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Elisabeth Badinter desnaturaliza el feminismo para combatirlo mejor

Una crítica de "Por mal camino"

Viernes 5 de mayo de 2006, por Élaine Audet

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Portafolio


Artículo traducido por Ciudad de Mujeres y cedido expresamente por la autora esta a página


Desde su publicación, “Por mal camino” de Elizabeth Badinter ha suscitado una multitud de artículos y reportajes gracias a la ayuda inestimable que le han ofrecido los medios de comunicación y que reservan, desde hace años, a los discursos antifeministas. No podrían haber estado mejor servidos.

Para E.B., “el feminismo francés actual es monolítico, esencialista y anti-hombres”. Influenciado por algunas teóricas radicales americanas, victimizaría a las mujeres, diabolizaría la sexualidad masculina y habría conseguido imponer un nuevo orden moral.

En la misma línea, la obra apuesta por el reforzamiento de los estereotipos sexuales en la infancia, la liberalización de la prostitución y acusa a las feministas de puritanismo por su presunta incapacidad para tener en cuenta las nuevas tendencias de la sexualidad.

Su estribillo: las feministas americanas han ido demasiado lejos. Si las mujeres no quieren descolgarse para siempre de los hombres, es necesario acabar con la guerra de sexos.

Así pues, “la panfletaria” condena tanto al feminismo francés como al americano. Para empezar, qué significa par E.B. ser feminista? Esencialmente es tener como objetivo ser igual a los hombres y compartir todos sus privilegios. Según ella, no hay dominación masculina sino una falta de voluntad por parte de las mujeres para afirmar su autonomía. Cuando se quiere, se puede!. Poco importa los concepto de poder y de alienación. Ella no practica ese género de filosofía!.

Desde hace tiempo defiende los valores patriarcales: toda su obra testimonia la búsqueda de una complementariedad que no cuestiona la supremacía masculina y los estereotipos de feminidad y de virilidad que considera esenciales para una construcción sana y sólida de los dos sexos.

El método del discurso y sus fuentes.

El método de “análisis” de E. B. es simple, eficaz y poco honesto. Se trata de hacer decir al conjunto de feministas, y a veces a algunas de entre ellas, representantes de una corriente mayoritaria, lo que jamás han dicho. Después, ella rebate esas contra-verdades con argumentos de peso del estilo, creedme, soy yo, E.B., quien lo dice!.

Cita a menudo estadísticas que contradicen sus afirmaciones de manera rotunda pero las disimula bajo el argumento que esgrime una y otra vez hasta la nausea y según el cual, las feministas victimizan a las mujeres y odian a los hombres.

Afirmación gratuita que se guarda bien en demostrar. Para E.B., sería una muestra de paranoia o de misandria, el hablar de una violencia específica hacia las mujeres o de un sistema, el patriarcado, perpetuándose gracias a la existencia de relaciones sexuales de dominación.

En cuanto a sus fuentes, la autora las extrae sobretodo de los medios de comunicación de amplia difusión como “Libération”, “Le Monde”, “Elle”, “L’ Express”, “Le Point”, “Madame Figaro”, “Marianne”, “New York Times”, “France 2”. Fuentes, de entre las cuales, el antifeminismo y sensacionalismo de alguna plantea serias dudas sobre el carácter científico de este ensayo.

Aunque es adjunta de filosofía y profesora en la Escuela Politécnica, E. B. no es miembro del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) ni profesora titular en una universidad. Quizá esto explique su silencio sobre las investigadoras universitarias feministas más importantes, su falta de rigor metodológico y las fuentes contestadas que utiliza en su libro.

Nada sorprende por tanto que su panfleto haya podido obtener tal eco en los medios de comunicación, que comparten los intereses de clase y la visión patriarcal del mundo de E.B.

“Por mal camino”se inscribe innegablemente en la corriente antifeminista actual y en la tendencia masculinista conservadora, revanchista, misógina y homófoba que encuentra una aliada natural en su autora.

Una violencia simétrica entre los dos sexos

El cuestionamiento que hace de la Encuesta nacional sobre la violencia hacia las mujeres en Francia (ENVEFF) es uno de los aspectos de su panfleto que más interés ha suscitado para los medios de comunicación y los antifeministas.

Esta encuesta, efectuada entre 6.970 mujeres de marzo a julio de 2000 y según Badinter, mezclaría las violencias psicológicas, físicas y sexuales con el propósito de inflar las cifras. Cualquiera que consulte el informe de la Encuesta [1] verá, contrariamente a lo que pretende la autora de “Por mal camino”, que las estadísticas de las diferentes formas de violencia están agrupadas de forma separada.

Las investigadoras y las feministas no son responsables del hecho de que los periodistas mezclen los resultados de las diferentes categorías de violencia sufrida por las mujeres.

Al explicar la metodología empleada, las investigadoras han insistido en la distinción entre las situaciones de conflictos verbales y psicológicos y la violencia física y sexual, que menoscaba la integridad del otro, así como en la existencia de un continuum en el caso de violencia conyugal.

En cuanto a la calidad científica de la encuesta, ha sido debidamente revisada, con la colaboración de un estadista del Centro nacional de investigación científica (CNRS) y avalada por numerosas personalidades científicas [2].

Pero, aún cuando E. Badinter admite “que un hombre que mata a una mujer -a menudo su mujer- va hasta el límite de un movimiento de apropiación del otro”, se sorprende sin embargo de que las mujeres no lleguen a abandonar a su verdugo! Cuando está reconocido que el síndrome de la mujer maltratada reposa sobre la destrucción sistemática de la autoestima por un continuum de violencia psicológica, física y sexual que paraliza a las víctimas.

Como ella se niega a reconocer la existencia de una violencia específica hacia las mujeres engendrada por relaciones sexuales de dominación, se repliega en el prejuicio “popular”, en absoluto demostrado por estudios científicos, según el cual la miseria social y cultural sería la causa primera de la violencia.

Sin embargo los datos estadísticos y los hechos cotidianos demuestran que la violencia hacia las mujeres atraviesa todas las clases sociales, como lo recuerda entre otros, la muerte de Marie Trintignant. Pero nada parece convencer a Mme Badinter de sus prejuicios antifeministas quien lamenta que el cuestionario de la encuesta no se haya dirigido a los hombres, lo que, según ella, nos hubiera enseñado mucho sobre los abusos de poder y la violencia específica de las mujeres. No percibiendo como una contradicción el hecho de reconocer que sin embargo los hombres son responsables del 90% de los actos de violencia [3].

La victimización feminista de las mujeres y de los hombres.

Reprocha a las abolicionistas, a las que llama “prohibicionistas”, asociar la prostitución con la violación y convertir así a las prostitutas en “víctimas absolutas”, reduciéndolas al silencio. ¿Es ignorancia o mala fe lo que la hace silenciar los numerosos testimonios de las prostitutas y de las “supervivientes” publicados en los medios de comunicación, las editoriales o internet, y que cuentan el infierno que sus autoras viven o han vivido, así como su deseo de salir de él? [4]

Badinter califica deshonesta la lucha contra esta esclavitud moderna, a escala planetaria, de “guerra contra las prostitutas”. Disfruta confundiendo deliberadamente la lucha contra un sistema de explotación patriarcal o prostitucional y una lucha contra individuos.

No ve distinción alguna entre las elecciones individuales de una minoría y las elecciones y apuestas colectivas que tienen consecuencias sobre el conjunto de la sociedad. Es auténtica mala fe asimilar, como ella lo hace, la denuncia de la violencia hacia las mujeres con la victimización de estas últimas.

Toda esta retórica que despliega tiene un fin: hacer olvidar el hecho de que los autores de violencia conyugal o de violaciones son en su gran mayoría, no “obsesivos, malvados, perversos” que transitan las calles por la noche en busca de una presa, como pretende, sino hombres próximos a las mujeres agredidas. Según ella, sólo se trataría de chiflados a los que a veces se les va la olla.

Tras esa opinión sin fundamento en la realidad, pretende que el análisis feminista de las relaciones sexuales de dominación se resuma en “la denuncia incondicional del sexo masculino”.

Aún nos obsequia con otra fábula cuando afirma que “los dos sexos se plantean como víctimas el uno del otro, algo que las mujeres denuncian alto y fuerte y que los hombres murmuran”.E.B., que ocupa un lugar de primer orden en los medios de comunicación como heredera-accionista y presidente del directorio de Publicis, cuarto grupo de comunicación mundial, tiene probablemente un oído selectivo. Bebiendo en las fuentes de los medios masculinos neo-liberales, retoma por su cuenta sus argumentos y las dudosas conclusiones de “El estado de los espacios masculinos”, artículo publicado por el magazine “Elle” [5] con ocasión del Día Internacional de la Mujer.

Hay hombres que pretenden que son sin embargo las mujeres quienes hacen la ley y ellos quienes son su víctima. El hecho de que las mujeres se conviertan en ciudadanas de pleno, provocaría en muchos de entre ellos, una “confusión identitaria”, que asimilarían a una forma de opresión.

Evidentemente, el antifeminismo, en guardia, militante se cuida bien de mencionar, que en el mismo dossier, otros hombres cuestionan la subsodicha dominación de los hombres por las mujeres.

De dónde E. B. saca la convicción de que hay muchos hombres maltratados por mujeres puesto que, según ella, los hombres maltratados sentirían vergüenza de denunciarlo y convertirse en objeto de burla.

En contra de los hechos demostrados por numerosos estudios, la “panfletaria” habla de la violencia femenina como de una realidad corriente y simétrica a la violencia masculina contra las mujeres: “Hombres y mujeres están sujetos a esta patología a que la violencia pertenece a la humanidad”.

Niega la violencia sistémica de los hombres con el objetivo de controlar a las mujeres y conservar los privilegios que continúa concediéndoles una sociedad basada en la división asimétrica de los roles y la discriminación sexual. Al igual que los violadores hacen en los procesos por violación, Badinter intenta disculpar a los hombres, invocando un argumento falaz de una época afortunadamente superada. Ella habla del “no que quiere decir sí”, del cual las feministas “puritanas” querrían negar la existencia.

«Puede que esté inscrito en la naturaleza que el hombre conquiste y que la mujer ceda a una violencia dulce», manifiesta, justificando así de antemano todos los abusos.

La domesticación de la sexualidad

Creyendo dar más fuerza a sus ataques contra la domesticación de la sexualidad por el “nuevo orden moral feminista” de las Dworkin-MacKinnon, Badinter se apoya en feministas americanas relevantes como la antropóloga Gayle Rubin, ideóloga desde los 80 de la corriente lesbiana feminista y queer [6]. Esta corriente ve las desigualdades de poder como parte integrante de la sexualidad. Esta idea ha sido retomada tanto É. Badinter como por Denise Bombardier en Québec [7].

Las diversas manifestaciones de las sexualidades minoritarias, disidentes queer han sido asimiladas rápidamente como una moda y han servido de punta de lanza para socavar la influencia del feminismo radical.

En “Coming to Power” [8], Rubin considera que las feministas están integradas en la sociedad jerárquica dominante y deben ser tratadas como enemigas.

En su último libro, “Pensar el sexo” [9], mencionado en “Por mal camino”, Rubin prosigue su apología de la pornografía, de la prostitución, del sado-masoquismo, de todas las minorías sexuales disidentes y se concentra sobretodo en la defensa de la pedofilia rechazando ver en la misma una forma de explotación sexual. Para ella, toda ley que proyecte regir la sexualidad constituye un “apartheid sexual” destinado a reforzar las estructuras del poder gobernante.

Apoyándose en la corriente queer, E.B. afirma que la prostitución, la pornografía, el sado-masoquismo, la pedofilia son solamente sexualidades diferentes que el puritanismo judeo-cristiano impide admitir y que caen bajo la férula de lo que ella denomina “el nuevo feminismo moral”

En la historia del feminismo, ha habido un momento en el que se ha elaborado una ética que rechazaba la construcción socio-cultural de la sexualidad así como la división sexuales de los roles y las relaciones de poder derivadas. Qué hay de rechazable en el hecho de proponer una ética? Contrariamente a lo que nos pretende hacer creer, lo que está en juego en el debate sobre la prostitución, no es el reconocimiento de una elección individual alternativa para vivir más plenamente su sexualidad sino el derecho para los proxenetas de traficar libremente con el cuerpo de las mujeres.

Denuncia que ese feminismo que critica el sexo de consumo y la comercialización del sexo, contribuye al renacimiento de los estereotipos sexuales que están en situación de desaparecer! La lucha por o contra la pornografía o la prostitución constituiría actualmente una apuesta mayor por la redefinición de las relaciones entre hombres y mujeres y sus libertades recíprocas.

Cita de pasada la autobiografía de las proezas sexuales de Catherine Millet, como ejemplo de una nueva sexualidad liberada de toda censura y se apresura a concluir que la noción de normalidad no existe en el campo de la sexualidad.

Christina Hoff Sommers y Katie Roiphe, citadas igualmente por E.B., son universitarias de tendencia conservadora, conocidas en los medios de comunicación americanos y cuyas intervenciones tienden a desmontar el análisis crítico de la dominación y de la violencia masculinas hacia las mujeres y apuestan por la reconciliación de los sexos en la complementaridad, partiendo de la premisa de que las mujeres ya han alcanzado la igualdad.

Susan Faludi, autora de “Backlash” ha criticado este antifeminismo militante en la revista Ms [10]. El método de Sommers y Roiphe, según dice, consiste “en emitir opiniones reductoras, erróneas y fáciles, haciéndolas pasar por ideas serias y audaces”.

Observando atentamente, se constata que no hacen investigaciones personales sino que toman el relevo de los masculinistas en sus ataques con quienes comparten el favor de los medios de comunicación.

Estas universitarias están generosamente subvencionadas por influyentes fundaciones de derecha para acusar a las feministas de acaparar el poder, de victimizar a las mujeres y de castrar a los hombres.

Se encuentra en ellas argumentos defendidos por la “panfletaria” francesa para la que serían las feministas quienes victimizarían a las mujeres, en lugar de quienes las agreden con la violación, el acoso sexual, la pornografía y la prostitución.

Toda protesta contra la violencia hacia las mujeres la asume como una declaración de guerra dirigida al género masculino.

Sin embargo, E.B. está obligada a constatar la existencia de una sexualidad trash , a menudo muy violenta donde prevalece las relaciones de dominación y de sumisión, donde el cuerpo sólo es un simple objeto de consumo. Pero el hecho de que los films X sirvan sin embargo de “cuna original de fantasmas”, mostrando habitualmente actos de triple penetración, violaciones colectivas y a veces films snuff donde las actrices pornos son realmente torturadas y asesinadas, no parece conmoverla en exceso.

Se limita a ver en ello hechos de sociedad, cada vez más normalizados y comercializados, y no valores resultantes de la estructura de dominación hombres-mujeres impregnando todos los estratos de la realidad social.

Sin embargo, más adelante, nos muestra, a propósito del intercambio, que esta realidad, pretendidamente normalizada, sólo afecta a una pequeña minoría de franceses (4%) y de francesas (1%). Y reitera que la sexualidad no debe ser domesticada por el “nuevo orden moral feminista”, que lo importante para tod@ es que las prácticas sexuales, incluso las extremas, puedan libremente salpimentarla.

A la historiadora y feminista Florence Montreynaud, que cuestiona la sexualidad machista y su vocabulario militar de conquista, le responde que “la intimidad y la ternura no son el alfa y el omega de todo deseo. La violencia de las pulsiones no es exclusivamente masculina y no conduce necesariamente a una violación. Hay mujeres que reclaman sin complejo un dominador en la cama y un socio fuera”.

Se reconocerán aquí las opiniones -que no hechos demostrados- avanzadas por la periodista Denise Bombardier para quien las feministas han ido demasiado lejos y corren el peligro de descolgarse de los hombres [11].

La vuelta al esencialismo con el velo islámico, la paridad y el instinto maternal.

Mezclando todo alegremente, E.B .convierte a las feministas en responsables de la aceptación del velo islámico en la escuela y del bombardeo del universalismo republicano. Deja caer que en nombre del relativismo cultural, habrían también ratificado el derecho a la poligamia y la ablación de las niñas. Cómo puede afirmar tales aberraciones reconociendo al mismo tiempo “el valor y las convicciones de Benoîte Groult y de algunas otras » para denunciar y exigir la prohibición de esta infamia?

Se toma el trabajo de denigrar a las feministas que han criticado ciertas de sus posiciones , rechazando por ejemplo, cuando la lucha por la paridad política, el universalismo abstracto en el que se inspira, que no es sino la máscara tras la que se parapeta el universal masculino. Ella, que no duda en apelar a argumentos esencialistas cuando le conviene, acusa a las feministas de haber utilizado este tipo de argumentos para justificar la inscripción de la dualidad de los sexos en la Constitución y permitir así a diversas categorías de la población (homosexuales, comunidades étnicas, etc) exigir a su vez la paridad política.

Una vez más, inventa un conflicto para enseguida permitirse atacar a las feministas quienes, como Gisèle Halimi ([Choisir -"La cause des femmes, Femmes moitié de la terre moitié du pouvoir" - Gisèle Halimi, plaidoyer pour une démocratie paritaire, Paris, Gallimard, 1994.]] creen que no es justo asimilar la mitad de la humanidad a una categoría. De la misma manera que la otra mitad, la de los hombres, las mujeres engloban todas las categorías de edades, de clases, de oficios, de etnias, de orientaciones sexuales, de pertenencias políticas, etc. Determinado desde hace 30 siglos por relaciones sexuales de dominación, el universalismo del cual se reclama E. B. es masculino como lo demuestra notablemente la situación en Francia donde las mujeres tan sólo ocupan un 10% de los cargos directivos. De qué democracia habla cuando excluye a la mitad de la humanidad?

Contexto neoliberal e intereses de clases.

Para comprender mejor las tomas de posición de E. B., es esencial situarlas en el contexto del neoliberalismo y de los intereses de clase precisos que defiende. Como ejecutiva una de las más importantes empresas de publicidad del mundo, no es sorprendente que no pueda considerar más que como enemigas a las feministas que denuncian el sexismo en la publicidad y en todas partes y se sitúan en la corriente altermundialista por un reparto más justo y equitativo de la riqueza.

Cuando el discurso dominante neoliberal tiene todo interés por convencer a las mujeres para que regresen al hogar y se conformen con trabajos a tiempo parcial para dejar los mejores empleos a los hombres, B. atribuye al feminismo el retorno de la ideología maternalista. Finge ignorar la apropiación del cuerpo de las mujeres por la medicina, la biotecnología y las compañías farmaceúticas que ven en ellas nuevas fuentes de ingresos, notablemente como productoras de embriones y madres portadoras, cuando no son captadas para alimentar el mercado de la prostitución.

Cuando se falsea el camino para condenarlo mejor

E.B. termina su panfleto prediciendo un callejón sin salida entre los sexos del cual, evidentemente, las feministas serían responsables. En ningún momento, se le pasa por la cabeza que los hombres deban hacer esfuerzo alguno para evitar ese punto muerto. Para ella, denunciar la discriminación y la violencia hacia las mujeres, no hace más que instigar inútilmente a los hombres y atizar la guerra de sexos. Tal es el “mal camino” tomado por el feminismo actual y la trampa a evitar bajo pena de perder en el empeño nuestra libertad y frenar la marcha hacia la igualdad. Pero no es alimentando el antifeminismo y los argumentos misóginos de los maculinistas como E.B. favorecerá la marcha hacia una sociedad no sexista en la cual las mujeres podrán libremente escoger su destino sin ser acusadas de reducir de esa manera el de los hombres.

Cuando se acaba la lectura de « Por mal camino », una no puede dejar de preguntarse la razón por la que E.B. insiste tanto en declararse feminista, si no es para confundir a sus lectores y convencer a las mujeres de que su interés debe pasar por unirse al masculino universal.

Y todo eso a pesar de las trabas abundantes en un sistema así que la imposibilitan para ello, para una representación política equitativa, de su exclusión de los puesto directivos en todos los dominios y de la persistencia de las diferencias salariales por razón de sexo. Extraña feminista, quien niega la jerarquía basada sobre el sexo y se encona en denigrar en bloque a las feministas a golpe de mezclarlo todo, de generalizaciones y mentiras, y que sólo se solidariza con los hombres con quienes se identifica totalmente esperando ser reconocida como “ hombre como todo el mundo”, en un universalismo en masculino plural.

La necesidad de escribir un panfleto, de una mala fe tan evidente, proviene posiblemente del miedo a una ola feminista poderosa que, lejos de victimizar a las mujeres, las invita a luchar unidas contra la pobreza, la injusticia y la violencia.

Pensemos solamente en la Marcha mundial de las mujeres (MMF), en el Lobby europeo de mujeres, en el trabajo de base y en las redes electrónicas de centenares de asociaciones contra la prostitución, la violación y el acoso sexual, en el movimiento Ni putas ni sumisas, en la presencia feminista en las manifestaciones por la paz y las luchas sociales fundamentalmente por la equidad salarial, el reparto del trabajo doméstico, la consecución de la paridad política y, sobre el plano teórico, en las aportaciones de numerosas investigadoras como Michèle Le Doeuff, Geneviève Fraisse, Christine Delphy, Christine Bard, Christine Fauré, Marie-Victoire Louis en Francia, por nombrar sólo a algunas.

La mayor desfachatez de este libro consiste sin duda en sostener que las feministas victimizan a las mujeres por su resistencia a las formas de opresión que ellas sufren. Son, al contrario, sus luchas las que les han permitido extender, de ayer a hoy, su autonomía en todos los dominios.

Para Pascal Bruckner, quien hace la reseña elogiosa de « Por mal camino » en el Nouvel Observateur, “han acusado a Badinter de traicionar al feminismo, pero fue el feminismo el que traicionó la causa de la emancipación, que concierne a la vez a hombres y mujeres” [12]. Sus leales servicios le han valido una tribuna segura en todos los medios de comunicación con los elogios unánimes de la crítica. Un gran riesgo el asumido, bien recompensado efectivamente!.

Publicado en Sisyphe (en francés)

Notas

[1] Para consultar el resultado de la encuesta http://www.social.gouv.fr/femmes/ac...

[2] Clarisse Fabre y Nicolas Weill, "Violences sexuelles : débat autour d’une enquête", Paris, "Le Monde", 3 de junio de 2003.

[3] Un nuevo informe de Estadística de Canadá sobre las infracciones al Código Penal de Quebec de 2002, publicado el 25 de julio de 2003, muestra que todas las categorías han permanecido estables salvo las agresiones sexuales que han aumentado un 14%. Las chicas son la mayoría de las víctimas. "Si se ha hablado mucho en estos últimos tiempos del desfase de los chicos, de su desarrollo, sería prematuro olvidar que tener menos de 18 años y ser una chica -característica de la gran mayoría de las víctimas -forma un cólctel explosivo", escribe la periodiosta Josée Boileau "Agresiones a controlar", Montreal, Le Devoir, 28 de julio de 2003

[4] Para referencias sobre testimonios de prostitutas ver: Mathieu, "Fausse route ou faux procès? Elisabeth Badinter ou la philosophie dans le bas-côté, Chiennes de garde, Paris, 23 mai 2003 : et Élaine Audet, La Prostitution : Droits des femmes ou droit aux femmes?; Montréal, 15 de septiembre de 2002

[5] "Elle", 10 marzo 2003.

[6] Queer: literalmente raro, "oscuro" pero es también un insulto homófobo que han padecido varias generaciones de no-heteros. A las reivindicaciones estructuradas esencialmente alrededor de las identidades gay y lesbiana sucede un discurso no identitario, anti asimilacionista y que le echa la culpa no solamente a la intolerancia o al heterosexismo, sino directamente a las sujeciones de la normalidad. Este resurgimiento es en parte debido al desmoronamiento de la política comunitarista, sus relaciones de poder internas que arrastran divisiones y nuevos márgenes: las "locas" en los gays, las S/M en las lesbianas, etc, todo lo que no se asemeja a la imagen normalizada de la ciudadanía americana respetable, blanca, con buena salud, físicamente atrayente y bien integrada en la sociedad de consumo. Ver: "Queer :Ce n’est pas normal !" de Sylvie Tomolillo.

[7] Denise Bombardier, "La déroute des sexes", Paris, Seuil, 1993.

[8] Gayle Rubin, " A Personal History of the Lesbian S/M Community and Movement in San Francisco ", in Samois (Eds). "Coming to Power.Writings and Graphics on Lesbian S/M", Boston, Alyson Publications 2nd Edition, 1982, p. 215 - 216.

[9] Gayle Rubin, " Penser le sexe. Pour une théorie radicale de la politique de la sexualité ", "Marché au sexe", EPEL, 2001.

[10] Susan Faludi, " I’m not a Feminist but I Play One on TV ", New York, Ms. March-April 1995.Laura Flanders, The "Stolen Feminism" Hoax: Anti-Feminist Attack Based on Error-Filled Anecdotes.

[11] Denise Bombardier, op. cit.

[12] Pascal Bruckner, Les raisons d’un succès/Contre le nouveau féminisme/Elisabeth Badinter, qui refuse de transformer la femme en victime absolue, ose défier les Chiennes de Garde, Paris, Le Nouvel Observateur, 22 mayo 2003, numero 2011


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