> Feminismos > Transfeminismos > Transexualidad estereotipada, la falsa naturaleza de la realidad (...)Martes 21 de abril de 2009, por
Artículo publicado con el consentimiento de su autora
Los estereotipos son formas peculiares de los conceptos, o mejor dicho son conceptos descontextualizados, donde en una repetición incansable y apoyada sobre una hermenéutica constante y siempre desnaturalizada producen identidades irreales por una infinita iterabilidad en las substancias de los conceptos individuales de dichas identidades.
Los estereotipos son producto del habla, en consecuencia del lenguaje que todo lo interpela y construye de una manera directa o bien indirecta, de un sistema de signos y símbolos adecuados interesadamente por los valores dogmáticos y existencialistas donde se le supone al individuo como fundamento y objeto de todo saber y verdad, y por ello se le otorgan potestades constructivas que no le son dadas ni por innatismo ni ciencia infusa alguna, escapando de toda comprobación razonada, debemos de tener en cuenta los conceptos de certeza y verdad, el primero es el “ser” en potencia o sea el camino hacia el “ser” y el segundo el “ser” en sí mismo. Es un dialogo lingüístico histórico entre emisor y receptor, pero están desposeídos de cualquier valor o rigor científico puesto que pertenecen a la cultura arraigada en las creencias sociales de los mitos y estereotipos, producto como ya he dicho de la rumorología y la ancestralidad lingüística, son producto en muchas ocasiones de una cultura ignorante y mitificada en lo relativo al referente que tratan.
El estereotipo de la transexualidad actual, donde se considera al individuo transexual como un “sujeto” con desviaciones sexuales, con psicopatologías inciertas, promiscuo, prostituido, etc., en suma un infraindividuo, esta situación viene dada por la herencia de una historia moderna donde este conocimiento estereotipado es el producto de la ignorancia, del miedo y el odio que supone el reto de la asunción de la existencia de identidades transitadas en lo relativo al género y sus variables, conviene hacer la apreciación que no es necesario ser un individuo transexual para transgredir el género, con ello quiero decir que cualquier persona que aun no considerándose transexual seguramente de una manera u otra sea transgénero o “degenerada”, entendiendo esto último como una definición que abarca cualquier transgresión personal de la construcción subjetiva y subordinada del género impuesto socioculturalmente. Y por no hablar del poco y escaso rigor científico, filosófico y crítico a la hora de estudiar el fenómeno de la transexualidad que hasta ahora se ha promulgado desde instituciones y estados.
Han relegado esta realidad al oscuro y difícil nicho del estereotipo, resultando más cómodo este discurso que el del acercamiento a una realidad innegable y a su conocimiento y sobretodo al de las personas que componen este colectivo, dejando estas atribuciones de estudio a conciencias más tolerantes y progresistas, las cuales estamos llevando a cabo desde asociaciones, profesionales de la psicología, sexología y pensamiento crítico unos tratados y estudios lo más cercanos y reales a esta verdad que cada día cobra más representación social al no verse relegada de una manera contundente al ostracismo y creando una apertura, una visibilidad inevitable en el terreno de lo social, político, económico y de cualquier índole dentro de la superesfera que nos envuelve.
La lógica tradicionalista es capaz de naturalizar mediante la creación de representaciones negativas, imágenes falsas y valores infundados a la transexualidad como una representación no construida, es decir carente de la tan traída construcción social del individuo, entrando en clara contradicción con sus propios principios conservadores y dogmatizados de la construcción identitaria individual productora de sujetos subordinados para la producción y la reproducción o bien en el afán de perpetuidad de los sistemas estructurales del capitalismo o del marxismo, donde el individuo solamente es considerado en base a su capacidad productiva y reproductiva de capital humano y laboral, con una proyección sociocultural mesurable y constatable. Nuestra tarea es la de dar una nueva definición al individuo transexual mediante las herramientas de las que disponemos en esta sociedad de progreso. Debemos luchar contra la articulación de un poder que se cree imperecedero y sempiterno, emisor de interpelaciones constructivas sobre aquello que supone una amenaza a su continuidad existencial, ellos se definen como la única y obligatoria lógica para comprender, controlar y construir su “realidad” estructural de sociedad.