Día Contra la Violencia hacia las Mujeres
Manifiesto de Ciudad
de Mujeres
25 de noviembre de
2005

Queremos este 25 de noviembre, día
internacional contra la violencia hacia las mujeres, denunciar la que ejercen
prostituidores o consumidores de sexo pagado y proxenetas, cuyo debate -en
ocasiones, hábilmente des/enfocado, con el propósito de fragmentar y debilitar a
los colectivos de mujeres- oculta un trasfondo que preserva y legitima un modelo
de sexualidad cimentado en la cosificación y mercantilización del cuerpo de las
mujeres, bajo una falsa apariencia de libertad de elección y de empoderamiento,
amén de otras supuestas ventajas que no son sino la pedrea, en el mejor de los
casos, de una lotería con el premio gordo asignado de antemano. Y es que, junto
con el tráfico de armas y el de drogas, la industria del sexo es uno de los
negocios que más dinero mueve a nivel mundial, representando una actividad cada
vez más floreciente y asentada en las economías nacionales.
Dejando a un lado la defensa que hacen de la regularización algunos sectores
progresistas cuyas buenas intenciones no cuestionamos, pero que dimana, a
nuestro entender, de la premisa de que entre lo malo y lo peor, se opta por lo
malo -algo que no compartimos; entre lo malo y lo peor, se inventa lo mejor-
aunque aquí ni es necesario porque el invento ya está en Suecia que, cuando
menos, es un punto de partida.
Pero, como dice María José Urruzola, “el análisis feminista es progresista, pero
no todo análisis progresista es feminista”, lo que supone que no toda
alternativa propuesta lo es desde una perspectiva de género y así asistimos a
“desinteresados” discursos neoliberales de respeto a una supuesta libertad de
elección, en los que se prima el ejercicio de una opción de autogestión y
autodeterminación del propio cuerpo, enmascarando la relación de poder y las
circunstancias sociales y económicas que condicionan y determinan esa supuesta
libertad, y donde queda incuestionado un modelo de sexualidad masculina que
banaliza la prostitución y la pornografía como componentes de una sexualidad
“agresiva” entre pares cuando en realidad subyace “una violencia remunerada”,
como lo define Cecilia Hofman, por razón de género.
Nadie mejor que las mujeres sabemos aquello de “la vida siempre fue de esa
manera”.
Nadie mejor que las mujeres sabemos cuán difícil es desaprender, deconstruir
discursos acuñados de “lo natural”.
Nadie mejor que las mujeres sabemos del esfuerzo, con resultados positivos, de
visibilizar otras violencias silenciadas con “justificaciones morales” como para
emprender la lucha, una vez más, por visibilizar igualmente esta violencia
frente a “consideraciones éticas”.
Nadie mejor que las mujeres sabemos que la igualdad de hombres y mujeres no pasa
por mimetizar modelos que afianzan y legitiman la subordinación y la desigualdad
tanto real como en el imaginario colectivo, en el universo simbólico.
La prostitución no puede ser justificada como el ejercicio de un derecho
individual, como algo personal. Retomando la consigna de los años setenta,
afirmamos que el hecho prostitucional es político y su legalización supone la
institucionalización y la legitimación de un modelo de sexualidad deshumanizada
defendida desde los derechos de “hombres”.
Como feministas reivindicamos la desacralización moral del cuerpo y de la
sexualidad de las mujeres, pero también reivindicamos su no desvalorización
desde consideraciones éticas que convierten en actividad laboral una función
donde se les exige algo más que su fuerza de trabajo.
Vale, somos utópicas. Pero nadie mejor que las mujeres sabemos que nuestra
historia de logros y conquistas sociales está llena de “utopías” hechas
realidad. La última, la que va desde la filosofía del “débito” a la Ley integral
contra la violencia de género.
La prostitución es la desigualdad más antigua del mundo.
¡No a la legalización de la prostitución!
Ciudad de Mujeres,
25 de noviembre de 2005