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La salud de las mujeres en el climaterio

Jueves 4 de mayo de 2006, por Isabel Ruiz Pérez, Juncal Plazaola Castaño

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Los problemas de salud asociados al climaterio no fueron una preocupación para la sociedad hasta mediados de este siglo. A pesar de que la menopausia y los sofocos ya eran conocidos por los egipcios, muy pocas mujeres vivían lo suficiente como para llegar a experimentarlos.

  Los datos del Instituto Nacional de Estadística dicen que para 2005 la población mayor de 65 años será un 17,3% y la esperanza de vida para las mujeres se situará en los 81,2 años. Esto significa que la mujer de nuestro entorno social pasará casi la mitad de su vida sin menstruación, en una etapa posmenopáusica. En estas circunstancias, cualquier tema referido al climaterio afecta a millones de mujeres, y esto determina unas extraordinarias implicaciones sociales, políticas y económicas que van más allá del ámbito sanitario y que debemos tener en cuenta.

  La menopausia ha venido siendo considerada, por una parte, como el origen de una gran morbilidad física y psíquica y, por otra como factor de riesgo para una mortalidad precoz consecuencia de patologías crónicas como cáncer, osteoporosis, o agudas como las enfermedades cardiovasculares.  

De la gran cantidad de síntomas físicos y psíquicos que se han asociado a este período de la vida de la mujer, sólo los vasomotores y la atrofia vaginal pueden considerarse relacionados con el déficit estrogénico subyacente. El resto de síntomas, o tiene la misma frecuencia que en otras edades, o debe atribuirse a otras circunstancias.

  No hay que olvidar que la menopausia ocurre en un período donde muchas mujeres están experimentando cambios en sus roles sociales, en sus responsabilidades y en sus relaciones. En esta transición del ciclo de la vida, la menopausia no puede ser vista meramente como el final de la menstruación, ni tan siquiera solamente corno un aspecto del envejecimiento, sino que necesariamente nos conduce a un discurso donde aparece el género y la especificidad de los roles sociales asociados a la mujer de mediana edad.

  En una sociedad donde la juventud y la belleza son sinónimos de éxito, de inteligencia y de futuro, ¿qué lugar queda para la mujer clímatérica inmersa en un proceso de envejecimiento?

  Tampoco debemos olvidar que, dado que estos roles cambian a lo largo del tiempo, los tópicos referidos al climaterio deben ser continuamente revisados para entender la salud de las mujeres en esta etapa de la vida. Así, por ejemplo, el "síndrome del nido vacío", descrito tradicionalmente como un acontecimiento asociado a la edad posmenopáusica, ha dejado de constituir un hecho necesariamente vinculado a estos años ya que, entre otras razones, ni las mujeres son madres en la misma proporción que hace años, ni los hijos e hijas abandonan el hogar a la misma edad y ni siquiera en la misma medida que antes. Igualmente, los conceptos de juventud y vejez también han cambiado notablemente. No cabe duda de que hoy día una mujer de 50 años es una mujer joven, a pesar de que tan sólo hace tres décadas esto no fuera así.  

Otro aspecto muy debatido es si el hecho de tener expectativas negativas en torno a la menopausia puede conllevar una peor percepción de la experiencia. Y así parece, convirtiéndose sus temores en realidad. Los mitos relacionados con los tabúes respecto a la menstruación, así como las actitudes de la sociedad hacia la fertilidad y al envejecimiento, han generado una imagen de la menopausia fuertemente asociada al declinar físico y emocional. Pero los estudios transculturales ofrecen ejemplos de comunidades donde las mujeres tienen actitudes positivas hacia la menopausia y donde los  síntomas son escasos.

  También el fenómeno de la menopausia se ha asociado a un mayor consumo de psicofármacos y uso de servicios sanitarios. Está constatado que las mujeres realizan un consumo más elevado de psicofármacos que los hombres, y que existe una asociación entre envejecimiento y consumo, incrementando éste con la edad, pero no hay datos que permitan cuantificar cuántas mujeres inician el consumo en estos años y si éste se asocia a quejas relacionadas con la menopausia. Igualmente, faltan estudios de seguimiento que permitan establecer cuántas mujeres inician consulta médica en estos años. En cualquier caso, la decisión de pedir ayuda médica no es una simple respuesta a la aparición de cambios en el estado de salud física o psíquica, sino que es un proceso dinámico influenciado tanto por las creencias y conocimientos en salud como por las características sociales y demográficas y la historia de salud previa. Existe actualmente una gran presión social que insta a la mujer a demandar ayuda médica durante este período. Una prueba de ello es que diferentes portales de salud que ofrecen información a usuarias de la terapia hormonal sustitutiva, catalogan al climaterio dentro de las enfermedades de la mujer. Esto da como resultado una excesiva medicalización de un fenómeno que precisaría un abordaje más plural e individualizado.

  En cuanto a la respuesta terapéutica que tienen estas mujeres, en un reciente estudio llevado a cabo en Andalucía se puso de manifiesto que los facultativos prescribieron algún tratamiento al 67,5% de las mujeres que les consultaron. Entre las que acudieron al médico y se les recetó algún tratamiento, la terapia hormonal sustitutiva (THS) fue la opción farmacológica más frecuente, prescribiéndose en menor frecuencia antinflamatorios y/o analgésicos, ansiolíticos y/o antidepresivos, etc.

  La THS ha venido siendo la respuesta farmacológica a la necesidad de aliviar los síntomas específicos asociados al declinar de la producción estrogénica. Sin embargo, los resultados de varios ensayos clínicos recientemente publicados, no sólo cuestionan el papel preventivo de esta terapia sino que, además, la asocian a patologías como el cáncer invasivo de mama, enfermedad coronaria, ictus y embolismo pulmonar, lo que ha llevado a suspender uno de los ensayos clínicos más importantes en este campo. Recientemente, también ha sido descartado que la THS mejore la calidad de vida de las mujeres en estos años.  

A pesar de la evidencia científica, estos resultados han generado una gran controversia en el colectivo médico, enfrentando a los defensores de este tratamiento, quienes cuestionan la validez de los hallazgos, con aquéllos que dudan de su eficacia. Pero, una vez más, el debate ha dejado al margen a la propia mujer que, en definitiva, es quien resulta susceptible de exponerse a los beneficios y a los riesgos que la terapia puede conllevar.

  La medicalización del climaterio como respuesta general para todas las mujeres obvia la influencia de todos estos factores psicológicos, culturales y sociales, y sobre todo niega la necesidad de individualizar el tratamiento, la necesidad de dar información, asumir las incertidumbres y respetar las preferencias de cada mujer.

  Publicado en la revista Meridian nº 34, 2004.


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