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Antología didáctica de escritoras en la Historia

Viernes 20 de marzo de 2009, por Pilar Cabanes Jiménez

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Trabajo publicado con la expresa autorización de su autora para Ciudad de Mujeres


Introducción

Si alguna mujer aprende tanto como para escribir sus pensamientos, que lo haga y que no desprecie el honor sino más bien que lo exhiba, en vez de exhibir ropas finas, collares o anillos... (Cristina de Pisán)

El papel de la mujer como literata ha sufrido una majestuosa transformación en los dos últimos siglos. A lo largo del siglo XX y en el XXI, asistimos a la entrada masiva de la mujer en el ámbito literario. Esto se debe a una serie de transformaciones de índole social, económica e ideológica como, por ejemplo, los adelantos tecnológicos, el aumento de la clase media, la reivindicación de las minorías, las revoluciones políticas y los movimientos feministas. Sin embargo, siglos atrás, la mujer lo ha tenido muy difícil para incursionar en el ámbito literario.

Pero, pese a las restricciones impuestas por su condición genérica, ha habido mujeres que se han enfrentado a su época y han tomado su pluma en honor a la creación literaria. Estas mujeres escritoras constituyen una excepción dentro de un mundo cultural adscrito a los varones. Y es que la escritura no se encontraba entre las tareas asignadas a éstas. La mujer ideal debía dedicarse a desempeñar las labores de esposa y de madre; o bien, dedicarse al mundo conventual. Su existencia no tenía, pues, valor en sí misma, sino que estaba subordinada al otro: el marido o Dios.

La sociedad educaba a la mujer para desempeñar papeles eminentemente pasivos: casamiento, gestación, parto, lactancia. En el matrimonio no tendía a buscar, sino a ser buscada. La fecundación, el parto y la lactancia, le venían dados. La actividad femenina consistía en recibir y aceptar. Hechos estos muy distintos a la decisión personal de ponerse a escribir, escoger el tema, el género, decidir y elegir. Otro asunto que debemos tener en cuenta es la imagen que ha ofrecido el hombre de la mujer en sus creaciones literarias, esto es, la imagen de la mujer como objeto.

La imaginería popular plasmó una figura de la mujer distorsionada, irreal y tendente a los extremos. Ésta aparece representada como un ángel o un diablo, como la madre de Dios o la tentadora y perdedora del hombre. Se trata de una valoración simplista, parcial, en la que entran en juego dos rasgos sumamente conflictivos, la maternidad y la sexualidad, de los que se derivan dos tipos de mujer: la prostituta y la madre.

Por otra parte, hemos de tener presente un dato esencial que puede darnos la clave de esta visión tan simplificadora: La mayoría de los escritos plasman el punto de vista masculino. Y, detrás de muchos de los textos en los que se alza la voz de una mujer, encontramos un varón, que ha adoptado una personalidad ficticia. Con palabras de J. E. Ruiz Doménec, la mirada masculina recorre con cuidado los rasgos femeninos. Los clasifica. Piensa en ellos con intensidad. No pregunta, sin embargo. Ella permanece en silencio, a la espera de algo.

La conquista de la figura de la mujer como un ser original, único, no supeditado al hombre, a la procreación, tardará muchos siglos en llevarse a cabo con éxito. La aceptación de que no existe la mujer, sino las mujeres individuales; y de que no existe un modelo femenino sino multiplicidad de imágenes. El concepto género, esto es, los patrones que cada cultura ha adjudicado a los sexos masculino y femenino, han actuado en perjuicio de ambos. No debe haber papeles eminentemente masculinos o femeninos, sobretodo si sitúan en una condición de desigualdad a uno de los dos sexos. Se impone, como apunta Lucía Etxevarría, una reflexión madura y una recreación del concepto de género, que nos lleve a hombres y a mujeres a ser más libres:

No hemos venido a proclamar la lucha de sexos, sino a abrir un debate acerca de la necesidad de replantear la vigencia de unos roles obsoletos sobre lo que nuestra sociedad considera femenino y masculino, que lejos de ser un producto de una tendencia natural son construcciones sociales destinadas a reforzar la separación artificial entre hombres y mujeres, una distancia creada para mantener una estructura de poder desequilibrada e injusta que nos perjudica a la postre a ambos sexos.

El concepto género debe ser algo más abierto, con sus líneas más difusas. No se deben asignar capacidades, cualidades, gustos o profesiones a hombres y a mujeres, porque los seres humanos somos diversos, complejos y únicos. En esta antología, queremos recordar a algunas mujeres del pasado y de nuestros días que tomaron su pluma y quisieron ser sujetos; que aportaron una imagen de la mujer más rica y compleja que la que habían plasmado, tiempo atrás, ciertos colectivos misóginos. Queremos hacer un homenaje a esas mujeres que ni siquiera poseían un espacio propio para escribir y que, a pesar de ello, convirtieron sus cocinas, sus buhardillas, en universos imaginarios donde todo era posible. También se lo dedicamos a esas escritoras actuales que han seguido la estela de éstas; pero que aún no han conseguido el mismo espacio que los escritores en los libros de textos.

Y es que tras la aparente igualdad perviven elementos discriminatorios. Esta antología recoge a escritoras, desde la Edad Media hasta el siglo XXI. De antemano pedimos disculpas a todas aquellas maravillosas mujeres que no aparecen en este trabajo. Toda antología es siempre incompleta y más tratándose de un proyecto que abarca un período temporal tan grande. Contiene una breve biografía y un texto seleccionado de cada autora, con diversas preguntas adaptadas para las alumnas y los alumnos de Secundaria y/o Bachillerato. Asimismo, presenta una serie de enlaces a páginas webs en las que el alumnado puede ampliar la información que les ofrecemos.

El trabajo aporta una guía didáctica (área, nivel, objetivos, contenidos, metodología y evaluación) para que el profesorado pueda trabajar con mayor facilidad el tema en cuestión. Consideramos que es un trabajo fundamental y obligado como intervención escolar para producir cambios hacia una mayor igualdad. Los libros de textos, a menudo, silencian u olvidan las creaciones de las escritoras, aludiendo a un número muy reducido y sin la misma profundidad con que tratan a los escritores. Con este trabajo pretendemos que el alumnado conozca la labor literaria de muchas mujeres a lo largo de la historia. Queremos que adviertan que aunque los libros de textos dan más cabida a los autores, la escritura no está adscrita a un género en cuestión y es cosa de todos.

La antología puede ser un complemento interesante a los libros de texto; aunque también puede utilizarse en las tutorías y en el trabajo de los temas transversales, ya que se tratan asuntos como la anorexia, la emigración, el amor, la muerte, la guerra, los géneros, etc. Y subrayamos el término “complemento” porque con este trabajo no pretendemos enfatizar la labor literaria de las mujeres relegando la de los hombres; sino dar cabida a las literatas en unas programaciones y libros de textos eminentemente masculinos.

Continúa en el PDF adjunto en el margen superior...



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