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Teología en cuerpo de mujer

Lunes 18 de junio de 2007, por Bendecida Ruah

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Últimamente ante la situación de crisis que padece la Iglesia católica institucional, he estado pensando cómo se lo ganan a pulso.

Sin duda ya los entendidos y entendidas han hecho sus análisis históricos, filosóficos, sociológicos, etc. Quizás yo voy a ser más “maléfica”, aprovechando este apelativo que los obispos han utilizado recientemente para hablar del matrimonio gay.

Hay que ver el tiempo que pierden, cómo se nota que no tienen muchas cosas que hacer. Viven bastante poco la vida del resto de los mortales, que hemos de pagar la hipoteca, llegar a final de mes, buscar el colegio de los niñ@s, mantener el trabajo, etc.; pero nada, ellos se dedican a darnos clase de cómo es la familia, cómo han de ser las relaciones sexuales, en fin, un sin fin de normas cada vez más alejadas del evangelio. Así que ante tal trauma que tienen, mi humilde análisis apunta al problema que tiene la iglesia institucional con el sexo.

Jesús tenía una estupenda relación con las mujeres, porque las trataba por igual, en un contexto en que no era precisamente así. La iglesia institucional no sabe tratar a las mujeres, y lo único que hace es someterlas y controlarlas, mediante su planteamiento de la sexualidad, donde varones supuestamente célibes nos han de enseñar cómo vivirla, tan sublime, y mística que al final acaban matando el deseo, la seducción, la sensualidad y todo el universo del eros que envuelve la sexualidad y los deseos, y por supuesto, culpabilizando desde hace dos mil años a la mujer que encarna los deseos, la sensualidad, la seducción, y todo eso maravilloso, genial, estupendo y sagrado que Dios-Sophia ha creado.

La teología cristiana es una teología carnal, porque se encarna en una persona, Jesús, que vivió la vida con pasión, y eso le hizo optar por la justicia, los pobres, las mujeres, su vida no fue una vida de moralismo sino de pasión. La sexualidad forma parte de nuestro ser, y por ello, es una parte tan importante de la vida, a la que hay que educar, como también a las emociones, o cualquiera de nuestros potenciales, pero desde otros esquemas, no desde la moralina y el recetario, de lo que se puede o no hacer. No se puede pecar de amor, porque el pecado está en no amar. La transmisión por parte de la jerarquía de la visión de la sexualidad, es tan antievangélica como opresora, sobretodo para las mujeres. Y ni que decir, si hablamos de la orientación sexual, que sin duda, para ellos, sólo existe como homosexualidad masculina. Si tienen problemas con las mujeres, ni que decir con las lesbianas, que son invisibles, ni existen parece ser, porque claro, ser lesbiana es lo más maléfico, como mínimo.

Pues mira por donde, resulta que existen y muchas, solo que sin duda han de prescindir de las teorías episcopales si no quieren volverse locas.

Así que reivindico el derecho de amar a otras mujeres.

La ética cristiana trata de las bienaventuranzas, qué más da la orientación sexual, ¿lo importante no será, ser buena persona, ayudar a los demás, comprometerse por un mundo justo, solidario, ecológico, equitativo? Cuántas mujeres cristianas lesbianas tienen que ocultar su orientación por el tormento al que serían sometidas por parte de la jerarquía católica, sobretodo si trabajan o tienen cualquier vínculo con la iglesia, incluso de parte de sus hermanos y hermanas en la fe. Cuántas se mantienen fieles en su fe, a pesar, de una iglesia patriarcal que las margina, las ningunea y las oprime. Cuantas por su ética cristiana no abandonan.

Como reza la canción feminista “Queremos el pan pero también rosas”.

Ya va siendo hora de nombrar a las mujeres lesbianas, aún sabiendo el precio que se puede pagar por hacerlo en el mundo del “homoodio” eclesial. Muchas a lo largo de sus vidas forzosamente ocultas, de sus luchas, de sus silencios forzados, de negarles poder vivir su amor con libertad, de negar la identidad ante el supuesto siempre de la heterosexualidad, han preparado el camino a otras, a pesar del secreto, y con su sabiduría y tenacidad han contribuido a alentar a otras ante la injusticia patriarcal.

¡Enterense!, es un triunfo del amor, considerando que la cultura patriarcal y la estructura jerárquica eclesial hacen tan difícil el amor de las mujeres entre sí, que a pesar de las dificultades sociales, estructurales, culturales, religiosas,... las mujeres lesbianas sigan adelante en un mundo tan hostil. Les recomiendo el texto de 1 Corintios 13, sobretodo a los jerarcas, quizás ahí entiendan qué es el amor. La historia de las mujeres lesbianas es una historia de la que nos sentimos orgullosas, aquellas que me precedieron. Es una historia de amores prohibidos que espera ser contada con detalle. Vidas y amores de mujeres lesbianas que pagaron un alto precio por un poco de libertad y respeto, que han sido ignoradas y son nuestras madres.

Como decía al principio, la institución eclesial tiene un trauma, y mucho más con quienes transgreden la sexualidad establecida. Estas historias son historias sagradas donde muchas veces la fidelidad evangélica y el amor les mantuvieron en su derecho de amar a otras mujeres. Les recomiendo que lean el evangelio sin miedo, ya que los jerarcas son expertos en generar miedo, y no hay nada más alejado del espíritu evangélico que el miedo. Dejad que la ruah inunde vuestros corazones, y todo renacerá.

Nos sentimos felices con nuestro proyecto de vida en común, tratando de vivir como cualquier persona desde nuestra ética cristiana, no tenemos miedo a Dios-Sophia, al contrario, Dios-Sophia nos ayuda. Si Dios-Sophia nos discriminara, dejaría de ser Dios-Sophia. Queremos contribuir y sumarnos a todas aquellas personas que, desde sus creencias, opciones éticas o convicciones trabajan por un mundo justo, ecológico, pacifico, solidario, siendo sin complejos, mujeres lesbianas creyentes, y, en el último día, como a tod@s, nos examinarán en el amor....

Hasta pronto con sororidad y amor porque nos sentimos hijas del Dios-Sophia y bendecidas.

*Esta reflexión está dedicada a mi pareja con la que comparto mi vida, amor y pasión, a ella y a todas las mujeres valientes que me han ayudado a ser lo que soy: mujer, lesbiana, creyente (cristiana católica) y feminista.


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