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Un encuentro con Virginia Woolf

Lunes 30 de mayo de 2011, por Guisela López

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El cuarto propio no ofrece respuestas,

más bien, plantea interrogantes,

es una posibilidad de cuestionarse la realidad

(Guisela López)

En el cuarto propio Virginia Woolf nos comparte su ir y venir por espacios cotidianos y vericuetos de la conciencia, por senderos del pasado y alamedas del futuro. No trata de facilitarnos el camino, o maquillar los escenarios, nos guía por un mundo de vicisitudes que debía enfrentar como mujer – con sueños y propuestas – en la Inglaterra de principios del siglo XX.

Nos inicia en los recorridos que ha tenido la escritura de las mujeres desde 1927, cuando terminará de escribir “El cuarto Propio”. Si bien ahora las mujeres recorremos los campus universitarios en todas direcciones, como estudiantes, como profesoras – en algunos países incluso como decanas o rectoras –. Aportando desde la medicina, la filosofía, las humanidades, la literatura, hasta la física quántica. El camino no ha fácil, ha sido una ruta de relevos las que nos ha traído hasta aquí. Hemos trabajado duro para poder ganar el derecho a escribir lo que queramos, pero pese a nuestros avances, no hemos logrado derribar el techo de cristal, y la diferencia sexual sigue marcando nuestra vida social con el sello de la exclusión de género.

Continúan existiendo normas, con el único fin de asegurar la supremacía masculina. Pese a los avances siguen siendo profundos los sesgos que separan la vida de mujeres y hombres en todas las esferas: y ni la producción artística ni la economía son la excepción.

La escritura continúa siendo un territorio generizado en el que – a pesar de la incursión de cada vez más mujeres en el ejercicio de las letras – la supremacía androcentrica se impone echando mano de toda suerte de privilegios de género: concentración de recursos económicos, autonomía en uso del tiempo, legitimación social e imposición de cánones de valoración y reconocimiento.

El acceso a los recursos una condición de la escritura

Es notable el cambio de humor

que unos ingresos fijos

traen consigo.

Virginia Woolf. [1]

Hace poco más de ochenta años, Virginia Woolf reflexionaba sobre la manera en que las mujeres de su tiempo eran excluidas de diversos reconocimientos, y espacios – uno de ellos la literatura – develando las “reglas del juego” que la organización social de genero imponía para reforzar la dependencia y sujeción al poder masculino.

Visibiliza en su relato mecanismos de exclusión de género que regían el transitar de las mujeres en espacios de convivencia cotidiana, como caminar por el pasto de un recinto universitario, visitar una biblioteca. Una de sus críticas principales se orientaba a evidenciar las limitaciones que enfrentaban las mujeres en su capacidad de acceso a los recursos económicos: ¿Por qué los hombres bebían vino y las mujeres agua? ¿Por qué era un sexo tan prospero y el otro tan pobre?, Si los hombres tienen dinero y poder ¿Por qué son pobres las mujeres? [2]

Su crítica se vuelve incisiva al develar la manera en que las condiciones de género afectan la vida de las mujeres, llevándolas a la sumisión obligada de compartir su vida. en muchos casos, por la pura necesidad de sobrevivencia. La penosa necesidad de tener que recurrir a subterfugios como la adulación o la mentira para sostenerse en relación de dependencia. Y en caso de conseguir acceso a fuentes de empleo, la manera en que estas la condicionan a la alienación de su fuerza de trabajo, realizando tareas que no eran de su agrado. Vincula incluso el hecho mismo de los nacimientos a la posibilidad o imposibilidad de acceso al dinero y al empleo que han tenido las mujeres.

En el análisis llega a cuestionarse como el acceso a los recursos afecta las condiciones en que se desarrolla su propia vida: No hay dinero para perdices en la cena... Como esa condición que vive se enlaza a la vida de su propia madre por no haberle podido dejar una herencia. Y concluye que en primer lugar, eso se debe a que las mujeres no podían ganar dinero y, en segundo, porque de haber podido, la ley les denegaba el derecho de poseer el dinero ganado. Por lo tanto – concluye con indignación – el dinero ganado por las mujeres hubiera pasado a ser propiedad de su marido… [3]

Enfatiza en como el dinero afecta esferas tan elevadas del espíritu como la producción artística, la posibilidad de dedicarse a la literatura. Esto la lleva a preguntarse: ¿Qué efecto tiene la pobreza sobre la novela?, ¿Qué condiciones son necesarias para la creación de obras de arte.? [4]

Por los linderos de la misoginia

Su visión crítica, lleva a Virginia a sumergirse en arenas movedizas, indagando sobre lo que los hombres han escrito sobre las mujeres. Terrenos en los que identifica, grandes contradicciones: ¿Se las puede educar o no? Napoleón pensaba que no. ¿Tienen alma o no la tienen? Algunos dicen que no tienen ninguna, otros, al contrario, mantienen que las mujeres son medio divinas… [5]

En su trayecto se enfrenta a argumentos que evidencian un profundo deseo de discriminar a las mujeres: “La inferioridad mental, moral y física del sexo femenino.” [6] Textos en los que identifica una fuerte carga emocional de los autores: Los profesores estaban furiosos. Pero ¿por qué? [7]

Para Virginia el énfasis que tiene para los hombres, recalcar en una supuesta inferioridad de las mujeres, esta más bien vinculada a la preocupación que sienten por su propia superioridad. Señala la importancia que tiene para un patriarca el creer que un gran número de personas es inferior a él: Durante todos estos siglos, las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar una silueta del hombre de tamaño doble al natural. [8]

Es por este celo que cuando una mujer incursiona en espacios hasta ese momento “exclusivamente masculinos” como la creación literaria, la composición musical, etc., la misoginia se exacerba descalificando a todo el género femenino. Como ejemplo cita el caso del Dr. Johnson que para descalificar a las mujeres predicadoras decía – repitiendo una frase empleada doscientos años antes por Nick Greene para descalificar a las mujeres que actuaban – que: una mujer que componía era como un perro que anda sobre sus patas traseras. No lo hace bien, pero ya sorprende que pueda hacerlo… [9]

Estas expresiones de descalificación, ridiculización y misoginia son tan generalizadas que tras analizar un periódico de la época concluye: Ni el más fugaz visitante de este planeta que cogiera el periódico, podría dejar de ver… que Inglaterra se hallaba bajo un patriarcado. [10]

Las mujeres en la literatura

Virginia reflexiona en el hecho de que a pesar de la exclusión que marca la existencia de las mujeres, en la literatura son representadas de muy distinta manera. La mujeres que aparecen el las obras de Shakespeare son poseedoras de una gran personalidad y carácter. Son muchos los autores que las representan como personajes destacados: Lady Mackbeth, Fedra, Desdemona, Clitimnestra, Antigona

Si la mujer no hubiera existido mas que en las obras escritas por los hombres, se la imaginaria como una persona importantísima; polifacética; heroica y mezquina, esplendida y sórdida, infinitamente hermosa y horrible a mas no poder, tan grande como el hombre más según algunos. [11]

Pero – recalca la autora – esta mujer solo existía en la literatura, porque las mujeres reales eran sometidas a la voluntad masculina, encerradas, golpeadas, ridiculizadas y aunque no lo registra, asesinadas… Pues: El pegar a su mujer,- leí – era un derecho reconocido del hombre y lo practicaban sin avergonzarse tanto las clases altas como las bajas. [12]

La producción literaria de las mujeres

La poesía – afirma –

depende de la libertad intelectual.

Y las mujeres siempre han sido pobres.

Las mujeres no han tenido, pues,

la menor oportunidad de escribir poesía.

Virginia Woolf. [13]

Sin detenerse a tomar aliento incursiona en la historia de las mujeres, se pregunta en que condiciones vivían. ¿Porque ninguna mujer destacó como autora en la extraordinaria literatura de la Inglaterra isabelina?

Imagina que hubiera sucedido si Shakespeare hubiese tenido una hermana, igual de dotada que él para la ejercicio literario, y su análisis de las condiciones de género la llevan a la terrible conclusión de que los obstáculos hubiesen impedido el desarrollo de su genio.

Para empezar en su hogar se hubiese limitado el tiempo para dedicarse a la acción creativa con la imposición de las tareas domésticas. Luego hubiese sido la imposición del matrimonio y finalmente la maternidad habría frenado su deseo de ser escritora. Porque el de dedicarse a la actuación ya estaba vedado por la norma que impedía a las mujeres subir al escenario. [14]

De este modo la hermana de Shakespeare no hubiese tenido oportunidad alguna de desarrollar su genio creativo por las barreras de género. Barreras que le impidan acceso a las vivencias que permitieron al dramaturgo la recreación de espacios – ella no hubiese podido estar a salvo en una taberna o recorriendo las calles después de media noche – barreras que no le permitían condiciones para dedicarse a escribir desatendiendo las labores “propias de su sexo”, barreras que le hubiesen negado el mas mínimo reconocimiento a sus meritos por habitar su genio en un cuerpo equivocado para el éxito. Y – vinculándola a su propia decisión, tomaría años después, afirma – terminaría suicidándose en una noche de invierno.

Condiciones para la escritura

Hay que tener quinientas libras al año

y una habitación con un pestillo en la puerta

para poder escribir novelas y poemas.

Viginia Woolf. [15]

Para que una mujer pudiera dedicarse a la escritura, debe poder contar con una serie de condiciones. La primera el acceso a la escritura, y a la educación, son otros condicionantes que han frenado el desarrollo creativo de las mujeres, en el que el nivel social ha sido una variable determinante en las experiencias de las mujeres que han logrado llegar a ser escritoras.

Otra de las condiciones que identifica es el poseer autonomía, acceso a un espacio físico que facilite la intimidad, algo muy básico pero difícil de lograr debido a la desigualdad que incluso a principios del siglo XIX, para una mujer de clase media o baja era impensable tener una habitación propia.

Poseer recursos económicos propios que la liberen de la necesidad del matrimonio como medio de subsistencia y de la maternidad como medio de legitimación social. Finalmente una de las condiciones necesarias para poder escribir es poseer un estado mental que alejando las hostilidades y antipatías personales, le permitiera ejercer libremente la acción creativa, como lo pudo hacer Shakespeare, sin embargo reconoce que en el siglo XVI ninguna mujer podía alcanzar ese estado mental, dada la presión exterior ejercida para mantener la opresión sobre las mujeres.

Cita el caso de dos escritoras, ambas de origen noble, casadas, pero sin hijos. Ellas, por su posición económica lograban cumplir tres de las condiciones básicas para poder escribir: educación, cuarto propio y disponibilidad de recursos económicos par la subsistencia. No obstante se vieron afectadas por toda la carga negativa ejercida desde la censura masculina. La crítica social – no solo masculina [16] – no les permitió alcanzar el estado mental necesario para desligarse de las hostilidades del contexto y dedicarse libremente a la creación.

La primera fue Lady Winchilsea, nacida en 1661, escribió poesía, en su obra expresa indignación por la posición de las mujeres, pero según Virginia – a pesar de su capacidad creativa – su obra no logra trascender los grandes obstáculos de género, odia y teme a los hombres, porque ponen en riego su derecho a escribir.

La segunda fue la duquesa Margaret Cavendish of Newcastle, también escribió poesía: “Las mujeres viven como murciélagos o Buhos, trabajan como bestias y mueren como gusanos” [17] pero según Virginia su escritura esta deformada por el odio, por la ridiculización de que fue objeto, por la descalificación a su comportamiento tildado de tosquedad “impropia de una hembra de alto rango educada en la corte.” [18] Su rebeldía la llevo a encerrarse a vivir sola en Welbeck. “La loca duquesa se convirtió se coco con que se asustaba a las chicas inteligentes. …Puesto que las mujeres sensatas y modestas no podían escribir libros” [19]

Fue Aphra Behn, según el recuento de Virginia, la primera mujer que logró hacer de la escritura no solo un derecho, sino un medio de vida, “obligada a la muerte de su marido y algunos infortunios personales a ganarse la vida con su ingenio”. Con el logro de Aphra, señala Virginia: “poco a poco el escribir dejo de ser señal de locura o perturbación mental y adquirió importancia práctica. [20]

Para finales del siglo XVIII aumenta el numero de mujeres escritoras, y Virginia considera que esto se debe en buena parte, a que las mujeres podían ganar dinero escribiendo. [21]

Las novelistas

Quizá lo primero que descubrió la mujer al coger la pluma

es que no existía ninguna frase común lista para su uso.

Virginia Woolf. [22]

La autora incursiona en la literatura inglesa del siglo XIX, señalando la incorporación de las mujeres de clase media al terreno literario. Si bien, señala, las condiciones aún no eran las mejores, ya que las mujeres seguían sin disponer de tiempo para si mismas. Y en vez de cuarto propio solo contaban con una sala de estar común, para toda la familia. Aumenta el número y la calidad de los escritos de las mujeres.

Recorriendo sus propuestas discursivas subraya la proliferación de la incursión de las mujeres en la novela. Producción en la que identifica a destacadas autoras: George Eliot, Jane Austen, Emily y Charlotte Bronte… Cuyo rasgo en común fue el de no haber tenido hijos.

Acompaña su Itinerario de un ejercicio hermenéutico, desde el que se empeña en descifrar discursos, contraponer propuestas argumentativas y estilos narrativos, ponderando la capacidad de Jane Austen para lograr como lo hiciera Shakespeare, superar todos los obstáculos y liberar su potencial creativo.

Virginia desarrolla su análisis tratando de identificar el efecto del sexo sobre la novelística. Y subraya que Jane Austen, a diferencia del gran dramaturgo isabelino, no tuvo la posibilidad de viajar, de recorrer el mundo, sus libros se basan en lo que podía observar desde la sala de estar de su casa, donde siempre escribió.

Virginia considera que esta falta de experiencia puede llegar a afectar la integridad del texto, que ella considera columna vertebral del escritor, ya que debido a la falta de experiencias se puede falsear la analogía con la vida real.

Sobre el acceso a los recursos económicos agrega: “Estas mujeres eran tan pobres que no podían comprar mas que unas cuantas manos de papel a vez, para escribir.” [23]

Enfatiza en la valoración que la critica hacía de las novelas escritas por mujeres, considerando aquellas escritas por hombres como importante pues versaban sobre temas como la guerra, mientras que se consideraba “como insignificantes las obras que trataban “de los sentimientos de mujeres sentadas en un salón.” [24]

Virginia recata la valentía de estas novelistas que “desoyendo la perpetua amonestación del eterno pedagogo: escribe esto, piensa lo otro” [25]. Fueron capaces de escribir como escriben las mujeres, utilizando un lenguaje y valores propios, como sucede en la obra de Jane Austen y Emily Bronte.

Hablando de esta manera particular de escribir de las mujeres, identifica la novela, como genero reciente, como el espacio idóneo de modelar desde la escritura femenina, hace referencia a la capacidad - necesidad de las escritoras de desarrollar un lenguaje propio y a la conveniencia de escribir libros mas cortos que los hechos por hombres, por la diferencia vivida en el manejo del tiempo.

En la narrativa escrita por hombres identifica tan desmesurada presencia del Yo (I) que llega a parecerle aburrida. Encuentra además una afirmación de la superioridad masculina. “No solo celebran virtudes masculinas, imponen valores masculinos y describen el mundo de los hombres; La emoción… que impregnan estos libros es incomprensible para una mujer.” [26]

Entre las nuevas autoras llama la atención sobre la obra de Mary Carmichael que inicia uno de sus relatos diciendo “A Chloe le gustaba Olivia…” [27] Virginia considera que esta autora no solo hace una ruptura al referirse a las relaciones entre mujeres, sino que además enuncia palabras jamás dichas, gestos jamás plasmados – ya que tradicionalmente la literatura describe a la mujer, solo desde el punto de vista de su relación con los hombres – lo que a su parecer realmente empobrece la literatura.

Supongamos – dice – que en la literatura se presentara a los hombres solo como los amantes de mujeres…. ¡Que pocos papeles podrían desempeñar en la tragedias de Shakespeare! [28]

Los avances

Espero que encontréis, a tuertas o a derechas,

bastante dinero para viajar y holgar,

para contemplar el futuro o el pasado del mundo,

soñar leyendo libros y rezagaros en las esquinas,

hundid hondo la caña del pensamiento en la corriente.

Virginia Woolf. [29]

Virginia rescata la evolución de la escritura de las mujeres que de la novela se ha extendido a la arqueología, la estética, la historia, incluso a la filosofía, la ciencia y la economía. Identifica que estos avances no hubiesen sido posibles sin el aporte de las mujeres del pasado, que a su vez deben su avance a sus antecesoras. Reconoce así mismo la manera en que las guerras de Crimea y la Primera guerra mundial, abrieron las puertas a las mujeres.

Todavía las vidas de las mujeres están sin contar, porque ningún libro de historia las registra. Porque la dedicación a los quehaceres domésticos a los que han sido constreñidas. generan productos intangibles que se desvanecen, como sus vidas, sin dejar huella: “Todas las cenas están cocinadas, todos los platos y tazas lavados; los niños han sido enviados a la escuela y se han abierto camino en el mundo. Nada queda de todo ello.” [30]

Es cierto que las mujeres no han descubierto continentes, ni conquistado ciudades, pero “Hemos traído al mundo, criado, lavado e instruido, quizá hasta los seis o siete años, a los mil seiscientos veintitrés millones de humanos que según las estadísticas existen actualmente y esto, aunque algunas de nosotras hayan contado con ayuda, toma tiempo.” [31]

El desarrollo de la escritura de las mujeres es una tarea complicada – reconoce - pero hay avances, como la apertura desde 1866 de dos colegios universitarios de mujeres, el acceso de las mujeres a más profesiones, la autorización desde 1880 para que las mujeres casadas puedan ser dueñas de sus propios bienes, y el logro en 1919 del voto femenino.

Termina el libro con una convocatoria a la autonomía de las mujeres, a enfrentarnos al hecho de que no tenemos ningún brazo al que aferrarnos, sino que estamos solas, …relacionadas con el mundo de la realidad y no solo con el mundo de de los hombres y las mujeres. [32] Por tanto el ejercer nuestro derecho – tanto individual como de género – a la escritura, es una opción por la que debemos trabajar.

Reflexiones finales

Este libro – concluido en 1928 – ha sido uno de los textos claves de la teoría feminista, ya que en su recorrido no solo subraya los mecanismos que resguardan la imposición de un mundo desigual, sino que además reivindica para las mujeres el derecho al ejercicio de la autonomía.

Autonomía en la toma de decisiones, autonomía en la participación en los distintos espacios. Autonomía que solo es posible para las mujeres desde la independencia económica y la liberación de los roles y mandatos de género. Así afirma “No necesito odiar a ningún hombre; no puede herirme. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que darme. [33]

El cuarto propio no es solo una habitación para que las mujeres podamos pensar y expresarnos sobre nuestros intereses, preocupaciones y deseos. Es podar dedicarnos a hacer lo que queramos, fuera del control patriarcal y de la imposición doméstica. Es una posibilidad del uso del tiempo para nosotras mismas, trasgrediendo el mandato de ser para los otros.

Es la reivindicación de la escritura y la poesía de las mujeres, desde un ejercicio creativo, libre de toda marca de segregación y dominio.

El cuarto propio es un derecho humano de las mujeres a escribir su propia vida.

Notas

[1] Woolf, Virginia. “El cuarto propio”. pág.54.

[2] Preguntas que se hace Virginia Woolf en el Capítulo I del libro “El cuarto propio”. pág. 37.

[3] “El cuarto propio”. pág. 34.

[4] “El cuarto propio”. pág. 38.

[5] “El cuarto propio”. pág. 43.

[6] “El cuarto propio”. pág. 45.

[7] “El cuarto propio”. pág. 47.

[8] “El cuarto propio”. pág. 51.

[9] “El cuarto propio”. pág. 77.

[10] “El cuarto propio”. pág. 48.

[11] “El cuarto propio”. pág. 62.

[12] “El cuarto propio”. pág. 60.

[13] “El cuarto propio”. pág. 148

[14] Una referencia ilustrativa la podemos encontrar en la película Shakespeare in Love (Shakespeare enamorado) del director John Madden, con la actuación de Gwyneth Paltrow y Joseph Fiennes. 1998.

[15] “El cuarto propio”. pág. 144.

[16] Woolf hace referencia al caso de Dorothy Osborne, que criticaba a la Duquesa diciendo “No cabe dudad que la pobre mujer está un poco trastornada, sino no caería en la ridiculez de aventurarse a escribir libros, y en verso además.” Dorothy, aunque según Woolf ,poseía la capacidad narrativa nunca escribió un libro.

[17] “El cuarto propio”. pág. 86.

[18] Crítica hecha por Egerton Brydges. El cuarto propio. Virginia Woolf.

[19] “El cuarto propio”. pág. 87

[20] “El cuarto propio”. pág. 90.

[21] A la luz de la distancia resulta interesante porque en el recuento de Virginia no se señalan, aportes tan significativos para la escritura de las mujeres, como los realizados por la escritora inglesa Mary Wolstonekraft con “Vindicación de los derechos de la mujer” publicado en 1792.

[22] “El cuarto propio”. pág. 105

[23] “El cuarto propio”. pág. 97.

[24] “El cuarto propio”. pág. 102.

[25] “El cuarto propio”. pág. 103.

[26] “El cuarto propio”. pág. 140.

[27] “El cuarto propio”. pág. 112.Cita de Virginia Woolf en referencia a la obra “La Aventura de la Vida” escrita por Mary Carmichael en el capitulo V de El cuarto Propio.

[28] . “El cuarto propio”. pág. 115.

[29] “El cuarto propio”. pág. 149.

[30] “El cuarto propio”. pág. 123.

[31] “El cuarto propio”. pág. 154

[32] “El cuarto propio”. pág. 156.

[33] “El cuarto propio”. pág. 54.


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