodismo televisivo en 1968, cuando empezó poniendo voz y cara a crónicas realizadas desde las cuatro esquinas del planeta.

 

Eso sí, siempre desde los lugares más conflictivos, muchos de ellos inmersos en graves conflictos bélicos. Así se convirtió en la primera reportera de guerra de este país, la más recordada en un tiempo en el que el periodismo se ejercía desde la pasión y la tele era una, pública y en blanco y negro. “Entonces había una televisión dónde las mujeres sólo hablaban de cocina y modelitos. Y allí llegué yo, con toda mi energía juvenil, para hablar de las mujeres. Sobre todo en Informe Semanal, en el que fui subdirectora cinco años. Empecé a poner el dedo en la llaga sobre temas tan ‘intocables’ para la España de entonces como el aborto y el divorcio”, recuerda.

 

LAS ÚLTIMAS DE LA FILA

 

Luego vinieron las recordadas series de reportajes de actualidad ‘Los marginados’ (1982) o ‘Los excluidos’ (2000), que, pese a titularse desde el genérico masculino, sobre todo contaban historias de mujeres explotadas, empobrecidas y maltratadas en un mundo en el que siempre son las pobres de los pobres; las últimas de la fila. Transcurridos los años, a Carmen Sarmiento la siguen parando por la calle para piropearla. “Eres un referente” o “yo estudié periodismo por tu culpa”, le dicen al reconocer un rostro familiar a la que le acompaña una voz hipnótica e inconfundible.

 

Desde su retiro voluntario, Carmen ha dedicado la mayor parte de su tiempo a viajar, a cuidar de su familia y dar charlas por todo el país sobre el arma criminal en la que se convierte el machismo cuando humilla, maltrata y termina matando. “Formo parte de una generación que vivió el periodismo casi como un sacerdocio, en mi caso feminista, desde el romanticismo que nos hacía entregarnos por completo a la tarea de informar”, asegura.

 

¿Sigue siendo el feminismo un término maldito? Hay un intento permanente de descalificar a las mujeres que nos empeñamos en luchar por la igualdad. Si tuviera que definir el feminismo diría que es una lucha de liberación, y que el machismo es una lucha de opresión. Pero no sólo contra la mujer, sino también contra los propios hombres. En aquella época trataban de desacreditarnos de cualquier manera por ser feministas. Soy de una generación, la del 68, que pensaba que iba a cambiar el mundo. Al final sólo lo movimos un poquito [jajaja]. Creíamos que la relación entre los hombres y las mujeres iba a cambiar a mejor. Y sí, ha cambiado: no vivimos la vida de nuestras abuela, pero la violencia sigue institucionalizada contra las mujeres y contra tantos hombres que viven en los países pobres la opresión.

 

Un estudio publicado el pasado mes por el sindicato UGT afirma que las mujeres en España deben trabajar 82 días más al año que los hombres para recibir el mismo salario. Ni rompemos el ‘techo de cristal’ ni ganamos lo mismo por el mismo trabajo. Hay otras estadísticas más terribles que dicen que la igualdad entre hombre y mujer no se conseguirá hasta dentro de 500 años. ¡Es desesperante!, pero eso no impide que tengamos que seguir luchando contra la injusticia.

 

¿Cree que los cambios legislativos son suficientes para abrir el camino a una igualdad que esta sociedad no reconoce? Aprobar la ley del aborto fue un gran avance social. Se han conseguido en estos años muchos avances que ahora se encuentran en retroceso. Las leyes son muy importantes, pero lo que sucede es que, a veces, o no se cumplen o llega otro partido al gobierno que se dedica a cambiarlas, con el consiguiente retroceso que esas decisiones conllevan. Y eso es lo que sucede en este momento.

 

¿Y en la calle? ¿Aprecia cambios en la sociedad respecto a la violencia que se ejerce contra las mujeres? Sí, pero no los suficientes. La calle sigue siendo de los hombres. Las mujeres tenemos miedo a caminar de noche solas, sobre todo en ciudades peligrosas, porque se reproduce ese miedo ancestral que hace que te plantees el riesgo de que te violen o te secuestren. En América Latina, cuando hablas con muchas madres siempre te cuentan que las niñas, con 10 o 12 años, ya saben ‘lo que va a ocurrir’. Y eso que va a suceder es que las van a violar: el padre, el hermano, el tío. Siempre los parientes más cercanos. Ahora y aquí mismo, hay chicos jóvenes que ejercen un control férreo de la vida de sus parejas a través de los móviles. Llaman y preguntan: ¿dónde estás? ¿qué has hecho? ¿con quién estás?

 

¿Cuáles son los muros que impiden que las mujeres puedan un día descubrir una sociedad igualitaria? La procreación es la peor hipoteca en la vida de una mujer, porque no dejas de ser madre en toda tu vida. Si el Estado te ofreciera unas mínimas ayudas sociales como las que ofrecen los países nórdicos para que pudieras pedir una excedencia por maternidad y recuperar tu puesto de trabajo; o si se pusieran guarderías en todas las grandes empresas. Mientras que todo eso no esté solucionado, por más que las mujeres se esfuercen en su formación, cuando se licencian en pie de igualdad con los hombres, resulta que se pasan tres o cuatro años trabajando, se casan, tienen hijos y se retiran. Como ese retiro dura siete o diez años, cuando vuelven ya han perdido la cualificación que alcanzan los hombres que no han perdido esos años. Para que algo cambie se tiene que producir un gran cambio. Pero, ¿qué le vamos a pedir a este Gobierno si está quitando hasta las mínimas ayudas familiares que se daban? Estamos en una sociedad capitalista que se convierte día a día en más salvaje y brutal. Cada vez se explota más a los sectores más desfavorecidos de la sociedad, que encabezamos las mujeres, pero también los hombres trabajadores.

 

Entrevista: José Luis Corretjé