Siglo XIX

Principal Hasta el Renacimiento Siglos XVII-XVIII Siglo XIX Siglo XX Conclusión

 

 

 

 

En el siglo XIX el momento histórico no era otro que el de la actitud reivindicativa de mujeres herederas de aquéllas que lucharon en la revolución francesa junto a sus compañeros y sufrieron su primera decepción cuando constataron que los derechos conseguidos para la ciudadanía, las excluía a ellas. No podemos olvidar a  Mary Wolstonecraft con su Vindicación de los derechos de las mujeres, publicado en 1792. 

Ahora, en 1848 tienen una segunda gran decepción. Se había desarrollado en EEUU una campaña antiesclavista, con una muy fuerte participación femenina, igual o superior a la de los hombres. Pero cuando se celebró en Londres un congreso internacional antiesclavista, no se las dejó participar.

En el mismo año 1848 se celebró en Seneca Falls, cerca de Nueva York, la Primera Convención de Derechos de la Mujer, generando un fuerte aumento de la actividad reivindicativa.

Una gran parte de esta actividad iba dirigida a conseguir el derecho al voto (lo que dio origen al término «sufragistas»). Las mujeres, sobre todo las de clase burguesa y media, querían el derecho al voto para poder influir, a través de la legislación, en los demás derechos civiles y sociales.

En Europa también se fue desarrollando el movimiento, sobre todo en Gran Bretaña. En 1870, en 1884 y en 1897, la Cámara de los Comunes aprobó el voto femenino, pero la Cámara de los Lores siempre lo rechazó.

La reacción fue un movimiento sufragista más radical cuya acción derivó hacia actos de desobediencia civil, ataques contra la propiedad y huelgas de hambre, además de manifestaciones masivas.

Esta actitud beligerante  desencadenó oleadas de indignación en los sectores patriarcales más retrógrados y de desconcierto, cuando menos, en los más liberales, llevándoles no a razonar sobre la justeza de las reivindicaciones y argumentos sino a volver sus ojos hacia la Ciencia para que ésta, viniera en refuerzo de la Iglesia y colocara  las cosas en su sitio, es decir, a las mujeres en el ámbito privado con razonamientos tan irrefutables como que lo que  la naturaleza ha dispuesto, no lo subvierta la mujer.

Así pues, ésta será catalogada científicamente como un ser inferior y por extensión en el tema que nos ocupa, las relaciones entre mujeres, como patología, vicio y decadencia social.

Cierto que esta misma consideración ha tenido la homosexualidad masculina pero mientras ésta ha sido considerada como una desviación, una transgresión de la norma heterosexual (el falo sigue siendo objeto de deseo y de valor), la homosexualidad femenina ha sido catalogada como una pura aberración.

El deseo de una mujer por otra no tiene encaje en el modelo social del erotismo patriarcal.

Algunos pintores volverán su mirada hacia Oriente, como anteriormente lo hicieron hacia la mitología con Diana y sus ninfas en un deseo de seguir satisfaciendo su imaginario, puesto que la pareja de mujeres en actitudes y espacios "normalizados" sigue siendo un tema tabú.

Se seguirá  encerrando la representación de la pareja de mujeres en figuras mitológicas, en la naturaleza, en los harenes, en los baños, en los burdeles. Siempre acotadas,  confinadas en espacios cerrados o fuera de los espacios públicos, señorío masculino. Siempre controladas.

Un exponente de este tratamiento será Ingrès, que sitúa el erotismo lésbico en un baño turco oriental , mostrando a las mujeres en actitud pasiva e indefensa donde el hombre occidental puede dar rienda suelta a sus fantasías eróticas sin sentirse amenazado.

 

 

El baño turco - 1862 

Jean Auguste Dominique Ingrès

 

Un giro en la representación de la pareja de mujeres vendrá de la paleta de Gustave Courbet.

Este pintor se aleja de esa representación tan habitual hasta entonces que las ubicaba en la ensoñación pastoral, el voyeurismo pornográfico o el halo oriental de harenes y odaliscas.

Sus pinturas crearon polémica tanto por los motivos tratados como por la técnica empleada.

La fuerza plástica de la desnudez y la renuncia a los cánones de belleza en su cuadro El Sueño provocaron el escándalo cuando éste fue presentado en la puritana sociedad del Segundo Imperio francés.

Por primera vez en un cuadro se representa una pareja de mujeres desnudas y entrelazadas  en un lecho.

Courbet artista repu- blicano pudie- ra haberse sentido identificado con las lesbianas en una actitud contestataria frente a la rigidez de la moral religiosa y napoleonica.

El sueño (Pereza y Lujuria), 1866

 

Louise Breslau será la primera artista que dará un estatuto artístico a las Amigas, como dice Marie-Jo Bonnet “ .....las integra en la sociedad mostrándolas normales en escenas absolutamente cotidianas y familiares. Liberada de la prostitución, de los tratados médicos y de la psiquiatrización del amor anormal , el imaginario amoroso de las Amigas va finalmente a poder construir su verdadera cultura, cuya apuesta no es sólo la simbolización del deseo femenino, sino la conquista de una libertad sexual libre de la garra de la Iglesia y de la Ciencia”. (pág. 168)

Será considerada la pintora de la intimidad femenina.

Amigas, 1881   

Toulouse-Lautrec sera por excelencia el  retratista de la vida nocturna parisiense. En su obra plasmará la homosexualidad femenina, más visible entre prostitutas y mujeres del espectáculo que incluso  realizaban shows lésbicos y tenían un bar de encuentro, el Lady Bird.

Aunque sus imágenes denotan ternura, se ajustan al comentario  hecho anteriormente, la relación sucede en las llamadas casas de tolerancia, único lugar donde los burgueses atraídos por el vicio, eran capaces de asumir y aceptar sus fantasmas.

En el Moulin Rouge, 1895

En la cama, 1892

Las dos novias, 1894

Mujeres semidesnudas de espaldas, 1894

El beso,1892

Las dos amigas, 1895

 

La pintora Louise Hervieu aporta una novedad importante dentro de esta temática, el gesto amoroso entre dos mujeres se muestra en otro contexto distinto al lecho dando mayor relevancia a esa actitud de ternura que al propio desnudo femenino.

Se produce un cambio en la visibilización del erotismo, dotando a la imagen de un clima emocional.

                               “Contrariamente a las convenciones de género ellas no están tendidas sobre un lecho, ofreciéndose y como exhibiéndose a la mirada de los voyeuristas. Delphine está sentada en un canapé, desnuda como Hyppolyte que está arrodillada a sus pies en un gesto de adoración amorosa al cual responde Delphine sosteniendo el rostro entre sus manos. Este gesto amoroso, tan familar a las amantes, se convierte aquí en una certeza inquietante pues la intensidad de los sentimientos se destaca sobre la desnudez de los cuerpos, de los cuales apenas se ve nada...”     Marie-Jo Bonnet  (pág. 188-189)                   

Dibujo realizado para una edición de Las Flores del Mal de Baudelaire

 

 

 

Copyright © 2003 Ciudad de Mujeres                                                                                            Para información sobre Ciudad de Mujeres : info@ciudaddemujeres.com

Última modificación: 05 de junio de 2008                                                                                   Para comentarnos algo sobre la web: webmistress@ciudaddemujeres.com

                                                                                                                                                                                                               Apartado de Correos 977 - 02080 Albacete

 

Esta Web esta optimizada para visualizarse a una resolución grafica de 1024 x 768