Sábado 6 de mayo de 2006, por
Este artículo ha sido cedido expresamente por Les Penelopes para Ciudad de Mujeres
| Eran cinco, hoy son 20. "Hoy después de tres años de marchar juntas, podemos contar que nuestra experiencia no ha sido fácil, porque estamos en una sociedad que alienta el individualismo, el machismo y el consumismo, y nosotras elegimos juntarnos, mujeres pobres y vivir de lo nuestro." |
El grupo se crea hace tres años, y nace primeramente con la participación de las comunidades eclesiales de base que se reunían en la capilla del barrio, luego otras necesidades nos fueron juntando, será por esto de ser mujeres, de querer poder charlar de nuestras cosas, de lo que pasa con otras mujeres, y por la necesidad económica que nos castigó a todas estos últimos años. Al principio éramos cinco, luego fuimos contagiando a otras mujeres y hoy somos más de veinte. Dentro de ese grupo grande hay grupos pequeños, con diferentes tareas, por ejemplo: tejido - huerta - panificación - hierbas medicinales - reciclados de prendas y el grupo específico de costura. Pero todas se capacitan juntas en corte y confección, educación popular y principalmente en todo lo referente a los derechos de las mujeres, autoestima, salud sexual y reproductiva.
El grupo de costura que fue beneficiado con la donación de la máquina y las telas es un grupo de cinco mujeres, que habitan en el barrio gaucho Rivero, un barrio donde se mezclan la clase media baja, que es aquella que aún tiene un trabajo, y la gente que hoy luego de estos últimos años ha quedado totalmente excluída del sistema. Las mujeres en ese contexto son las más castigadas, porque sobre ellas ha caído la responsabilidad de ser jefas de hogar, mamás y esposas. La violencia se ha acrecentado, la desnutrición infantil y de las mujeres también, y la mala educación y la no información afecta sistemáticamente sus vidas, aquí en nuestro barrio y rodeados de toda esta realidad, nosotras soñamos con otra vida, por eso nos juntamos en este emprendimiento, no sólo para ganar un poco de dinero que nos hace mucha falta, sino que para poder demostrar y demostrarnos que estando juntas podemos cambiar la realidad y transformar nuestras vidas.
En el grupo no hay líderes ni jefes, tratamos de charlar todas en conjunto, lo que sí hay es gente que nos capacita en corte y confección y cómo llevar adelante este proyecto, las decisiones se toman por consenso, nos consideramos autónomas y nuestros maridos no querían que saliéramos de casa, pero hoy lo han aceptado. Nos reunimos en casa de Bety donde la Asociación Civil Brecha está condicionando un salón para nosotras, además de hacerse cargo de todo lo referente a la capacitación que recibimos y de los insumos que necesitamos en la capacitación. Contamos con la máquina remalladora, una eléctrica de propiedad de una de las integrantes y una máquina a pedal que Brecha aportó. En este momento no comenzamos aún la producción de prendas nuevas para comercializar, porque estamos capacitándonos con el objetivo de lograr un buen producto para tener más posibilidades a la hora de vender.
Si reciclamos ropa, para nuestras familias o las vendemos y nos repartimos el dinero, cabe aclarar que son sumas de dinero muy escasas que sólo nos alcanza para cubrir pequeños gastos. La gente en el barrio se entera por el boca a boca de lo que hacemos, y nos traen prendas para arreglar, en el verano colaboramos con los trajes de la comparsa Colibrí del barrio y al inicio del ciclo lectivo 2004, también colaboramos con la confección de los manteles del comedor de la escuela.
Se nos hace difícil comunicar nuestro trabajo, utilizamos mucho el boca a boca, y sólo nos movemos en nuestro barrio y algún barrio aledaño. En septiembre del año pasado con lo que producíamos de la huerta y del reciclado de prendas y tejido hicimos una exposición y venta en la plaza del centro de la ciudad. Compartimos esta experiencia con otro grupo de mujeres de un barrio vecino y con los productos de un emprendimiento de la CTA local (Central de Trabajadores Argentinos). Como aún no producimos prendas nuevas, no salimos a hacer propaganda, que aquí generalmente es con un volante, o visitas a las radios y la televisión y afiches en los negocios.
Sentimos que nuestro éxito es poder habernos dado cuenta de que solas en nuestras casas no concretábamos nada, que juntándonos entre mujeres podemos lograr un cambio en nuestra realidad personal y familiar. Porque nos damos fuerzas entre nosotras para enfrentar los problemas que cada una tiene, aprendimos a escucharnos, a compartir, a ser solidarias, a respetar los silencios, a no juzgar a otras mujeres (esto último fue un largo aprendizaje) y aceptar la variedad de pensamiento. Esto nos hace más fuertes para lograr el objetivo del emprendimiento, porque poder hacer y vender ropa es muy difícil en la realidad en que vivimos. Tenemos una competencia muy grande de las fábricas, y todo lo que hay en el mercado, por eso para nosotras es un logro que los vecinos nos reconozcan y nos apoyen encargándonos arreglos o reciclados de sus prendas.
Somos conscientes de que tal vez no alcancemos a comercializar a mediana escala lo que producimos, pero todo este camino que no ha sido fácil y todo lo que hemos compartido y estamos compartiendo nos ha enseñado a poder ser un poco felices con los pequeños logros de todos los días. Hoy después de tres años de marchar juntas, podemos contar que nuestra experiencia no ha sido fácil, porque estamos en una sociedad que alienta el individualismo, el machismo y el consumismo, y nosotras elegimos juntarnos, mujeres pobres y vivir de lo nuestro. Ser diferentes en este sentido porque nos reconocemos personas valiosas y hoy nos paramos y podemos hacer que el otro nos reconozca de la misma manera.
Esto para nosotras es muy importante, porque es la base para cualquier proyecto que se quiera realizar, nosotras apostamos a la capacitación y al trabajo en grupo, y esta experiencia es la que tenemos para compartir con otras mujeres.
Bety, Verónica, Marcela, Stella y Silvina Gaucho Rivero