Desiguales ante la ley

Queridas amigas feministas,

Acaba de salir a la calle mi libro Desiguales por Ley. Las políticas públicas contra la igualdad de género. Es el resultado de mi experiencia como feminista, investigadora y docente. En él pretendo explicar de forma resumida los principales obstáculos que las políticas económicas ponen en el camino a la Desiguales por leyigualdad, aunque declaren lo contrario: a través de las regulaciones de impuestos y prestaciones sociales, pensiones, sistemas de atención a la infancia y a la dependencia… El primer capítulo sitúa el marco teórico (“Bases para una economía política feminista”) y el último (titulado “Hacia la igualdad”) explica cómo es posible avanzar hacia “otro mundo posible”.

Soledad Gallego Díaz se ha prestado generosamente a escribir un magnífico prólogo. El libro se lo dedico a mi madre y a todas las mujeres de su generación que, trascendiendo la ideología patriarcal dominante y su única experiencia vivida, animaron a sus hijas a conquistar la libertad de la que ellas carecían. En esta carta quiero contaros por qué lo he escrito, invitaros a leerlo y, si os gusta, a difundirlo.

La primera vez que recuerdo haberme definido como feminista públicamente fue a los 13 años. Me acuerdo de que, ante el estupor de mis compañeras (era, claro está, un colegio femenino como todos los de la época), me expliqué: había leído que las feministas defienden los derechos de las mujeres. Por entonces teoricé que el sistema familiar es injusto porque concede el poder absoluto al cabeza de familia por muy loco que esté (y el mío lo estaba, o eso creía yo); más tarde me enteraría de que la violencia machista no es asunto de locura ni excepcional, y también me enteraría de que todo aquello y mucho más ya se había escrito siglos antes.
A finales de los años 1970, por fin, conocí a otras feministas y desde entonces he trabajado en diversos grupos, sobre todo en el Frente de Liberación de la Mujer, en la Comisión pro Derecho al Aborto, en el Fórum de Política Feminista, en el Grupo de Mujeres de COGAM y, durante los últimos ocho años, intensamente en la PPIINA. Paralelamente fui orientando mi profesión para pasarme al feminismo y a la lucha contra la desigualdad social, que no era fácil desde donde venía: el campo de las matemáticas, la estadística y la economía.

Este doble (o triple) periplo me ha proporcionado experiencias y herramientas muy interesantes. Lo primero que descubrí es que las leyes no son neutrales. Para llegar a funcionaria de la Seguridad Social tuve que estudiar la legislación y descubrí todos los sesgos de género que contenía (me identifico con la tesis de J. Antonio Marina y Mª Teresa Rodriguez de Castro en el excelente libro La conspiración de las lectoras, que explica cómo cuando las mujeres accedieron a la educación superior empezaron a rebelarse contra las leyes que descubrían). Cuando entré en el campo de la investigación económica, me asombré de la ceguera de género que aqueja a la Academia, hasta el punto de que se cometen errores técnicos garrafales con tal de ignorar la existencia de las mujeres (por ejemplo: la no desagregación de los análisis estadísticos por sexo frecuentemente los invalida o confunde los efectos detectados). El sistema impositivo declara unos principios rectores que incumple flagrantemente porque ignora ciertos temas y, sobre todo, el trabajo reproductivo. Y así sucesivamente, siempre la misma historia.

Mi segundo descubrimiento fue que las políticas de igualdad nunca podrán solucionar el problema, ni aunque permanecieran como en los momentos de mayor atención hacia ellas (en España podríamos situar ese momento en la corta existencia del Ministerio de Igualdad). No basta con dedicar en 0,1% del presupuesto público a deshacer los entuertos creados por del 99,9% restante; hay que cambiar el grueso de las políticas públicas, la “corriente principal”. Es necesario, como definió el Congreso de la ONU sobre las Mujeres en 1995 en Beijing, adoptar la perspectiva y la estrategia del mainstreaming de género.

Por encima de todo, mi experiencia me llevó a una conclusión fundamental: cierto que todas las políticas públicas deben cambiar, y todas son importantes, pero las políticas económicas y sociales ocupan un lugar crucial al que debemos dirigir nuestra atención. Hoy podemos decir que las mujeres hemos llegado lejos, hemos aprovechado los más mínimos resquicios para entrar en tromba en todos los lugares antes vetados: desde el sistema educativo (hoy ya con mejores resultados académicos que los hombres!) o las profesiones antes masculinas (como abogacía o medicina), hasta la política. Contiendas electorales en las que las dos candidatas finalistas a la presidencia de un país grande son mujeres, o listas de valoración de personas políticas en las que los dos primeros puestos corresponden a mujeres… estos hechos ya no son noticia. Sí, una minoría de mujeres ya pueden llegar a las más altas esferas del poder; otra cosa es que tengan realmente el mismo poder que sus homólogos masculinos. Pero, sobre todo, ¿pueden seguir adelante la mayoría de las mujeres?

La conclusión, como decía, es que las mujeres hemos llegado todo lo lejos que nos han permitido las condiciones materiales. Las jóvenes siguen formándose interminablemente y, a pesar de ello, siguen en el paro o se ven obligadas a aceptar trabajos de miseria. La maternidad es un sueño que puede convertirse en una pesadilla porque no es compatible con el empleo estable. Pretender cambiar los roles de género no sólo se estrella contra la resistencia masculina sino que es imposible mientras no se les concedan a ellos los mismos derechos sociales para el cuidado. Y así muchos más ejemplos que se desgranan en el libro. En definitiva, no hay condiciones para la igualdad.

Mientras, las feministas luchamos contra la violencia de género, contra la ceguera de los medios de comunicación, contra la regresión en el derecho al aborto y contra muchas otras manifestaciones de la ideología patriarcal. Nos indignamos, nos lamentamos, nos desesperamos. Tenemos que seguir ahí, pero debemos también comprender que todas estas manifestaciones son consecuencia de la estructura social patriarcal. Para no desesperarnos, y para que nuestra labor sea más eficaz, debemos comprender que hay que derribar las estructuras. Cambiar las políticas económicas que determinan esas condiciones materiales tan injustas y desiguales es el gran desafío del feminismo en el siglo XXI.

La buena noticia es que, como trato de demostrar, se dan las condiciones objetivas para el cambio estructural, desde una sociedad a imagen y semejanza de la familia patriarcal a otra basada en el principio de que todas las personas podemos/debemos ser sustentadoras/cuidadoras en igualdad. Una sociedad, en definitiva, de ciudadanas y ciudadanos libres.

 

 

Para ese cambio estructural necesitamos un programa económico feminista y una alianza con los movimientos sociales. En el capítulo final (titulado “Hacia la igualdad”) explico que esto es posible, pero no es fácil. En la fase actual del patriarcado, aliado con el neoliberalismo, la mayoría de los mecanismos que producen las desigualdades son sutiles y difíciles de detectar a primera vista; tenemos que estudiarlos, discutirlos y elaborar alternativas. Además, debemos defender las reivindicaciones allá donde nos encontremos, contando con todas las personas que puedan impulsarlas.

Con este libro me gustaría aportar un granito de arena a este proceso. Así que os agradecería cualquier iniciativa, desde organizar presentaciones y debates desde las asociaciones; contribuir a difundir las que se programen; escribir reseñas, comentarios o cualquier otra actividad que se os ocurra.

Quedo a vuestra disposición y os envío abrazos feministas.

¡Hasta siempre!

María Pazos Morán
Desiguales por Ley. Las políticas públicas contra la igualdad de género

ISBN: 9788483198629
Editorial: Los Libros de la Catarata
Fecha de la edición: 2013
Nº Pág.: 284