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Christa Winsloe, el karma y la infrascripta

Miércoles 16 de mayo de 2007, por Susana Guzner

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Artículo publicado con el consentimiento de su autora


Desde hace años me persigue un sueño aterrador: atravieso un bosque nocturno con otra mujer que no conozco pero no obstante, por intuición onírica, sé que es mi amante, sé que huimos de algo o alguien y hasta huelo la amenaza del peligro sórdido y brutal en la bruma. Súbitamente nos rodean un cuarteto de desarrapados, nos apuntan con sus fusiles y lo último que recuerdo es a mi amada agonizando sobre la hierba mientras percibo nítidamente el impacto de las balas perforando mi abdomen. Caigo muerta. The End de la pesadilla.

Exactamente así murió la escritora y escultora alemana Christa Winsloe (1888-1944) a manos de cuatro partisanos franceses quienes alegaron en su defensa que ambas eran espías del Tercer Reich. Hecho radicalmente falso, porque tanto ella como su amiga y también escritora, la suiza Simona Gentet, colaboraban activamente con el maquis, figuraban en la lista de Goebbels de “autoras indeseables” y carecían de “certificado de arias” pese a serlo.

Encuentro muy llamativas algunas coincidencias entre la biografía de Winsloe y la mía propia.

Mi reiterada pesadilla, sin yo conocer su historia, es idéntica a su asesinato; huía, exilada de su tierra (como en mi caso), perseguida por los nazis (parte de mi familia judía fue eliminada por las SS), era escritora y lesbiana (más paralelismos) y si añado que fue ejecutada en julio de 1944 y yo nací tres meses después... ¿Es demasiado inverosímil suponer que “algo” trenza un hilo de oro con ambas vidas? Porque hay más.

Ignoraba su biografía hasta hace relativamente poco, pero por alguna estrafalaria cabriola de mi inconsciente esta mujer me ocupa obsesivamente como si estuviera grabada a fuego en mi mesencéfalo. Conocía, eso sí, su novela “Mädchen in Uniform”, una reescritura de la primigenia obra teatral “Ritter Nerestan” (Caballero Nerestan), posteriormente rebautizada “Gestern und Heute” (Ayer y hoy), y editada en Argentina como “Internado de Señoritas”. Fue mi primera lectura lésbica allá por mis dieciséis años, y el lírico, doliente y clandestino amor de la joven protagonista Manuela por su maestra, la señorita Von Bernburg, era idéntico al que yo sentía por mi profesora de Literatura. Singular coincidencia de tiempos y espacios, la lectura predestinada en el momento exacto.

Poco puedo aportar sobre sus valores literarios. A saber donde recaló mi manoseado libro - otra más de mis bajas de guerra y diáspora, como C.W. - para poder releerlo y valorarlo. Recuerdo, eso sí, diálogos cortos, extensas digresiones de Manuela y una atmósfera envolvente, insinuante, diciendo sin decir, medias tintas, medias palabras. “Aquello que usted llama pecado yo lo llamo la esencia del amor, que se manifiesta en mil formas diferentes”, explica la venerada profesora a su alumna... Mi corazón latía enloquecido cuando leía frases como ésta y las ponía en boca de mi propia amorosa. Finalmente la prusiana directora del internado castiga la rebeldía de su pupila con un estricto aislamiento. Desesperada, desposeída de la presencia de su idolatrada, la adolescente ve en el suicidio su única salida y se arroja por las escaleras. Sin embargo es salvada por algunas alumnas en el último segundo.

Esta es una de las diferentes versiones que la autora concibió para “Mädchen in Uniform”, publicada en Ámsterdam en 1933. En otras, Manuela muere sin remisión. También hay un beso entre ella y su maestra, unas veces en la boca, otras un casto roce en la frente, algunos fragmentos varían de una reescritura a la siguiente... C.W. se mostraba tan indecisa con esta obra como con su propia vida sentimental, atrapada en la disyuntiva de sus emociones y la estricta moral imperante. Pero a pesar de la estrechez de miras y la consecuente censura del Tercer Reich, tanto la novela como su autora obtuvieron un reconocimiento mundial inusitado para su época y temática.

Nacida en una familia de militares, desde pequeña fue recluida en un Internado para formarse como madre de futuros soldados bajo una estricta disciplina y subordinación. No obstante, Winsloe fue una de las grandes pioneras de la rebeldía contra el statu quo revelando la existencia de amores no convencionales ni políticamente correctos. A su pesar y cediendo a las convenciones se casó con un adinerado barón húngaro, aunque el matrimonio duró lo que un suspiro y al finalizar la guerra C.W. abandonó Hungría y se trasladó nuevamente a Munich donde retomó sus aficiones escritoras.

¿He dicho que “Internado de Señoritas” fue llevada al cine en dos ocasiones? La primera en 1931, co-guionizada por la autora, bajo la dirección de la francesa Leontine Sagan (y otro rizo que se riza, dado que mi madre se llamaba... pues sí, Leontina, nombre nada frecuente para una argentina de la generación del dieciséis). Los pro-nazis prohibieron su exhibición en sus territorios, censurando así la manifiesta crítica contra el sistema prusiano omnipresente y, por supuesto, su contenido lésbico. Hubo otra versión en 1958 con un reparto de lujo: Rommy Schneider y Lilly Palmer. Este último film cruzó las carteleras argentinas como una estrella fugaz pero alcancé a verlo unas nueve veces, pese a ser una versión baja en calorías y cero en materias grasas de mi libro fetiche.

Winsloe viajó mucho, escribió poco y con suerte desigual. Convivió algunos años con la periodista norteamericana y corresponsal europea Dorothy Thompson, expulsada de Alemania por orden de Hitler, y más tarde, tras varios escarceos amorosos siempre femeninos, con su última, in sensu strictu, y fiel amante, Simone Gentet.

Siguiendo a Thompson se afincó en Hollywood, donde, además de crear guiones intentó traducir al inglés su célebre “Mädchen in Uniform”, pero sus intentos por escribir en otra lengua que no fuera la inglesa fracasaron. Cansada y desilusionada regresó a Europa en 1935 y vivió entre Italia, Hungría, Austria y Alemania. Escribió por entonces “Life begins”, novela de corte autobiográfico -la historia de una escultora en busca de su propia identidad como lesbiana ante la incomprensión general- más tarde retitulada “Girl alone”. El personaje central es Eva-María. Y que vayan pasando más coincidencias, porque las protagonistas de mi novela “La insensata geometría del amor” se llaman... Eva y María.

En París concibió el guión de “Muchachas desamparadas” (Jeunes filles en détress, 1939), un film que pasó totalmente desapercibido, así como“ Passeggiera”, publicada por la Editorial para Literatura de Exilio de Allert de Lange, una novela corta nunca reeditada.

Pero si hasta ahora los indicios de una supuesta connivencia kármica entre la autora alemana y mi propia vida bien podían ser fruto del azar, mi intuición se trasmutó en certeza maravillada en la última edición de la Feria Internacional del Libro en Franfurkt. Sí, un sino potente me une a Winsloe, inútil negarlo, porque allí, en el stand de mi editorial alemana, Daphne Verlag, estaban en un puesto de honor, lomo con lomo, mi« Unberechenbare geometrie der Liebe» (La insensata geometría del amor) y... “Mädchen in Uniform” - escamoteada al olvido por mi exquisita editora Susanne Amrain -, cual si definitivamente nos hubiéramos encontrado acudiendo puntuales a una cita nunca prefijada ¡Al fin juntas!

Creo más en la causalidad que en la casualidad. Las semejanzas biográficas, coronadas con el orgullo de compartir catálogo con una autora mítica que me abrió los ojos, los sentidos y la pasión por la literatura, me reafirman en mi intuición de que una muy singular predestinación me ha unido desde siempre a ella.

Y más abundo. Estoy convencida de que, en su particular lenguaje, nuestras Eva, Manuela, María y la señorita Von Bernburg han hecho muy buenas migas. Alumna y profesora se aman libremente y las cuatro intercambian confidencias sobre sí mismas y sus autoras, ríen, festejan su libertad, bailan, brindan y conspiran imaginado otro final nada trágico para Winsloe a la par que traman el mío propio. Afinando mucho el oído he podido enterarme de sus planes. Christa morirá, ya centenaria, en brazos de su amada Simona contemplando el vuelo de las gaviotas. El círculo kármico se cerrará definitivamente merced al amor de nuestras criaturas imaginadas y mi atroz pesadilla se trasmutará en plácido sueño arrullado por el mar infinito.

Una muerte muy dulce, que diría Simone de Beauvoir.

Artículo publicado originariamente en la sección "Heterodoxia" de la web El leedor


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