> Feminismos > Una visión particular desde el Feminismo: 1977-2002Jueves 4 de mayo de 2006, por

Artículo cedido expresamente por la autora para Ciudad de Mujeres
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Pensarse mujer es poner en tela de juicio todo lo que sobre las mujeres y los hombres nos han transmitido, lo que estamos pensando y haciendo; es repensar de forma crítica lo que nos rodea. Y no es fácil. Tampoco lo fue empezar a darnos cuenta de hasta qué punto ser mujer o ser hombre condiciona a las personas y cómo mucho de lo que hacemos, pensamos o sentimos, tiene sexo y entender -aún seguimos en ello- por qué sucedía esto.
Resultó complicado cuestionar lo que afectaba a las mujeres por el mero hecho de serlo, así como interiorizar que, tal y como señalaba S. de Beauvoir, las mujeres tenían que aprender de su propia experiencia, de la experiencia vivida, porque no se iban a encontrar reflejadas en la de los hombres.
Sin embargo, descubrir la similitud en la vida de las mujeres, constituyó algo muy importante para comprender no poco de lo que le sucede a la humanidad.
El pensamiento feminista ha sido decisivo para reinterpretar nuestro mundo y para enseñarnos a mirar con nuevos ojos el entorno en el que vivimos. Gracias a él se han puesto en entredicho dogmas y estereotipos que limitan a las personas, y se han removido pilares básicos de la sociedad (la familia patriarcal, la iglesia y el estado) que consideraban a las mujeres como seres inferiores e inmaduros necesitados de tutela.
A las feministas de hace veinticinco años, influenciadas por los últimos coletazos del movimiento hippie y el ideario socialista, no sólo les indignaba las faltas de libertades generales, sino también la imagen estereotipada que había de la mujer, la ausencia de poder de decisión y la evidente desigualdad sexual.
Rebelándose contra esta realidad, las feministas rompieron con la forma tradicional de ser femenina y comenzaron a invadir espacios considerados privativos del varón con un nuevo discurso sobre la liberación de las mujeres. Esta actitud y su pretensión de igualdad les costó tener que soportar insultos, burlas y tópicos machistas. Fueron incluso acusadas de “burguesas” y desleales por manifestar las contradicciones de sexo en el seno de la clase obrera (dentro de sus partidos y sindicatos), siendo vistas en ocasiones como un peligro para la unidad de estas organizaciones.
A aquellas luchadoras se debe, en buena medida, uno de los cambios más significativos experimentados por la sociedad: La “revolución pacífica de las mujeres”.
La lucha feminista contó con el apoyo y la complicidad de algunos varones que compartían el análisis sobre la situación de las mujeres. Sin ellos habrían sido tiempos aún más difíciles.
Ahora bien, a pesar de lo conseguido para mujeres y hombres en estos veinticinco años de feminismo es mucho lo que queda por hacer. En este tiempo hemos adquirido una mayor comprensión de la complejidad de los procesos que perpetúan la dominación sexual y en consecuencia, hemos aprendido que el cambio de mentalidad es largo, más largo que toda una vida, más largo que la vida de generaciones enteras.