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Coherencia Coeducativa

Martes 24 de marzo de 2009, por Marian Moreno Llaneza

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Artículo publicado con la autorización de la autora.


Una de las cuestiones que más impacto tiene en contra de la coeducación es la contradicción entre discurso y acción. En todos los aspectos de la educación, el currículum oculto es fundamental para entender lo que ocurre y lo que se transmite. El profesorado que no controla el currículum oculto propio y no se preocupa de transmitir no solamente con palabras sino con hechos, está cayendo muchas veces en contradicciones que afectan al aprendizaje del alumnado.

Estas contradicciones son las que más peso tienen cuando se trata de educar en valores, puesto que los valores no pertenecen al mundo de los conceptos sino al de las actitudes ante la vida. Por lo tanto, de nada sirven “sermones” bien intencionados si luego la realidad muestra un comportamiento contrario a lo predicado; quienes nos ven y nos escuchan aprenden, cuando ven una contradicción de ese tipo, que lo que se dice es mentira, que lo que es real es el comportamiento y, por lo tanto, que los valores corresponden a un mundo teórico que después se puede destrozar en la práctica.

Es cierto que en cuestión de valores hay que sentirlos y tenerlos interiorizados para poder transmitirlos, pero también es cierto que vivimos en una sociedad democrática que nos obliga, como docentes, a educar a la ciudadanía para el respeto y la libertad. Así, por muy fascista que sea un profesor o una profesora, no se le puede permitir hacer apología del fascismo en el aula. Lo mismo ocurre con la coeducación. Por muy misógino o machista que se sea, la obligación legal es la de transmitir la igualdad entre mujeres y varones y quien no lo haga así estará posicionándose al margen de la ley.

De esta forma, aparecen las expresiones políticamente correctas acompañadas de actos totalmente incorrectos para la convivencia.

Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando en el aula hablamos de la necesidad de reciclar las basuras y después nos ve nuestro alumnado tirando la basura indiscriminadamente. Con esta acción, el mensaje que estamos dando es, precisamente, el de que el reciclaje es algo que está de moda y que es correcto estar a favor, pero que no hace falta llevarlo a la práctica.

Está comprobado que tiene más peso el currículum oculto que el explicito y eso se refleja hasta en el refranero: “obras son amores, que no buenas razones”, “las palabras se las lleva el viento”, etc... Al fin y al cabo, los hechos pertenecen a la realidad, las palabras pertenecen, en muchos casos, a un mundo hipotético; sólo poniendo en práctica las propias palabras podemos ser coherentes entre nuestra acción y nuestro discurso.

En temas de coeducación, la incoherencia es muy clara; hoy en día ya no está bien visto que alguien haga gala de un machismo acérrimo, es más, el tema de la igualdad de género se ha instalado en nuestra sociedad con fuerza, gracias a los movimientos feministas y a la lucha de tantas mujeres. Así, aquellas personas que mantienen unos esquemas patriarcales muy fuertes y no son capaces de romper el esquema de poder-sumisión que siempre se ha intentado introducir en la relación hombre-mujer, pueden adoptar un mensaje perfectamente igualitario, pero actuar de forma completamente contraria; contaré aquí un caso real que pasó hace pocos años: un profesor de formación profesional había colgado en su aula un calendario con una mujer desnuda en clara pose pornográfica, cuando se le llamó la atención por ello y se le conminó a que retirara la foto, él alegó que era para animar a sus alumnos y que no veía en ello nada incorrecto y mucho menos un insulto o un desprecio a las mujeres, que él quería mucho a su madre, a su mujer y a su hija. Este profesor, por mucho que pudiera hablar a su alumnado de igualdad (que tampoco creo yo que lo hiciera) estaría lanzando continuamente la idea de que las mujeres somos un objeto de consumo sexual al servicio de los deseos del varón. Mientras siga estando el calendario en ese aula, no habrá nada que decir sobre coeducación, porque tendrá siempre mucha más fuerza esa presencia que cualquier discurso.

En este sentido, el hecho de conocer diferentes centros educativos, por razón del trabajo de asesora, me ha permitido fijarme en las coherencias o en las incoherencias que se producen a primera vista en el tema de la educación no sexista. Con este escrito no pretendo culpabilizar a nadie ni resaltar lo negativo, simplemente me gustaría hacer visible una realidad que afecta en gran medida a los logros coeducativos que podemos tener. En casi todas las ocasiones he constatado que no hay mala intención por parte de nadie, ni se trata de un boicot voluntario a la educación en igualdad, sino una falta de formación en estos temas que llevan a que las incoherencias no sean analizadas y, por lo tanto, nunca sean subsanadas.

En este artículo trato de poner algunos ejemplos que puedan ilustrar esas incoherencias de las que hablo; son ejemplos de la cotidianeidad de los centros, ejemplos que fácilmente podrían ser subsanados. Simplemente me quedaré con aquellas cuestiones que se pueden ver en una visita rápida a un centro, no entraré en cuestiones de fondo, como el proyecto educativo, el reglamento de régimen interno o las programaciones de aula, porque eso sería ya otro tema. Lo que pretendo resaltar son aquellos casos que se pueden solucionar de forma rápida y fácil. Todos los ejemplos expuestos son reales.

La mayoría de los ejemplos que encontramos a primera vista son por el uso sexista del lenguaje; éste es un tema que levanta “pasiones” y que se encuentra con muchas personas detractoras, sin embargo, es una cuestión fundamental porque como bien se sabe: “Lo que no se nombra no existe”. Así, en muchos centros educativos, las niñas, las mujeres, no son nombradas en ningún espacio público, de forma que se quedan invisibilizadas dentro de un masculino; así: “sala de profesores, bienvenidos a la biblioteca, listas de alumnos, claustro de profesores, reunión de tutores, matriculados en el centro, etc...”, es decir, que se deja de nombrar al 80% del claustro y al 50% del alumnado.

De todas formas, el uso sexista del lenguaje no es la única falta de coherencia en la educación en igualdad. Hay incongruencias que se observan a simple vista, sin tener en cuenta un estudio serio y riguroso de los materiales, libros de texto, metodologías, patios de recreo, etc. Una de las cuestiones que salta a la vista es el reparto de cargos de poder en los centros, no es posible que en un centro educativo donde se dice tener buena intención con respecto a la educación en igualdad no haya ni una sola mujer en el equipo directivo cuando ellas son mayoría aplastante en el claustro; o bien, que habiendo sólo un profesor en todo el centro, éste sea el director. Lo mismo se puede decir de una estructura que permite que ninguna de las personas que dirige un Centro de Profesorado sea mujer. En muchas ocasiones, se argumenta que es que las mujeres no queremos los puestos de responsabilidad, pero no suele añadirse que muchas mujeres no pueden acceder a unos puestos mientras en sus hogares no tengan compartidas las labores y tengan ellas que seguir llevando el peso de la supervivencia diaria familiar. Del mismo modo, tampoco es fácil acceder a puestos de responsabilidad cuando los baremos que se exigen para el acceso están directamente relacionados con la experiencia en cargos de poder, espacio ocupado tradicionalmente por varones.

Otra fuente importante para estudiar las contradicciones entre un discurso coeducativo y los hechos cotidianos son los diferentes documentos públicos de los centros; de mis preferidos son los periódicos escolares. Voy a explicar lo que me encontré a finales de curso en un periódico de un colegio de primaria. En una de las páginas, encontré una referencia a unos talleres de Coeducación que había realizado el alumnado gracias al Ayuntamiento; me alegró mucho encontrar la palabra “Coeducación” y la explicación de lo que habían hecho, en ese momento pensé que estaba ante un periódico escolar diferente, uno en el que al fin la perspectiva de género aparecía de modo explícito. Pero mi gozo en un pozo, porque en otra de las páginas encontré un reportaje del alumnado de cuarto sobre los refranes; en la introducción se dice, sobre los refranes, “Nos dan una enseñanza que nos puede acompañar durante nuestras vidas” y yo, una vez leído el artículo entero, pensé “Que no sea así, que no sea así”. ¿Por qué? Pues porque como ejemplos de refranes de diferentes países, encontramos los siguientes: “ Un hombre tiene la edad de la mujer a la que ama”, “Todos los hombres son sabios, unos antes y otros después”, “ Pajarito que no vales, a tu mamá te pareces”. ¿Para qué han servido los talleres de educación en igualdad en ese centro? ¿Realmente creen que es una enseñanza para toda la vida la que dan esos refranes? Para más escarnio, el primer refrán que nombran es el de “Quien bien te quiere te hará llorar” ¿De verdad han pensado las personas responsables de ese periódico que se puede resaltar ese refrán cuando en nuestro país sufrimos la lacra de la violencia de género de forma tan brutal? Mi opinión es que no existe una perspectiva real de educación en igualdad, que falta en los centros educativos una formación seria y sistemática que permita poner un filtro a los mensajes que, como centro educativo, se lanzan. No estamos hablando de mensajes de personas particulares, estamos comentando mensajes que salen de centros educativos en los que se supone que estamos educando a nuestra ciudadanía en valores democráticos y justos.

Es necesaria una revisión formal en los centros educativos con respecto a la Coeducación, no deberíamos seguir cayendo en contradicciones en las que el currículo oculto está diciendo a nuestro alumnado que la mitad de la población es inferior a la otra mitad. La Ley integral contra la Violencia hacia las Mujeres contempla estas cuestiones, por lo tanto, sólo es cuestión de ponerla en marcha y cumplirla.

El profesorado necesita formarse en la perspectiva de género, debe ser capaz de localizar el sexismo igual que es capaz de localizar el racismo. En manos de toda la comunidad educativa está el intento de ser coherentes desde el punto de vista coeducativo. Nuestras alumnas se merecen una educación que no las invisibilice y nuestros alumnos merecen una educación que les libre de los roles de una masculinidad mal entendida.


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