Lunes 5 de junio de 2006, por
Artículo publicado con el permiso del Colectivo Feminista Lanbroa y de Vindicación Feminista
Nuestra línea de crítica a la prostitución organizada se basa en los siguientes argumentos
Valores que practican las mujeres en la prostitución
Conocido es, que casi el cien por cien de las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen desde la miseria económica. Y tras la dureza de este dato se esconde un valor positivo practicado por las mujeres. Ellas, saliendo por encima de toda opresión a la que se han visto sometidas, han sido capaces de buscarse la subsistencia. Es la búsqueda de diferentes formas de salir de la miseria a la que les aboca este modelo de organización social patriarcal.
La mayoría de las prostitutas defienden con uñas y dientes la dignidad de su cuerpo. Por paradójico que parezca a quienes las miran con inconfesables recelos, ellas suelen expresar la aceptación de las reglas de juego del comercio sexual y la repulsa o denuncia de lo que significa abuso de poder de los clientes. Al ejercicio de la prostitución llegan también muchas mujeres desde las adicciones, ansiedades o diferentes presiones familiares y sociales. Y esto pone de relieve una vez más, la dependencia económica de las mujeres respecto a los hombres y a las fuentes de economía creadas por ellos.
Igual que para los hombres, para ellas, la miseria sexual, es uno de los orígenes del camino que les conduce a la prostitución.
Valores que practican los hombres en la prostitución.
Aún teniendo en cuenta el diferente perfil de los hombres puteros los valores que practican son en su mayoría comunes. Todos ellos manifiestan estar habituados a experiencias pobres de placer sexual. Expresan su falta de libertad para expresarse sexualmente. Siempre han pensado que la relación sexual es algo reducido solamente a lo genital, identifican el pene como único órgano sexual y el orgasmo de segundos como si fuera la máxima o única reacción de placer sexual. Viven en soledad, aunque estén rodeados de personas, metidos en el barullo del gentío o inmersos en múltiples relaciones laborales. Muestran una extrema carencia de recursos personales para identificar los propios sentimientos, para expresarlos con palabras y con el cuerpo, para comunicarse, para escuchar y para interesarse por otra persona. Su falta de autoconocimiento, autoaceptación, son la base de su fatua prepotencia y de sus atrevimientos.
Ellos son responsables del comercio sexual que practican, en cuanto que se aprovechan de la situación de pobreza de las mujeres.
La teoría feminista y el sector más radical del Movimiento Feminista, siempre han hecho crítica de la doble moral, del puritanismo, del oscurantismo con que se ha tratado la sexualidad humana, de la estigmatización de las mujeres obligadas por diversas causas a prostituirse, de la hipocresía social que supone rechazar socialmente a estas mujeres y del uso que los hombres han hecho de las mujeres, tanto de las “esposas y madres” como de las “prostitutas”. Muchos hombres son cómplices entre ellos, estigmatizando a las mujeres que ejercen la prostitución, difamándolas, contando chistes vulgares sobre ellas, para afianzar su identidad masculina y para mostrarse mutuamente su camaradería.
Desde el feminismo, descalificamos el comercio sexual no en base a moralismos, estigmatizaciones y prejuicios, sino en base a esta crítica que hacemos desde la filosofía feminista.
Desde el feminismo coincidimos con los sectores progresistas en la critica que hacemos de la estigmatización social que se hace de las prostitutas, de la doble moral y de la hipocresía social que ello supone, la mayoría de las veces, por parte de los mismos que la mantienen de muy diversas formas. Es un análisis que al hacer una crítica a los planteamientos conservadores, aporta un cambio positivo respecto a la moral tradicional, pero no es un cuestionamiento de fondo, no es rupturista con ella, sino reformista, en cuanto que aporta una reforma crítica pero sin cuestionar de raíz el marco patriarcal que sustenta las relaciones de abuso de poder de los hombres sobre las mujeres en todos los ámbitos y por tanto, también en el la prostitución. Se mira a la realidad de la prostitución con las mismas gafas, aunque éstas sean más modernizadas.
A veces presentan a las mujeres que practican la prostitución como positivamente “transgresoras”. Las mujeres forzadas por sus circunstancias personales a prostituirse, no cuestionan el “orden” establecido, ni son mujeres que estén fuera de la norma patriarcal, sino por el contrario, participan del status en el que el orden patriarcal sitúa a todas las mujeres: el de la subordinación económica y sexual, viviendo esta misma situación, incluso en grados extremos. El sector progresista está reduciendo todo el problema de la prostitución a “la estigmatización social”. Piensan que si desapareciese ésta, no habría nada que achacar a la prostitución, pero en este caso hipotético, desde una análisis antipatriarcal, es decir, feminista, ¿aprobaríamos el actual fenómeno social de la prostitución organizada?
Desde el análisis feminista que acabamos de plantear brevemente, pensamos que la sexualidad no puede ser nunca objeto de comercio, sino voluntaria, libre y gratuita.
Nuestra confrontación no es sólo con el conservadurismo y la derecha, sino con el “orden” social patriarcal.
El análisis feminista es progresista. Pero no todo análisis progresista es feminista.
Estamos en total desacuerdo con este sector, en la crítica de fondo a la prostitución organizada: Por universal que se haya hecho el criterio “por dinero, todo vale”, nosotras no lo aceptamos como criterio de vida y de desarrollo humano. Creemos que las condiciones económicas son la base para adquirir este desarrollo, pero no el valor prioritario por encima de la dignidad y demás valores elementales indicadores del desarrollo humano personal y colectivo. Desde la cultura masculina, a partir de la venta en toda Europa del producto “la liberación de la mujer” se les ha dicho a las mujeres que no tienen que ser apocadas y estrechas para vivir el sexo. Se les han enviado mil mensajes liberales. La consecuencia ha sido generalizar el desprecio a las mujeres que se prostituyen y por extensión a todas las mujeres. Es la dictadura heterosexual de esta sociedad, donde el macho impone su deseo, en este caso, a cambio de un poco de su dinero.
Todo lo que no sea ayudar a las prostitutas en sus necesidades inmediatas, les parece una utopía imposible. Con sus acciones de voluntariado benéfico o las de los débiles apoyos institucionales, sólo se consigue paliar algunas pocas de esas graves necesidades que tienen. Pero esto, no soluciona los problemas de la prostitución organizada. Está bien este trabajo de ayuda, pero hay que ir más allá. Todo sistema dominante crea recursos para paliar la barbarie que genera. La función de estos recursos es ayudar y a la vez ser superadores de las situaciones que ha producido. Por eso, creemos, que la función de los Centros Asistenciales tendría que ser paliativa y superadora. No criticamos su tarea cotidiana. La valoramos, pero planteamos la exigencia de ir más allá.
A largo plazo:
Erradicación de la prostitución, como no necesaria para el desarrollo humano sexual de mujeres y de hombres. Y para ello, es preciso potenciar la organización social y política de las mujeres. Exigir las condiciones económicas básicas de trabajo, salario propio, etc. para todas las mujeres, en igualdad de condiciones y oportunidades. Potenciar a través de la familia, educación escolar, medios de comunicación una práctica libre de la sexualidad, vivida desde unas condiciones materiales de dignidad humana, que propicien la libre elección y el consentimiento mutuo. Potenciar también a través de estos agentes sociales la educación para la salud física y mental, a nivel personal y colectivo, la prevención de todos aquellos comportamientos que perjudiquen la salud y la responsabilidad en la creación de condiciones que produzcan salud. Presentar social y culturalmente y vivir cotidianamente, un modelo de sexualidad no sexista. Empezar desde ahora a revolucionar el sistema de valores que rige la actual sociedad de mercado, no aceptando la prioridad del valor económico por encima de los valores personales de dignidad y libertad. Trabajar desde el presente por conseguir una consideración social de las mujeres, niñas, niños, como personas libres y no como mercancía. Exigir a la televisión y demás medios de comunicación que elimine toda imagen de relaciones sexuales que sea androcéntrica (centrada en el hombre) y discriminatoria para las mujeres y personas en general. Exigir que el poder judicial legisle la prostitución como una conducta aberrante por parte de las personas que usen a otras en el comercio sexual. A corto plazo, remitimos a las medidas que proponemos en nuestro estudio :
Medidas económicas:
Medidas jurídicas
Medidas educativas
Medidas en los Medios de comunicación
Medidas por parte del Movimiento Social alternativo
Medidas Institucionales:
Las medidas ya exigidas desde las Asociaciones de apoyo a las prostitutas.
María José Urruzola Zabalza (Colectivo Feminista Lanbroa)
Publicado en Poder y Libertad, Nº 34. Monográfico sobre la prostitución.