> LGTB > Repensando el armario o lo privado y lo público de nuevoMartes 13 de mayo de 2008, por
Artículo publicado con el consentimiento de su autora.
Se me ha pedido que haga una breve exposición de la situación de las lesbianas en España. No voy a hacer exactamente eso porque lo cierto es que aparte de decir que la situación formal o legal es de igualdad, con el resto de la población, la situación real es de mujeres doblemente discriminadas. Y no merece la pena ir mucho más allá por conocido. La situación es que no parece haber lesbianas, fuera de las activistas, de Isabel Franc, y de algún caso más pero ninguna política, escritora, cantante, presentadora o actriz para el gran público. Nada tampoco, o muy poco, en la academia.
Quiero hacer una ponencia un poco provocativa, planteando dudas, que no certezas, poner sobre la mesa algunas cuestiones.
Creo que habría que hacer una reconsideración de la vieja concepción del feminismo -que tiene mucho que ver con nosotros- de lo privado y lo público. Ya sabemos que si dejáramos lo privado fuera del ámbito de la política, es decir, de la ciudadanía reconocida, en ésta no habría más que varones blancos, heterosexuales, de clase media, etc. Las lesbianas no hemos alcanzado en ese sentido la ciudadanía plena porque no existimos. Parte de la discriminación que sufrimos es, precisamente la negación de la existencia pública, la invisibilización, con la negación de nuestro lugar bajo el sol. Es un rechazo de la existencia legítima y pública del lesbianismo.
Con todo esto, a lo que me refiero en primer lugar es al viejo tema de la visibilidad y que está muy lejos de haberse solucionado. Si no somos visibles no existimos. Ser visible significa estar fuera del armario. Salir del armario o estar fuera significa desafiar el mecanismo social “del armario”. El armario es un mecanismo de control de la heteronormatividad que funciona que, si estás dentro seas tomada por heterosexual y si sales asumes un poderoso estigma. A diferencia de cualquier otro estigma o marca de desigualdad la nuestra puede estar oculta; eso es lo que permite que exista el armario.
Pero no sólo nosotras nos metemos o nos salimos del armario, el armario funciona para que no salgamos o si salimos, para meternos de nuevo. El mecanismo social del armario pretende evitar, mediante la violencia o la violencia simbólica, que nos visibilicemos. Hace difícil salir y cuando se sale, todo el rato funciona metiéndote dentro aunque no quieras. Por eso nunca se acaba de salir del armario.
Lo que quiero plantear es la cuestión de si a estas alturas existe el derecho político a estar en el armario o es un derecho invalidado. Lo que defiendo es que la orientación sexual no es algo privado, es social como voy a explicar. Voy a explicar, brevemente la evolución del derecho a estar en el armario o, lo que es lo mismo, a quedarse en silencio o a que te mantengan en silencio.
1- Desde los años 50 hasta los 80 en España curiosamente el primer derecho que las personas LGTB reivindican es el derecho a la privacidad. Con las leyes de MacCarthy en EE.UU y con la legislación antihomosexual en España era el estado el que quería obligarte a confesar que eras gay/lesbiana y a partir de ahí ejercer la represión. Las primeras asociaciones se configuraron en torno al derecho a no decirlo. El secreto era fundamental también en las organizaciones. Yo recuerdo cuando llegué a COGAM el cuidado que había con las listas de socios, eran alto secreto, se guardaban con cuidado exquisito. El argumento de la privacidad comienza a utilizarse para deslegitimar las leyes represivas que, al fin y al cabo, se basaban en la condena de conductas privadas. El concepto de privacidad es la base filosófica que subyace a esa despenalización. Pero hay que recordar que lo que se penaliza es la conducta.
Gradualmente la homosexualidad pase a ser una conducta legal aunque estigmatizada. Se pretende que sea el estigma el que funcione como sistema de control. Para escapar del estigma y refugiarse en el secreto comienzan a aparecer lugares de sociabilidad que permiten el desarrollo de una identidad.
2- Desde los 70 y los 80 con la crisis del sida que equipara el silencio a muerte, se ve que la garantía de la no penalización de las conductas privadas no trae aparejada la igualdad. Las personas LGTB comienzan a asociarse teniendo como objetivo no el derecho a la privacidad sino el derecho a la igualdad. Aparecen asociaciones que buscan iguales derechos, derecho a no ser penalizado por tener una determinada identidad.
El estado no busca delatar, sino que son los propios LGTB los que se autonombran. Salir del armario políticamente significa afirmar el valor de la homosexualidad El discurso de autoidentificación no solamente refleja la identidad de uno; es uno de los factores principales en la construcción de la identidad, la identidad no puede existir sin eso. Esto es aun más cierto cuando el grupo en cuestión no es visible, como ocurre con las lesbianas. En el campo de la reivindicación de los derechos LGTB la expresión es un componente de la identidad en si misma
La reivindicación de la expresión marca un nuevo punto de vista en el cual la homosexualidad no es una perversión, ni una conducta solamente, ni un estilo de vida, sino una reivindicación política. El discurso LGTB en lugar de defender conductas, defiende ideas. Lo personal se ha hecho verdaderamente político.
La identidad, sólo parcialmente determinada por la conducta, se prueba como un concepto mucho más precario y un blanco más difuso y más cambiante para la represión estatal. La identidad es difícilmente perseguible por el estado. ¿Y cómo se puede perseguir una identidad? Por su expresión. ¿Y cómo se penaliza una expresión pública en países donde la libertad de expresión está garantizada? Porque se identifica (interesadamente, por supuesto) expresión con promoción. Esto es lo que está en la base de las objeciones a Educación para la Ciudadanía y en los argumentos legales. Expresar la homosexualidad es promocionarla.
Por eso cuando el estado impone restricciones al discurso identitario -sobre la base de que promueven la homosexualidad- eso tiene múltiples consecuencias sobre la igualdad. Las consecuencias las conocemos. La confusión entre expresión y promoción es lo que hace que todavía no haya profesores LGTB, mucho menos lesbianas, ni alumnos. La persecución de la expresión trata de frenar la salida del armario.
Penalizar la expresión de la propia identidad menoscaba cualquier posibilidad de protección bajo el principio de igualdad. La supresión del discurso de identidad conduce a otra expresión obligatoria. En ausencia de un discurso de identidad se presume que todo el mundo es heterosexual. La no expresión boicotea así el principio de igualdad para lesbianas y gays. Por eso, cuando se permite que se penalice -que se armarice- a una lesbiana, a un gay- se está armarizando a todos, especialmente a las lesbianas. Los liberales afirman que las desigualdades sociales del ámbito privado son irrelevantes para las cuestiones relativas a la igualdad. Las feministas negamos eso. El impacto principal de esta consigna ha sido desenmascarar el carácter ideológico de los supuestos liberales sobre lo privado y lo público.
La privacidad sería un derecho liberal-conservador que apela a la tolerancia y que el salir del armario apela a la libertad y la igualdad y es un derecho social.
No se trata de hacer outing de lo que uno haga en la cama porque eso ni lo sabemos ni nos importa. Si alguien no dice que es lesbiana yo no se si es lesbiana. ¿Por qué sabemos que alguien es lesbiana? Porque tiene un comportamiento social como lesbiana. Y es sobre ese comportamiento social, que no privado, sobre el que hay que incidir. Se trata del derecho mío a no guardar silencio respecto a un comportamiento social que es igual que otro. Es decir, basta de acuerdos sobre el secreto. Basta de asumir el mecanismo del armario.
Es decir si hay una política lesbiana que va con su novia a todas partes y la presenta como tal, eso es un comportamiento social que no se calla en el caso de los heterosexuales, pero sí en el de los LGTB, porque el sistema lucha porque se mantenga el armario. Impone un secreto que todas asumimos que no debe ser desvelado. Esa es la base también de lo que ocurrió en el caso de Dolores Vázquez como explico en un libro que voy a publicar en septiembre. En el caso de los políticos además, tenemos derecho a preguntarle a las políticas lesbianas que no ocultan socialmente su homosexualidad, pero que no la expresan públicamente y que nadie la menciona qué piensan de los derechos LGTB etc. Si nos obligan a callarnos nos meten a todas en el armario.
No hay privacidad en el comportamiento social mientras no haya igualdad y cuando la haya dejará de tener importancia. La privacidad apela a la tolerancia, el salir del armario apela a la autoafirmación y a la igualdad.