Artículo publicado con el consentimiento de su autora
La crítica de los conceptos al contrario de lo que opina Deleuze puede resultar necesariamente interesante, sobre todo si tenemos en cuenta la hermenéutica, (del griego hermeneutiké tejne "arte de explicar, traducir, o interpretar") de estos mismos y la variable posible de ubicarlos espacio temporalmente en un contexto socio cultural determinado hace que muchos de estos conceptos se muestren en la actualidad fuera de contexto, bien por pertenecer a los llamados metarelatos que conforman la estructura del entendimiento y explicación pragmática y clásica de un análisis de la sociedad desfasado. O bien por la mera necesidad de replantearlos con un fin similar que es el de la deconstrucción de los mismos para darles validez temporal y proyección de futuro. Asentando de esta manera las bases de un trabajo mucho más productivo con esos conceptos renovados y actualizados desde las nuevas corrientes del pensamiento.
Conceptos como el género femenino han variado notablemente en estos últimos años con la visibilización de nuevas identidades femeninas, que yo no dudo en llamar transitadas, y que pertenecen al universo de la construcción de las identidades y se desprenden (abandonan) la “superesfera” dogmática moderna, e incluso la postmoderna. Abandono que se encuentra justificado en la búsqueda de su justificación fuera de las corrientes conformistas y del feminismo clásico y excluyente de todo aquello que difiere de primigenia biologicidad genital femenina.
Como citaba recurrentemente Simone de Beauvoir “no se nace mujer, se llega a serlo”, no sé si presuponía que la complejidad de su celebre sentencia nos proporcionaba a los géneros transitados una explicación racional y razonada al constructo genérico, un concepto más que junto a línea de trabajo de pensadores postestructuralistas ayudaría a disertar sobre el individuo y el sujeto, los sucesos y los acontecimientos, la substancia y la esencia, en fin todo aquello que conforma la construcción del concepto renovado de “mujer”.
El concepto de mujer desde una perspectiva noética (mujer pensada, en este caso) y desde una interpretación del término “mujer” desde la interpelación homocentrista, esa “mujer” es la que muchas transexuales queremos proyectar en el tú (vosotros/as) ajeno a nosotras, es decir ser esa “mujer” es ser lo que los demás, tus interlocutores, quieren que seas. En fin una proyección normativizada dentro de los patrones clásicos.
De esta manera no pasamos de terreno de la creencia o el mito al terreno del conocimiento, un conocimiento repensado de la identidad de las mujeres transexuales. La creencia o el mito están sustentados en base a una substancia impregnada de accidentes (casualidades y causalidades generadas), que la transforman en esencia, esencia de ser “mujer”, mujer como tú quieres que yo sea. A diferencia el pensamiento crítico que considera este concepto (mujer) como algo amplio y discutible en sus múltiples variaciones de género.
Aquí podemos encontrar las diferencias reales entre el “yo mujer” universal y el “yo mujer” individual, el primero hace referencia al que debemos deconstruir y de esta manera universalizar una acepción del concepto acorde a la realidad transexual, el “yo individual” es el que debemos de proyectar de una manera independiente, fuera de los patrones tradicionales y de la “superesfera” para visibilizar en nuestro entorno personal y referencial la identidad femenina transitada de la que alimentamos nuestra necesaria existencia, existencia vital e inevitable de nuestra particularidad y realidad.
No podemos permitir el agenciamiento o apropiación por parte de los dogmas de nuestra singularidad, no podemos que se universalice de esta manera, permitiendo a los otros (tu-s) volver a generar un concepto pensado y noético de la mujer transexual, creando los tan manidos estereotipos y consiguientes prejuicios sobre nuestra construcción y existencia, permitiendo de este modo desandar el camino luchado y sufrido.
La singularidad debe prevalecer sobre la universalidad, ésta última no tiene uso dentro de los planteamientos ajenos a los grandes metarelatos del pensamiento, lineales, con principio y fin. Y así dejar paso a los microrelatos más fáciles de justificar y circulares, con principio donde tienen fin, y fin donde tienen principio, la construcción del género es un continuum y se justifica racionalmente desde la individualidad y las particularidades de cada una de nosotras.