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Beauvoir en su centenario

Martes 28 de octubre de 2008, por Teresa López Pardina

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Artículo publicado con el consentimiento de su autora.

Publicado originalmente en "Utopías / Nuestra Bandera", revista de debate político, nº 212 (Vol. II/2007)

Ver "Especial Simone de Beauvoir"


A la altura del centenario de su nacimiento, parece bien traído pararse a reflexionar sobre lo que la figura de Simone de Beauvoir representa en nuestra cultura. Pocos serán los que pongan en duda la importancia de El segundo sexo no sólo para el pensamiento teórico feminista y para el feminismo militante, si es que ambos aspectos pueden separarse, sino también para el pensamiento político contemporáneo y las políticas de los gobiernos en los países democráticos. Basta con que hagamos balance de las mejoras sociales conseguidas en nuestro país en los últimos diez años para percatarnos de que nuestras libertades son más amplias y de que seguimos avanzando en el camino hacia la igualdad. Al comienzo del nuevo milenio el diario El País seleccionaba, con acierto, El segundo sexo como uno de los libros más relevantes del siglo XX. Se ha dicho de este libro que es la Biblia del feminismo, una atribución muy acertada porque, efectivamente, todo el feminismo posterior tiene en él su referencia. Incluso el más opuesto a las tesis de Beauvoir tiene en ellas su piedra de toque para discrepar. Y algunos de ellos, como es el caso de Julia Kristeva, han limado sus aristas y, aun oponiéndose a algunos de sus planteamientos fundamentales, reconocen hoy en la filosofía de Beauvoir un impulso decisivo para la libertad y la dignidad de las mujeres. Hasta el punto de que ha sido Kristeva la organizadora en París del primer congreso en conmemoración del centenario, iniciado el día 9 de Enero, fecha del nacimiento de Beauvoir, y co-presidido, entre otros, por su hija adoptiva y heredera, Sylvie Le Bon de Beauvoir, en el que se han dado cita investigadores y feministas de todo el mundo y donde se ha podido medir la fecundidad del pensamiento beauvoireano. Un pensamiento que sigue dando sus frutos, tanto en el terreno socio-político -con la institución del premio “Simone de Beauvoir pour la liberté des femmes”, patrocinado por la editorial Gallimard y otras instituciones culturales- como en el académico, donde se sigue investigando su pensamiento filosófico y feminista.

¿Cómo hacer el balance de lo que "El segundo sexo" representa para el feminismo?

Es una obra que enlaza el primer pensamiento feminista surgido en torno a la Ilustración -Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft- y el movimiento sufragista -ya en sus postrimerías cuando Beauvoir publica su obra- con el feminismo como movimiento político-social y filosófico de la segunda mitad del siglo XX, del que es, al mismo tiempo, inicio y fuente de inspiración. En El segundo sexo se encuentran planteados casi todos los conceptos y los desarrollos del feminismo posterior, tales como el de género, expresado programáticamente en la célebre frase: “No se nace mujer, se llega a serlo”; los primeros análisis del patriarcado; la función de los mitos y los estereotipos literarios de lo masculino y lo femenino en la configuración de la ideología patriarcal; la crítica de la familia (patriarcal) como núcleo de transmisión de pautas de género y de poder/subordinación; el paralelismo entre instituciones permitidas/prohibidas como formas de opresión de las mujeres (léase matrimonio/prostitución); el peso decisivo de la educación en la reproducción de los géneros, etc.

El ensayo de Beauvoir es una obra para ser pensada, un libro que provoca la reflexión, que nos habla a las mujeres de nuestras carencias, de nuestras dificultades, y nos hace reconocernos en él. Cuando su autora lo escribió, seguramente no sospechaba que lo que estaba escribiendo iba a llegar a tantas mujeres en forma de comunicación íntima y personal y de comprensión profunda de su desventurada situación en el mundo. Su libro comenzó como un proyecto de autobiografía original, directamente motivada por la lectura de Edad de hombre, de su amigo Michel Leiris, y enseguida se transformó, de preguntarse si en algo le había afectado a ella el hecho de ser una mujer, en una indagación sobre lo que supone el hecho de ser mujer en una sociedad como la nuestra. La reflexión entonces se había generalizado, y la inicial autobiografía de corte surrealista se convirtió en una investigación acerca de las condiciones que hacen posible la existencia humana como mujer. En este ensayo, la filósofa toma la delantera a la literata; Beauvoir emprende una investigación que llega hasta la raíz de la cuestión y afecta a toda existencia humana en la modalidad de género femenino. Lo publicó como un ensayo, escrito desde la perspectiva de la moral existencialista, en el que se denunciaba la opresión en que vivimos las mujeres a causa de la dominación patriarcal exclusivamente, sin que exista ningún fundamento científico ni ontológico que la justifique. La acogida que tuvo en los medios intelectuales franceses fue absolutamente negativa; todos, excepto sus amigos más cercanos y algunos de sus seguidores, lo rechazaron. Peor todavía fue la reacción de la derecha, que se escandalizó; la Iglesia de Roma, que lo incluyó en el Index librorum prohibitorum, y la izquierda comunista, que lo condenó por su crítica de la familia y de la maternidad no deseada. Fueron las mujeres, las verdaderas destinatarias, las protagonistas de la investigación, quienes apreciaron -y apreciamos- su auténtico valor. Las mujeres que se encontraron explicadas y comprendidas en el libro y las mujeres de América y Europa que le escribieron dándole las gracias por haberles explicado su situación, por haberles permitido encontrar las claves de su opresión y de su liberación. Así es como el ensayo fue cobrando, para su autora, el valor feminista que realmente tiene y como se transformó ante sus ojos de un ensayo crítico sobre la situación de las mujeres al libro de referencia de todo el feminismo posterior; el más importante ensayo filosófico del feminismo del siglo XX.

Veinte años después de su publicación surgió de su humus lo que se suele llamar “segunda ola” del feminismo -en la nomenclatura de que la primera ola es el sufragismo- o, para quienes con Amelia Valcárcel y Celia Amorós pensamos que el feminismo comenzó en el siglo XVIII, la “tercera ola”, la que coincide con el movimiento del sesenta y ocho en América y Europa. En Francia surge el MLF (Mouvement de Libération des Femmes) como movimiento político del feminismo radical y Beauvoir se hace militante. Cuando escribió El segundo sexo hablaba del feminismo en tercera persona; ahora declara: “soy feminista”. ¿A qué se debe la transformación? Ella explica que cuando escribió su ensayo sólo existía el sufragismo, un movimiento reformista con el que no se sentía identificada, precisamente por su moderación. Pero el feminismo del setenta es radical: propone un vuelco en la situación de las mujeres, y con este feminismo sí se identifica. Es, efectivamente, el feminismo de El segundo sexo y la postura de Beauvoir no ha variado. Para ser más precisa, solamente ha variado en un punto. Cuando escribía El segundo sexo tenía la esperanza de que las sociedades evolucionarían paulatinamente hacia el socialismo y tal sistema de organización social favorecería la igualdad entre los sexos. Ahora, en los años setenta, ha conocido de cerca países de “socialismo real” y ha visto que un cambio en la organización de la sociedad no es tan importante como el cambio de mentalidad que se requiere para lograr tal fin y que -expresado en la terminología de la época- la contradicción principal no es la de las clases, sino la de los sexos, que no está englobada en la primera, sino que es independiente de aquella.

Recordemos las tesis principales de El segundo sexo:

- 1) En nuestras sociedades patriarcales, las mujeres somos las “otras” con respecto a los varones, quienes son los sujetos que nos designan, los “unos”, los que detentan el poder, porque los varones son los dominantes y las mujeres las subordinadas.

- 2) La subordinación de las mujeres con respecto a los varones tiene la forma de opresión. Y la opresión es, para Beauvoir, la forma de vivir de un ser humano que no puede ejercer su libertad porque otros seres humanos se lo impiden.

- 3) Libertad es la forma de ser propia de la existencia humana, según la filosofía existencialista. No ejercer la libertad es, en esta filosofía, una degradación ontológica y moral; es quedar reducido al estado de cosa, la otra forma de ser que reconoce el existencialismo sartreano/beauvoireano, además de la forma humana de ser.

- 4) Sólo caben dos motivos por los que el ser humano no ejerza la libertad: porque renuncie a ello o porque se lo impidan. Lo primero es una abdicación personal -ontológica y ética- de la forma de ser humana, la de ser libre y creador de proyectos, la de elegir su ser. Por eso es una degradación desde el punto de vista ontológico y una falta desde el punto de vista moral. “En cualquier caso, un mal absoluto”, dice Beauvoir. Lo segundo, es opresión, porque es una degradación no querida, “una caída infligida”, según su expresión. A este segundo caso se debe mayoritariamente el estado en que nos encontramos las mujeres en las sociedades patriarcales. Es cierto que algunas están donde están por mor de la mala fe también; pero lo que está claro es que todas estamos oprimidas.

A diferencia de Sartre, Beauvoir piensa que la opresión no siempre es consentida y encuentra en la forma de vivir las mujeres la mejor prueba de ello. Explica la opresión apoyándose en el concepto de situación, que entiende de manera diferente a Sartre y que aplica también al caso de los colonizados, las minorías étnicas y los disidentes políticos. Todos somos absolutamente libres y todos, como existentes humanos que estamos en el mundo, como seres cuyo ser consiste en proyectar ser -porque somos libres- podemos ejercer nuestra libertad. Pero la situación en que se encarna la libertad, el contexto en el que la ejercemos, puede favorecer nuestros proyectos u obstaculizarlos: al prisionero su situación de preso le impide ejercer su libertad de salir de la prisión; al analfabeto, su situación de incultura le impide dedicarse a la investigación astrofísica. El mundo y los otros son los límites de mi libertad, había señalado Beauvoir en sus tempranos ensayos morales. Los otros, los varones en este caso, que en la sociedad patriarcal se erigen en sujetos ejecutores, y consideran “otras” inferiores a las mujeres, son parte de la situación que nos impide ejercer nuestra libertad. La otra parte es la cultura que ellos han elaborado -costumbres, leyes, valores, prejuicios- que nos modela como seres subordinados y nos hace creer que lo somos. Por eso en la cultura patriarcal, dice Beauvoir, la mujer es la Otra. El varón manda y elabora una cultura en la que las mujeres somos las otras, las segundas con respecto a los varones. Ellos son los primeros y los que fabrican las designaciones.

Beauvoir es una filósofa existencialista que fue elaborando sus teorías en la estela de Kierkegaard y Heidegger -lo mismo que Sartre y que Merleau-Ponty- y que escribió sus ensayos al mismo tiempo que mantenía con Sartre un fecundo intercambio de ideas y de enfoques, además de ser su consultora filosófica. Pero no es una mera seguidora de Sartre, aunque en alguna ocasión se definiese como sartreana. Por definirse tal es, en parte, responsable de las interpretaciones que algunas teóricas feministas hicieron de ella en las décadas de los setenta y ochenta. Según estas interpretaciones, la filosofía sobre la que se sustenta El segundo sexo es la filosofía sartreana de El ser y la nada, el modelo de emancipación que plantea para las mujeres es un modelo masculinista, androcéntrico, varonil (Mary Evans, Judith Okely [1] y todas las feministas de la diferencia); la trascendencia es un valor puramente masculino (Geneviève Lloyd [2] y las feministas de la diferencia); su visión de los aspectos anatomofisiológicos de las mujeres como factores que entorpecen su libre actividad humana, una distorsión androcéntrica (Evans, Okely y todas las diferencialistas). En esta misma perspectiva, se ha llegado a comentar, a finales de los ochenta y en los noventa, que su doble dependencia intelectual y afectiva de Sartre, le llevó a aplicar su filosofía -la del Sartre de El ser y la nada- en El segundo sexo cuya obra constituye su regalo de bodas morganáticas con él y con el que quiere expresarle que su filosofía la ha liberado (Michèle Le Doeuff [3]).

En la década de los noventa, muchas estudiosas empezamos a reconocerle aportaciones propias como filósofa y autonomía intelectual como pensadora, especialmente en el terreno de la ética. Con todo, hubo quienes llegaron a invertir la apreciación de la influencia filosófica en el tandem con Sartre afirmando que ella era la inspiradora filosófica de él y otras extravagancias (Kate y Edward Fullbrook [4]). Otras afirmaron que se había plegado a ser “la segunda después de Sartre” en el plano intelectual (Toril Moi [5] siguiendo a M. Le Doeuff). En fin, las valoraciones académicas oscilaban, como lo expresó con diafanidad Ingrid Galster, entre la hagiografía y el matricidio.

No obstante, con el cambio de milenio estamos asistiendo a la aparición de nuevas investigaciones y nuevos investigadores e investigadoras, que disponen también de más datos, en la medida en que han aumentado las publicaciones de su propia obra, la más interesante de las cuales es el diario anterior a 1929, que se está publicando en este año, y parece que todo esto va a posibilitar, por fin, el esclarecimiento de su obra y de su figura.

Notas

[1] Véanse, J. Okely Simone de Beauvoir. A re-reading London, Virago pioneers, 1986. M. Evans, Simone de Beauvoir. A feminist mandarin, London, Tavistock, 1985.

[2] G. Lloyd “Masters, slaves and others” en Radical Philosophy,Issue, 34, 1983 y The man of reason, Male and Female in Western Philosophy London, Routledge, 1984 y 1986. Entre las feministas diferencialistas, véanse A. Fouque, L. Irigaray, H. Cixous y J. Kristeva.

[3] Véase Le magazine littéraire, febrero 1979 y L’étude et le rouet, París, Seuil, 1989.

[4] K. Y E. Fullbrook, Simone de Beauvoir and Jean-Paul Sartre: The Remaking of a Twentieth-Century Legend. London, Harvester, 1993 y Beauvoir: A Critical Introduction. Cambridge UK Polity Press, 1998

[5] Toril Moi The making of an intelectual woman. Oxford UK & Cambridge USA, Blackwell Publishers, 1994.



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