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Mayo del 68 visto por Simone de Beauvoir

Martes 14 de octubre de 2008, por Alicia Puleo García

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Artículo publicado con el consentimiento de su autora

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En una autora que dedicó tantas páginas a las memorias de su vida y su entorno intelectual y político, no podía faltar una interpretación del París que quiso encontrar la playa bajo los adoquines grises (recordemos el famoso lema "sous les pavés, la plage" que resume el espíritu utópico de los manifestantes).

Las convicciones socialistas, el deseo de mostrar las a menudo penosas condiciones de vida de los trabajadores, llevaron a Simone de Beauvoir, junto con Sartre, a apoyar a los estudiantes. Asimismo, el año anterior, ambos filósofos habían participado en el Tribunal Russell, reunido en Copenhague para condenar la masacre de civiles en la guerra de Vietnam, quemados por los bombardeos de napalm. La misma indignación se encontraba entre los estudiantes del 68.

En las últimas páginas de Tout compte fait, 1972, (Final de cuentas), fiel al objetivo que se había fijado de "disolver toda mistificación, diciendo la verdad", reconstruye la insurrección como observadora que narra hechos con un tono alejado de la exaltación épica. Así, no deja de aludir a la deriva del mes siguiente, junio, a la violencia producida por grupos de extremistas armados con barras de hierro y al desorden y la suciedad de una Sorbona caótica. Sin embargo, también nos hace llegar el entusiasmo que le producía el clima de efervescencia y cambio de los primeros días en que todo parecía posible en esa Universidad abierta a la vida: "jamás, ni en mi estudiosa juventud, ni siquiera a comienzos de ese año 68 hubiera podido imaginar tal fiesta" (...) "en los muros florecían los maravillosos eslóganes inventados unas semanas antes en Nanterre" (...) "en las escaleras o en medio del patio, había grupos que discutían acaloradamente" (...) "jóvenes y menos jóvenes abarrotaban los bancos de los anfiteatros: quien lo deseaba tomaba la palabra, exponía su caso, sus ideas, sugería tareas y consignas".

Su diagnóstico final alude a la profundidad del fenómeno cuando afirma: "Los partidarios del orden sólo quisieron ver en los acontecimientos de Mayo una explosión juvenil y romántica: en realidad se trataba de una crisis de la sociedad, no de una generación".


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