> Violencia de género > No murieron... las mataronArtículo publicado con el consentimiento de su autora
Ayer estaba con un grupo de personas en un encuentro informal. Había un televisor encendido a la hora de las noticias, y aparece una nota acerca de Fernanda Fabiola Urzúa. Intenté poner atención a lo que se decía, pero uno de los hombres ahí presentes me distrajo con una frase: "Esa es la lola que murió en España". Casi como resorte (debo reconocer que la molestia me aflora rapidito en estos tristes días de asesinatos de mujeres), me dí vuelta y dije "No murió, la MATARON". La persona en cuestión me dice: "Bueno, lo mismo... se murió, la mataron..., como se diga da igual".
No, no da lo mismo como se diga. Fernanda tenía luminosos 15 años, dos más que mi primera hija. Era muy linda, en las fotos parecía una chica alegre, activa, independiente. Se notaba también su sensualidad. Por cierto también escuché desafortunados comentarios acerca de esas características suyas que se adivinan por la imagen y "si acaso no se lo habrá buscado". Huelga decir la indignación que tales afirmaciones también me provocaban. Ella no murió, la mató un femicida. Un perverso machista que se cree propietario de las mujeres que lleguen a cruzarse en su vida. Que enarbola la certeza del pleno derecho heterosexista. Ese del tomar para sí los servicios femeninos, de penetrar, de poseer, de hacer suyos los cuerpos de las mujeres que desean, tal vez con mejor razón de aquellos cuerpos que se le resistan [1]. Un desgraciado que no está loco, que, como tantos, siente que es su deber poner en su lugar a las mujeres que se salen del estatus que les tocó, en el lugar que el patriarcado les tiene asignados.
A Juanita Maldonado, de alegres 17 años, también la mató otro de los mismos. Los violadores que Laura Segato [2] entrevistó para sus investigaciones declaraban que hay mujeres violables y maltratables. Y por eso ahora, hoy en día, me pregunto qué características consideran los violadores y femicidas como indicativos de ser una "mala mujer", una mujer violeble, sancionable. En el reportaje de Informe Especial acerca de los femicidios de Guatemala, algunos agentes del estado señalaban que "si tenía piercings, tatuajes o sandalias, debe ser una servidora sexual..." Entonces, el crimen no se investiga. "Merecido se lo tenía después de todo." pareciera ser que se dice sin que se escuche. Una puta menos. Como siempre digo, "PUTA" es tal vez el insulto más reiterado del que podemos ser blanco. Claro que la categoría puta no aplica sólo a la trabajadora sexual. Pareciera ser que son putas desde la que se viste con ropas "provocativas", es hasta aquellas que hacen uso del derecho a su autodeterminación sexual, las que reafirman la propiedad de sus cuerpos y dicen NO.
Juanita no murió. La mataron. Fernanda Fabiola no murió. La mataron. Y no sólo quienes las violaron, estrangularon, y/o apredearon hasta acabar con sus vidas. Las mató un sistema perverso que sigue reproduciendo los valores patriarcales, que sigue pretendiendo instalar a las mujeres en los reducidos cautiverios de los modelos de feminidad imperantes. Las mataron los medios de comunicación que siguen cosificando nuestros cuerpos, que nos siguen representando como mercaderías de consumo o como las culpables de los males de la humanidad. Esos mismos medios que también nos anestesian con la venta de imágenes de sangre y violencia. Las mató y violó la carga gigantesca de prejuicios y esterotipos que, entre otras cosas, pretende hacernos creer, que cuando decimos que No, en realidad "parece ser que esta puta quiere" Y si no quiere por la buena, entonces será por la mala.
Los asesinos y violadores son los culpables directos. Los que empuñaron las armas. No tienen excusa. No hay locura temporal alguna que pueda justificar su crueldad y el abuso espantoso de poder. Pero el sistema patriarcal crea las condiciones óptimas para la conformación de esta clase de individuos. Estamos bombardeadxs por contradicciones. Por un lado nos enaltecen, nos sacralizan en cuanto madres. Por otra lado nos violentan en casi todos los planos de la existencia. Si no, recordemos la paradoja que expresan aquellos personajes públicos que se horrorizan de estos y otros crímenes machistas, y que, sin embargo, resisten cualquier intento por generar transformaciones de fondo.
La rabia me ha invadido estos días. Y eso es bueno, porque la rabia moviliza, nos hace actuar. Por eso escribo estas reflexiones. Desde la indignación. Debemos corregir nuestro lenguaje, hacer un ejercicio permanente por visibilizar y nombrar a las cosas por su nombre. Tenemos también que hacer un esfuerzo por identificar responsabilidades, por fijar las culpas en quienes cometen crímenes, y dejar a un lado como sociedad la reiterativa costumbre de andar viendo en las víctimas señales de culpabilidad.
No conozco detalles de las vidas de Juanita ni de Fernanda. Sólo lo escaso que los medios han publicado al respecto. Que una era deportista, que la otra había emigrado con su familia para mejorar su calidad de vida. Pero me las imagino como tantas chicas de su edad. Como mi hija. Me las imagino con identidad propia, con intereses y sueños, me las imagino lindas, luminosas, atractivas, inteligentes, alegres y modernas. También colonizadas por el sistema patriarcal, por cierto, como todxs nosotrxs. Me duele sentir sus muertes tempranas, y ver a través de ellas a las millones de mujeres que han sido asesinadas con crueldad por el odio misógino que hemos perpetuado y permitido como sociedad.
Esto no puede seguir pasando y tenemos que expresar la rabia, tenemos que hablar las cosas y nombrarlas como son. No dar tregua a comentarios y reflexiones minimizadoras y distractoras. Cada palabra que se diga para visibilizar el horror contribuirá al cambio. El silencio es cómplice. Tengo esperanzas en que algo lograremos al fin... eso espero.
[1] BATRES, Gioconda, (1999), “El lado oculto de la masculinidad. Tratamiento para ofensores”, ILANUD, San José de Costa Rica
[2] SEGATO, Rita Laura, (2003), “Las Estructuras Elementales de la Violencia”, Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires