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Detrás de los paraguas

Martes 7 de octubre de 2008, por Beatriz Gimeno Reinoso

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Como cada año por estas fechas veo las fotos del desfile del Alarde en Hondarribia y veo también como la mayoría de ese pueblo sale a la calle a demostrar que no está de acuerdo en que las mujeres puedan desfilar como los hombres. Cada año inventan algo nuevo.

El año pasado, los vecinos se pusieron unas caretas al paso del Alarde mixto, y este año la desaprobación se demostraba abriendo unos paraguas negros al paso de la compañía mixta Jaizkibel. Lo cierto es que independientemente de que se esté o no de acuerdo en que el desfile sea mixto (sobra decir que estoy de acuerdo) hay que ser muy insensible para no darse cuenta de lo que soportan esas mujeres que han decidido romper una tradición machista. Hay que ser muy insensible para no darse cuenta de que las que arriesgan son ellas (y los que desfilan con ellas) que las que son valientes son ellas (y no los cobardes que se parapetan en la acera tras paraguas abiertos), que las que se la juegan son ellas, que las que están, con su pequeño gesto, contribuyendo a cambiar las cosas son ellas; y que todos los que no ven que esas mujeres están contribuyendo a cambiar el mundo con su valor y su empeño en no amilanarse son unos ignorantes, cegados tras esos paraguas negros que les impiden ver por donde pasa la historia.

Como cada año también, el Ararteko vasco, Íñigo Lamarca ha acudido en apoyo de esta compañía mixta. No podía ser de otra manera. Iñigo es un compañero querido, Secretario General de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FELGTB) mientras yo fui presidenta; un militante comprometido con la igualdad y la justicia, y estoy segura de que siente esta causa como suya. Como suya deben sentirla todos aquellos que marchan al lado de estas mujeres por las calles de Hondarribia. Los que están detrás de los paraguas no tardarán en avergonzarse, ya no sólo de su retrógrada e incomprensible postura, sino de lo cobarde de su gesto. ¡Tienen suerte de que sus rostros no pasen a las hemerotecas, ocultos cada año detrás de una careta distinta! Los de ellas, en cambio, los de las valientes, son bien visibles, como debe ser.

Por cierto que esta semana pasada nos hemos enterado también de que el ejército va a renovar sus uniformes para las mujeres con el objeto de adaptarlos a la “morfología femenina”. A los de siempre les ha parecido pueril y ya han hecho sus gracietas. A mi me parece importante y me asombra que haya tenido que venir una ministra para que la ropa que visten las militares se adapte al cuerpo femenino. Algo tan simple y, al mismo tiempo tan elemental y tan necesario... ¿Cuánto tiempo se hubiera tardado en adaptar cualquier uniforme a la morfología masculina de haber sido al revés? Nada por supuesto. Ellas han tenido que esperar 20 años. Menos mal que vino una ministra porque si no puede que hubieran tenido que esperar otros 20.


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