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Las buenas malas madres

Domingo 12 de junio de 2011, por Pilar Vicente Foronda

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Una, que intenta ser transgresora por aquello de que es artista, se plantea que ser una mala madre es darse permisos para gritar, vociferar, dar algun cachete que otro y pasar de lo que el sistema metodicamente nos pide que hagamos/seamos. El anteponer tu realidad de mujer a otras realidades, anteponer intereses individuales y personales que la dedicación y la permanente dedicación a sus hijos

Cuando esta madre deja de acoplarse al sistema y se queda con ella misma, analizando las cosas que ve y que oye a su alrededor, se da cuenta de que ser una mala madre es hacer dejación de tus deberes de responsabilidad sobre los niños y plantearte que tanto los niños como nosotras mujeres adultas y además madres, llegamos hasta donde llegamos y no mas allá. Sin embargo se nos exige permanentemente el llegar “mas allá”, la presunción de la excelencia que se nos presume a todas las mujeres.. Ellos solo tienen que ser padres. Ni buenos ni malos. Solo son. ¿Porqué nos vemos obligadas a demostrar que somos buenas madres y a ellos no se les exige ser buenos padres, sino sólo que sean buenos proveedores? Ahora ya ni eso. “Hemos conquistado el mercado laboral”.

Una buena madre debiera ser una buena niña (si, suena a trasnochado). No decir tacos, saber coser, planchar, bordar, cocinar… y hacer tartas de limón como Blancanieves para los siete enanitos. Aunque suene a Sección Femenina, seguimos intercambiando las recetas sobre el mejor bizcocho cuando el bizcocho nos importa podo o nada. Solo por la demo.

Tambien debe ir modestamente pintada, peinada y vestida. Debe acudir a todas las reuniones del AMPA, de la Dirección del cole, las que convoca la tutora y proteger a sus niños todo lo posible. Por supuesto si está en el Consejo Escolar, que es el sumum de la buena madre, debe aparentar modestia y jamás exigir lo que no se debe y para nada dar opiniones sobre lo que le parecen los presupuestos para el centro.

Una buena madre no debiera de ignorar lo que sucede en la fila que se organiza todas las mañanas para entrar a clase. Fila que es un arcano para las que no pertenecemos al club de las buenas madres. No debiera de dejar que su hijo lleve la tarea sin hacer al cole. No debiera consentir que su hijo sea ninguneado, ni maltratado por los demas. El medio utilizado para evitar esto está justificado por el fin. Miente, traiciona, manipula… sobre todo a las otras madres. Claro… que tampoco debiera culparse por ello. Una buena madre no debiera considerar maltrato lo de: “quien se pela se la lleva”. Es algo de toda la vida. Debiera de pensar que son cosas de chicos y en lugar de enfadarse, quitarle importancia. No debiera explicarle a su hijo que eso es maltrato. Violencia en estado puro. Si te dan un golpe con la mano en la nuca, te estan pegando, te maltratan. Y punto. Las buenas madres se culpan. Ad infinitum. Y las malas debieran. Si no lo hacen, son peores.

Cuando se han de llevar a cabo las labores de mantenimiento, labores que es imprescindible que alguien realice, la buena madre es fundamental. La mala madre ni siquiera dirá que lo hace. Quizá solo resuelva dandoselo a la abuela. Si los padres supieran coser botones, quizás la excelencia de las madres no tendría que presuponerse. Quizás la batalla de los sexos finalice cuando los padres enseñen a los niños a jugar a las muñecas al igual que las madres estamos enseñando a las niñas a que pueden jugar con los mecanos o los coches. Hoy por hoy vivimos un momento en el que las niñas pueden disfrazarse de caballeros medievales, pero los niños no pueden disfrazarse de damas mediavales. Esto es exactamente porque ser Ivanhoe no es vergonzante, sin embargo ser Doña Jimena o Doña Elvira o Doña Sol es exponerse a la debilidad y a la indefension y por supuesto a volver a demostrar la excelencia y la bondad. Virtudes femeninas que se les imponen a las chicas, no a los chicos.

Una buena madre debe ser bondadosa, no puede ser mala.

Una buena madre debe ser hacendosa, no puede dejar nada sin hacer para mañana.

Una buena madre no debe priorizarse, toooooda la familia está primero. El bienestar del hogar antes que el propio. ¿No habiamos superado lo del espacio privado/público?.

Y tambien está el futbol. El futbol es el gran integrador de los niños. Enseña a cumplir las normas. A compartir. A respetar a los adultos que se reflejan en la figura del entrenador. A superar el esfuerzo fisico y derribar limites personales. Pero…¿si en tu casa no hay aficionados al futbol? ¿si tu madre y tu padre pasan de pasarte la afición al futbol?. Peor todavia: si tu madre es una mala madre y te descalifica porque te gusta el futbol. Ahí el niño está perdido y tú con él. Vives su fracaso en el futbol como un fracaso personal propio. Te culpas y acusas por no haberte ido con él, como hacen las buenas madres, cuando era pequeño a algún lugar apartado a darle patadas al balón y enseñarle a “relacionarse” con los demás a las escondidillas. Tú, desconocedora de que las normas no las pones tú, partes de la base que si se relaciona bien contigo se relacionará bien con los demás. Cuando caes en la cuenta de que no es así, evidentemente, tu niño, él de tus entretelas, ya tiene fama de no querer integrarse, ya es el “distinto” y ya se le está aislando. A ese aislamiento, que tu denominas acoso escolar o bullying, los y las demás adultos le denominan “desinteres por los juegos de grupo”.

Si a pesar de ello, encuentra a otros “distintos”, que siempre los hay, estos siempre estaran haciendo lo que no deben, porque lo que deben hacer los chicos de su edad es jugar a la pelota, al futbol. No pueden cavar la tierra para hacer un subterraneo porque se “ensucian” y además hacen agujeros en el suelo. Está claro que el futbol es un deporte limpio y hacer agujeros en el suelo no. Pero yo soy una mala madre porque me parece mucho mas interesante hacer agujeros en el suelo que competir por una pelota. Sin embargo, aun siendo mala madre, que no puedo evitar serlo, si lo que considero un problema es que asumo sus fracasos como algo personal, cuando debiera dejarles vivir su vida y asumir sus propios errores para que ellos supieran encontrar el camino. Pero… sus fracasos me duelen y sus soledades me pertenecen.

Sé que en sus vidas de adulto todo esto será una boberia y que cara al futuro no tiene importancia. Pero la realidad es que en el día a día me pesa, me duele y me quita vida. Porque a pesar de todos mis esfuerzos por racionalizar, me culpo, me culpan. El sistema se encarga de generar sinergias que hacen brotar mis mecanismos de culpabilidad judeocristiana. Y si yo lo los sacara, ya asomarian sus tentaculos por algun otro lugar: No soy una buena madre, es evidente.

Ellos, lxs niñxs, lxs hijxs, logran sus herramientas. Generan una especie de doble personalidad a través de la cual en casa cumplen unos parámetros y con sus colegas otros. Quizás por esta via solucionen. Quizás por esta via se den cuenta de que no hay paradigmas. O que hay tantos que finalmente no hay ninguno. Quizás le genere la misma valoración crítica que me ha generado a mi la filosofía feminista. Quizás…

Le pregunto a mi hijo David que tal madre considera que soy. Le pido que me defina. Tiene 14 años. Nunca me va a ver con mas limpieza que ahora. Me dice: “Que soy cabezota, persistente y un poco gruñona”. Creo que no le parezco mala madre y sobre todo, creo que soy la única madre que tiene. Encuentro un poco de consuelo. De triste consuelo. Ultimamente he perdido la costumbre de escribir. Yo que antes lo hacia casi todos los dias. La he perdido porque se me ha creado un vacio existencial debido a la crisis, la edad y la maternidad combinados.

La crisis ha hecho que en mi taller se acumulen los bocetos para monumentos públicos sin que nadie los quiera. La edad y la maternidad hacen que cada vez me cueste mas crear en solitario. Me siento cansada y bastante frustrada por el hecho de vivir mi creatividad de un modo absoutamente aislado. De motivación me tengo a mí. A mi y a mis escasos éxitos que me dan la medida de mi calidad. No obstante, de crisis y maternidad podriamos escribir otro artículo más adelante.

Para terminar, la cultura transmitida desde los medios nos incide en las malas madres, genera nuevos arquetipos recogiendo la visión de nuevas maternidades que se va generando. Como ejemplo dos peliculas: la de la factoria Disney, “Enredados”, tiene el siguiente monólogo generado por una madre visible que finalmente no es madre: “¿Quieres salir de la torre? ¡Ay! Rapuntzel. Mirate tran fragil como un brote, un retoño nuevo de una frágil flor. ¿Sabes porque estás en esta torre?, Así es, es por tu bien querida, sabes porque aquí estás a salvo. Este día tan triste yo esperaba, dejarás el nido asi será. Pero aún no, creeme amor. Sabia es mamá. (Caderazo contra el cierre de las cortinas). Madre sabe más, óyeme atenta, el mundo exterior es cruel (muy siniestro el mundo es). Sabia es mamá (Madre sabe más), de alguna manera algo saldrá mal, lo sé. Sucios rufianes (Monstruos feos), hiedra venenosa, canibales tambien, la peste si, nubes negras (mientras sacude a su presunta hija con la fregona), hombres tambien, de largos colmillos (el hombre del saco), no, no más que me atormentas (¡que disgusto me estan dando!). Madre está aquí. Madre te protege. Un consejo te daré. Evita el drama a quien te ama. Madre sabe más. Haz caso a tu mami, sola no subsistirás. Pobre y sin casar, inmadura y torpe, entre varios te comeran. Eres una infeliz, niña descarriada, ¿no te ves? y además… ¡te sale papada!. ¡Lo digo porque te quiero!. Madre entiende bien. Madre te protege, tan sólo te pediré Rapunzel. (Ahí esta el feroz rinoceronte, ahí un asalto y agresión. Solo tu madre sabría. Yo que tan sola te he cuidado siempre. Vete ya que yo me lo merezco, y que pruebes hoy la suerte cruel, tarde será y luego vendrás.) Si la vida te castiga, sabia es mamá.”. Es un molólogo largo, lo sé. En el texto queda largo, lo sé. No obstante, en la pelicula es acompañado de música y color. Y queda creible. Finalmente esta madre de mentira se volatiliza (literalmente, cuando es cortado el cabello de Rapunzel desaparece convertida en humo) y es sustituida por otra madre muda, de ojos grandes que no hace mas que esperar y anhelar. Que jamás habla.

La otra pelicula ha sido “El cisne negro”. Maravillosa pelicula de suspense con una madre castradora que lo “sacrifica todo por su hija” proyectando sus propias frustraciones sobre ella e impidiendola vivir su vida al ritmo de : “mi mamá me mima mi mamá me ama yo amo a mi mamá”. La hija muere de algún modo fagotizada por su madre que no sabe manejar le brote sicotico que sufre su hija gracias en parte al estrés provocado por su magnifico y genial director de escena.

Qué madres nos da el cine. Qué invisibles nos hace. Qué invisibles nos hacemos.



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