> Feminismos > Entrevista a Gloria BonderGloria Bonder, argentina, dirige el Área de Género, Sociedad y Políticas de FLACSO Argentina (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Licenciada en Psicología egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA), realizó sus estudios de postgrado sobre Género y Educación en la Universidad de Cambridge. Consultora de organismos internacionales, instituciones gubernamentales y ONGs de América Latina, ha desarrollado numerosas investigaciones y publicaciones en temas de género y educación, juventud, comunicación y salud de la mujer. Fundó en 1979 el Centro de Estudios de la Mujer (CEM Argentina) y fue Directora Fundadora del Postgrado Interdisciplinario de Especialización y Estudios de la Mujer en la Facultad de Psicología, UBA (1987 1998). Entre 1991 y 1995 coordinó el Programa Nacional de Igualdad de Oportunidades para la Mujer Ministerio de Educación de Argentina. Actualmente, desde el ámbito universitario que ella dirige, se llevan a cabo dos programas para Latinoamérica: Programa Regional de Formación en Género y Políticas Públicas, y la Cátedra Regional UNESCO "Mujeres, Ciencia y Tecnología"
¿Cómo ve usted desde su país, Argentina, la situación de las mujeres a nivel regional (Latinoamérica) y en concreto las consecuencias que en la vida de las mujeres han tenido las políticas de igualdad implementadas? ¿Y en el resto del mundo, qué es lo que usted más destacaría?
Cualquier análisis sobre la situación actual de las mujeres en América Latina necesita considerar, en primer lugar, las diferencias en razón de su condición económica, de etnia, de edad y de lugar de residencia (urbano/rural), entre otras. De otro modo, se realizan generalizaciones que ocultan importantes diferencias incluso dentro de un mismo país. Dicho esto, las latinoamericanas han visto afectada su posición social en las últimas tres décadas por el desarrollo de cuatro procesos interconectados. Por un lado, la creciente democratización que vivieron varios países de la Región en los 80. La recuperación de las instituciones democráticas significó una extraordinaria oportunidad para que muchas de las demandas de las mujeres se pudieran plasmar en respuestas concretas. A nivel legal, se aprobaron leyes de divorcio, contra la violencia y, más tarde, leyes que promueven la participación igualitaria de las mujeres en la política, entre otras. Asimismo, se crearon organismos gubernamentales encargados de planificar, gestionar e implementar políticas de igualdad para la mujer, proliferaron numerosas ONGs de mujeres y creció ampliamente en toda la Región un movimiento feminista amplio y heterogéneo en su composición social y posturas ideológicas. La democratización se expresó también en el plano cultural, a través de una modernización de pautas y valores que dio lugar a la posibilidad de revisar críticamente algunos estereotipos de género y hacer visibles problemas negados hasta ese entonces. Por ejemplo, la violencia doméstica, el sexismo escolar y la desigualdad en el empleo, salario y en el ámbito político. Los temas de derechos sexuales y reproductivos, mucho más controvertidos, fueron ganando espacio especialmente a partir de los últimos años de la década de los 90.
Este proceso de progresiva emancipación y participación en la vida pública de las mujeres entró en conflicto con las profundas crisis económicas de los 90. Las políticas económicas neoliberales impulsadas por los organismos internacionales y aceptadas por los gobiernos locales, como pasaporte hacia su globalización, tuvieron efectos muy negativos: implicaron un aumento dramático de los niveles de pobreza, desempleo, segmentación de la sociedad y exclusión. Todo ello incidió de manera particular en las mujeres y, en especial, en las más jóvenes, en las mayores y, por supuesto, en las pertenecientes a minorías étnicas.
En este marco, es importante resaltar que durante las últimas décadas, prácticamente todos los países de la Región han creado organismos de distinto rango dedicados a promover, coordinar y, en algunos casos, ejecutar políticas de equidad de género. Los resultados no han sido suficientemente evaluados. Algunos estudios muestran ciertos logros y también limitaciones como, por ejemplo, el escaso presupuesto con el que cuentan la rotación de personal y la falta de recursos humanos capacitados en cuestiones de género. No obstante, en muchos países se registran logros evidentes en materia de integración del enfoque de género en políticas, especialmente en el campo de la educación, del empleo y de la salud.
Es evidente que las mujeres latinoamericanas han apostado por introducir sus demandas y visiones en el aparato estatal y con ello generaron una dinámica de debates en torno a problemáticas que, anteriormente, eran ignoradas como la violencia contra la mujer, la igualdad real en la educación y en el trabajo, las opciones sexuales y la autonomía en materia reproductiva, etc. Ello ha redundado en la aprobación de leyes importantes, entre las cuales se destaca la ley sobre cuotas para la participación política de las mujeres. En algunos países, como Argentina, se aprobó una ley nacional de cuotas que establece que el 30% de todos los cargos electivos deben ser otorgados a mujeres. Esta medida cambió dramáticamente la composición del Parlamento y tuvo incidencia en la aprobación de numerosas leyes que beneficiaron a las mujeres. Otros países también cuentan con este tipo de ley: República Dominicana, México, Perú, Panamá, Paraguay, Costa Rica, Bolivia, Ecuador y Brasil, este último para las elecciones municipales. En legislaciones recientes de Bolivia, Brasil, Ecuador y Perú se reconocen la salud reproductiva y la planificación familiar como derechos humanos fundamentales. En Argentina se sancionó recientemente una ley de Salud Reproductiva y de Procreación Responsable y en México se promulgó una ley general de población. Sin embargo este es el costado más álgido y debatido con sectores conservadores.
¿Cuáles son desde su punto de vista los aspectos críticos de la globalización con respecto a la vida de las mujeres? ¿Cree usted que la causa feminista está respondiendo estratégicamente frente a la globalización?
En América Latina, el proceso de globalización se ha instalado anudado a la implementación de un modelo económico neoliberal cuyas consecuencias más evidentes han sido: la reducción del rol y la inversión del Estado en los servicios públicos esenciales y en las políticas sociales, las crisis profundas de las economías nacionales, el crecimiento del desempleo y la pobreza, la precarización de las condiciones de trabajo, la aparición y aumento de sectores de la así llamada "nueva pobreza" (personas y grupos familiares pertenecientes a sectores medios que han visto destruida sus fuentes de ingreso y perdido la totalidad de sus bienes previos), el deterioro de la calidad de los servicios públicos y el aumento de la inseguridad y la violencia urbana.
Todo ello ha afectado tanto a hombres como a mujeres pero de manera particular a estas últimas. Según datos proporcionados por organismos internacionales, en especial la CEPAL, una de las principales características de la economía de la Región es que presenta una fuerte concentración del ingreso y, por lo tanto, una gran brecha entre ricos y pobres. Según datos de la CEPAL, en el año 2003 alrededor de 227 millones de habitantes de la Región vivían en la pobreza y 102 millones eran indigentes, cifras que representaban el 44.4% y el 20% de la población respectivamente. En ese marco, el índice de femineidad de la pobreza presenta valores superiores a cien tanto en las zonas urbanas como rurales, fenómeno que se manifiesta con mayor intensidad en las mujeres de entre 20 y 59 años. Debido a las condiciones antes mencionadas, la proporción de hogares con jefatura femenina ha aumentado en casi todos los países y estratos de pobreza. Al revisar la situación de las mujeres, es preciso tener en cuenta que la pobreza no puede ser entendida solo por los niveles de ingreso. Un reciente documento sobre este tema elaborado por la CEPAL, señala que la pobreza tiene un carácter multidimensional. No es sólo un proceso social y económico sino que también posee componentes culturales y políticos que inciden en el acceso a bienes, recursos y oportunidades esenciales para el desarrollo personal y colectivo. Uno de los elementos cruciales para entender la condición de las mujeres es tomar en cuenta qué posibilidades y oportunidades tienen para ejercer su autonomía reproductiva y de elección en todos los planos. Asimismo, se debe comprobar si se valora su trabajo no renumerado y el tiempo que éste le demanda.
Además, las tasas de desempleo femenino son las mayores tanto en América Latina como en el Caribe, lo cual afecta especialmente a las más jóvenes. Ha aumentado de manera significativa la migración internacional de las mujeres latinoamericanas y caribeñas, en muchos casos asociada al tráfico hacia Estados Unidos, Europa y Japón debido a factores como la pobreza, la falta de oportunidades laborales y educacionales, la inseguridad, la violencia y los conflictos armados.
En los últimos años, los movimientos y organizaciones feministas han comenzado a ocuparse más decididamente de los procesos de globalización y sus impactos diferenciales por género. Se han realizado estudios, talleres y reuniones que se ocupan de la comprensión de este fenómeno y la elaboración de algunas propuestas sectoriales o generales para intentar revertir los efectos negativos de este proceso.
Las redes de las mujeres han encontrado un aliado inesperado en la tecnología de las telecomunicaciones. En el ciberespacio proliferan webs de mujeres. ¿Cómo puede ayudarnos la tecnología a la transformación de la sociedad, en la transformación de las sólidas estructuras patriarcales que todavía imperan en los escenarios de la toma de decisiones?
Teniendo en cuenta los problemas mencionados anteriormente, es evidente que la globalización de las nuevas tecnologías de información y comunicación (TICs) tiene numerosos aspectos positivos. Por ejemplo, favorecen la capacidad de comunicación, organización, advocacy y de participación política de las mujeres organizaciones. Estas últimas utilizan las TICs cada vez más de manera más estratégica.
Sin embargo, no podemos obviar que el acceso a estas tecnologías todavía es un fenómeno restringido a un grupo privilegiado de la sociedad. Según datos recientes, tan solo el 5% de la población de América Latina tiene acceso a las TICS, aunque tendencia va en aumento. En este plano, la brecha de género está acortando y, en algunos países, existe paridad entre varones y mujeres en el acceso.
La participación y apropiación de Internet por parte de las mujeres es todavía un tema poco tratado en América Latina, en especial en lo concerniente a cómo apropiarse de estas tecnologías para darles contenidos y orientación diferente de los patrones patriarcales y sexistas dominantes hasta el momento. Se observan algunas iniciativas que merecen atención: entre ellas, el trabajo que realiza la red de género de APC, la introducción del uso de nuevas tecnologías en el programa de Gobernabilidad y Género de la CEPAL, y la labor que desarrolla la Cátedra Regional UNESCO Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina (wwwl.catunescomujer.org) en el plano de la investigación, realización de foros electrónicos y su participación en eventos regionales e internacionales como la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información.
Nos encontramos con que la lucha por la paridad no será posible mientras perduren los esquemas patriarcales en los escenarios privados y la gestión del tiempo y del espacio público no se adapte al hecho de que mujeres y hombres trabajan dentro y fuera de casa. ¿Cómo cree usted que se puede encarar este aspecto?
La paridad total no es posible sin una democratización de espacios privados y de los vínculos intersubjetivos y en las dimensiones más intimas. Necesitamos apuntar hacia la creación de condiciones que aseguren una paridad en el acceso y usos de los bienes y recursos, así como también en la toma de decisiones en todos los planos, incluyendo las decisiones sexuales y reproductivas. Esta situación está todavía muy lejos de alcanzarse en América Latina. Por ejemplo, un estudio reciente sobre las diferencias en la distribución del tiempo dedicado al trabajo productivo y reproductivo confirma que las mujeres invierten mucho más tiempo que los hombres en actividades no renumeradas en el hogar. Ello implica que tienen jornadas mucho más largas con las consecuencias previsibles en su salud y calidad de vida. Junto con ello se señala que los hombres disponen de más tiempo para la recreación y otras actividades.
Los cambios en el ámbito privado y en las relaciones entre hombres y mujeres son de muy difícil resolución ya que apuntan al corazón más profundo de las relaciones de poder. Es evidente que algunas políticas sociales que alivian las tareas reproductivas, como, por ejemplo, guarderías, servicios de cuidado de ancianos y enfermos ofrecido por el Estado, etc. podrían aliviar esta situación. Sin embargo, esto no va al nudo de la cuestión, se requieren cambios más profundos y, a largo plazo, en las subjetividades de varones y mujeres, en sus deseos, placeres y formas de satisfacerlos.
En la sociedad occidental se produce una violencia simbólica contra las mujeres mayores de hondo calado. ¿Cómo podemos abordar este asunto desde el punto de vista político y personal?
Efectivamente, las mujeres mayores sufren una situación de desprotección como resultado de múltiples y sucesivas desigualdades que las han ido afectando a lo largo de sus vidas en el plano laboral. Hoy en día tienen otra desventaja, ocasionada por los efectos de las reformas en los sistemas de pensiones de América Latina. En muchos casos, estas modificaciones estuvieron ligadas a procesos de privatización y han provocado que las mujeres mayores obtengan menores ingresos en concepto de jubilación que los varones.
Los montos de las pensiones continúan siendo insuficientes para garantizar la calidad de vida de las personas adultas mayores e incluso para mantenerlas fuera de la pobreza. Sería necesario que se implementen políticas sociales focalizadas en este grupo de edad, pero con la condición de que eviten el condenarlas a ser receptoras de un subsidio mínimo, casi una limosna y, en cambio, logren integrarlas a los circuitos sociales potenciando diversas capacidades en beneficio de su comunidad.
Más allá del llamado “feminismo institucional", existen numerosos ámbitos donde el abordaje de género es imprescindible: la empresa, la universidad, los medios de comunicación, la publicidad... ¿Me puede detallar su visión al resecto, así como programas interesantes que se estén realizando en Argentina y Latinoamérica?
En América Latina las concepciones feministas han incidido en muy diversos ámbitos además del Estado, especialmente en la cultura y en la educación universitaria. En la mayoría de los países de la Región existen Programas de Estudios de la Mujer y/o de género que realizan importantes contribuciones a la investigación, la educación y la concienciación de la comunidad académica y de la sociedad en su conjunto. Existe una Red de Programas de Estudios de Género de universidades latinoamericanas que se reúne periódicamente y se producen numerosas publicaciones y encuentros que han ido fortaleciendo este campo de conocimientos y de acción política. No obstante, siguen siendo programas relativamente marginales al conjunto de la oferta académica y de investigación de las universidades y todavía no han logrado incidir plenamente en la "corriente principal” de las distintas disciplinas.
Respecto de los medios de comunicación y, en especial, de la publicidad, deseo destacar una iniciativa que venimos llevando a cabo desde 1998. Es el Premio a la Publicidad No Sexista en Iberoamérica. Se otorga anualmente en el marco del importante Festival iberoamericano de la Publicidad que se realiza en Buenos Aires. La permanencia de esta iniciativa y su coordinación con otras medidas, está permitiendo generar lentamente un proceso de visibilización y de cuestionamiento del sexismo en los anuncios publicitarios y una mayor propensión de los publicistas a evitar caer en estos clichés. Complementariamente, se realizó una campaña en escuelas secundarias de cinco países denominada Ojos que ven corazón que siente, con el fin de incrementar la capacidad de los estudiantes para el análisis crítico de la publicidad, desde el punto de vista del sexismo.
Por último, y ya en plano de la preparación de recursos humanos que puedan incidir más profundamente en los cambios que están pendientes, quiero mencionar brevemente un programa que estamos desarrollando desde el Área Género, Sociedad y Políticas, (FLACSO Argentina). Se trata del Programa de Formación en Género y Políticas Públicas, que se inició en el 2001 como un Diplomado Superior en Género y Políticas Públicas y que puede tomarse íntegramente por Internet donde se ofrecen diversas opciones a nuestro alumnado como la maestría virtual en género y políticas públicas, o el diplomado y seminarios específicos en áreas como Educación, Economía y Trabajo. Se puede explorar en www.prigepp.org
Este es un logro que nos enorgullece y compromete a futuro. Demuestra que la demanda de equidad entre los géneros está vigente en nuestras sociedades y que existen nichos desde los cuales desarrollar diálogos y trabajos cooperativos con diversos sectores de la sociedad en pos de cambios sustantivos guiados por la democracia, la justicia y el respeto por la diversidad.