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Visibilidad y lesbianismo

Cuaderno divulgativo

Sábado 6 de mayo de 2006, por Aldarte

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Artículo cedido expresamente por ALDARTE para Ciudad de Mujeres


INTRODUCCIÓN

Os proponemos como introducción la realización de un ejercicio:

- Escribe los nombres de cinco gays conocidos: ............ ............. .............. ............ .............
- Escribe, ahora, los nombres de cinco lesbianas conocidas: ........... ............ .............. ........... ..............

Posiblemente no tengas dificultad en nombrar a cinco hombres homosexuales conocidos, pero si a la hora de mencionar a cinco mujeres lesbianas conocidas de las que se sepa con certeza que lo son.

En los últimos años la visibilidad gay se ha disparado; artistas, políticos, escritores, profesores y hasta algún militar han hecho pública su condición de homosexual. Los hombres gay existen y cada vez son más numerosas sus apariciones en el contexto público. En contrapartida, ¿qué pasa con las mujeres lesbianas? ¿porqué se les ve y se habla menos de ellas?

Este cuaderno divulgativo trata de la invisibilidad de la mujer lesbiana en nuestra sociedad: ¿qué es eso de la invisibilidad?, ¿por qué persiste?, ¿que obstáculos plantea a la mujer lesbiana que quiere vivir como tal?,... esperamos que te resulte de interés.

LA INVISIBILIDAD LESBIANA

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la mujer lesbiana es el de su no existencia como tal. El ocultamiento y la no existencia son pautas que han marcado el mundo homoerótico femenino a lo largo de la historia Hasta donde somos capaces de entrar en la historia, ésta revela que ha existido un espeso silencio en torno al lesbianismo: es complicado y difícil encontrar datos y casos historiados sobre relaciones amorosas entre mujeres.

Históricamente costó mucho admitir que las mujeres pudieran sentirse realmente atraídas por otras mujeres. Lo normal era considerar que nada en una mujer podría despertar los deseos sexuales de otra. Y así, tanto en el derecho, como en la medicina y en la opinión pública en general se ignoraron las relaciones sexuales entre mujeres, algo que no ocurrió con las relaciones sexuales entre hombres. Por citar un ejemplo: Entre los cientos de casos de homosexualidad juzgados por tribunales laicos y eclesiásticos en la Edad media y en la Modernidad no se encuentran casi ninguno concerniente a relaciones sexuales entre mujeres.

Como cuentan algunas historiadoras, no deja de ser curioso que se borrara de la conciencia colectiva un aspecto significativo de la sexualidad femenina. Entienden que no fue una cuestión de ignorancia, de falta de conocimiento de la existencia de mujeres lesbianas, sino que se trató, sobre todo, de una cuestión a la que no se quería dar crédito.

¿Qué es lo que ha ocurrido para que históricamente la sociedad occidental haya construido una barrera impenetrable alrededor del lesbianismo’

Para contestar a esta cuestión hay que hacer referencia a una serie de concepciones acerca de la mujer como tal, la sexualidad en su conjunto y la femenina en particular, que han impedido que durante siglos se hable o se debata abiertamente sobre lesbianismo.

  ¿A qué ideas nos referimos?:

- 1. La mujer es de naturaleza inferior al hombre: hoy día puede que este pensamiento no se exprese de manera tan cruda, pero eso no quita el que haya provocado estructuras sociales y mentales que relegan a la mujer a un segundo plano respecto al hombre ó que consideran que lo femenino no tiene la trascendencia de lo masculino. Así, lo que ocurre entre las mujeres o en su mundo tiene menos importancia y no se concibe como algo serio. En consecuencia el lesbianismo ha carecido del reconocimiento que ha tenido la homosexualidad masculina. En las raras ocasiones en las que el lesbianismo se nombra en la historia de occidente, era considerado como un aprendijaze, una emulación de la sexualidad masculina, una frivolidad de jóvenes viudas y su práctica se consideraba un acto menos corrupto o grave que los actos homosexuales masculinos por lo que también estaba menos penalizado

- 2. La sexualidad debe seguir un modelo heterosexual, imponiéndose que sólo es normal que un chico esté con una chica y viceversa. Otras combinaciones como chica con chica ó chico con chico serán vistas como anormales.

- 3. La sexualidad gira en torno al hombre (androcentrismo), el único con derecho a la búsqueda del placer. La capacidad sexual autónoma de la mujer está tan constantemente puesta en entredicho que llega incluso a ser negada. La sexualidad femenina giraría alrededor de la del hombre lo que hace casi impensable la existencia del lesbianismo, ¿cómo una mujer puede sentirse atraída por otra?

- 4. El pene es lo importante. La famosa frase "¿qué hacen dos lesbianas juntas?" aparte de transmitir un claro prejuicio, resume a la perfección el pensamiento de muchos: si la relación entre dos mujeres carece de lo importante (el pene) entonces el lesbianismo no es una sexualidad completa; será como mucho el prolegómeno de algo hasta que lo importante aparezca.

En menor medida que hace algunos años, todavía hoy estas ideas se combinan para relegar al lesbianismo a la invisibilidad. En la medida en que socialmente no se ha roto con la idea de la sexualidad heterosexual y androcéntrica, las mujeres lesbianas cuando buscan referentes, modelos, todavía se tienen que enfrentar a una imagen excesivamente masculina de la homosexualidad.

El lesbianismo es menos conocido, menos estudiado y se le sigue dando menos importancia que a la homosexualidad masculina Este hecho lleva en muchos casos a pensar que es más fácil ser lesbiana que gay, porque de alguna manera lo que no se conoce no existe y pasa más desapercibido, sin embargo por esto mismo muchas lesbianas se ven empujadas a hacer de su orientación sexual una práctica más oculta, a vivirlo en secreto o de forma más privada que los gays.

En páginas siguientes abordamos tres facetas de la realidad lesbiana que se ven muy afectadas por la invisibilidad que rodea al lesbianismo: La autoestima, la maternidad y la ancianidad:

"Mamá-dos" es invisible

María era ya mayor cuando sus padres se divorciaron y su madre inició una relación homosexual. No fue fácil pero un día en un grupo de estudio en el instituto María dijo: "Soy una adolescente, me encanta jugar al fútbol y mi madre es lesbiana". Al finalizar la clase, otra chica se le acercó y le preguntó: "¿De verdad que tu madre es lesbiana? Mis madres son lesbianas y nunca se lo había contado a nadie".

Las lesbianas pueden y quieren tener hijos, de hecho amar a otra mujer no significa ser estéril o ser incapaz de criar y educar niños. Muchas mujeres homosexuales ya tienen hijos, bien adoptados, bien procedentes de convivencias anteriores o en régimen de acogida. A este respecto:

- La Ley que regula la adopción y la figura del acogimiento familiar (1987) no discrimina a los individuos por motivo de orientación sexual. Cualquier adulto a título individual, si cumple la condiciones de idoneidad, puede adoptar y acoger niños. El problema surge cuando una pareja homosexual quiere adoptar como tal. Esta posibilidad no se permite.

- La Ley sobre Técnicas de Reproducción Asistida (1988) permite a las mujeres solas acceder a una inseminación.

Amparadas bajo estas leyes las mujeres lesbianas hace años que están adoptando niños, incluso se están otorgando niños "difíciles" en acogida a parejas formadas por mujeres.

Por otro lado, numerosas lesbianas están siendo inseminadas en clínicas especializadas sin ninguna complicación. Algunos expertos estiman que entre el 75% y el 80% de las mujeres solas y solteras que se inseminan con semen de donante anónimo son lesbianas que viven en pareja.

Se calcula que entre el 23% y el 50% de gays y lesbianas, sobre todo éstas, tienen hijos, los crían y forman con estos y con sus parejas familias basadas en el amor y el respeto. De puertas para adentro no se diferencian de cualquier otra familia, de puertas para afuera los problemas y la discriminación social y legal marcan la diferencia: Son familias no visibles.

Para la ley el niño/a es sólo de la madre biológica o adoptiva, con todos los inconvenientes que esta situación genera y con la merma de derechos que acarrea para los hijos e hijas de parejas formadas por dos mujeres. Hay derechos sucesorios y económicos de todo tipo: herencias, seguros médicos, de accidente,... que éstos no pueden disfrutar en igualdad de condiciones con respecto a los hijos de parejas heterosexuales. Por ejemplo, en los casos de separación de quienes de hecho son sus madres, el niño / a no tienen reconocido su derecho a una pensión de manutención por parte de su madre no biológica, o en caso de fallecimiento de ésta, no se le tienen en cuenta derechos de herencia o el pago de indemnizaciones si el fallecimiento ocurriera por accidente.

La vida cotidiana de las parejas conformadas por mujeres resulta extraordinariamente complicada por el hecho de que para la Ley esta pareja no exista, por ejemplo, respecto a cualquier actividad cotidiana del niño: el colegio la asistencia médica, etc,... sólo la madre biológica o adoptiva puede tomar decisiones.

El niño/a no suele tener ningún refuerzo positivo, al contrario, tiene que pasar por estas situaciones que le recuerdan constantemente que su otra madre "no es nadie" para la Ley y tampoco para un sector de la sociedad: que su familia no es como las demás. En definitiva, afectiva y emocionalmente no está protegido por las normas. El niño crece con dos madres a las que quiere por igual porque ambas le han criado y educado, sin embargo, si la Ley no reconoce el papel de la madre no biológica, los lazos afectivos y emocionales del niño / a con aquella podrían cortarse si la madre biológica muriera. Así pues, las leyes no protegen el bienestar psicológico del niño / a. Si bien en la actualidad las leyes desasisten al niño /a cuando tiene dos madres, esta situación en un futuro va a cambiar.

Datos hay para ser optimistas:

- Cada vez hay más casos de parejas lesbianas que denuncian esta indefensión legal y que reclaman inscribir al hijo que tiene como hijo de ambas.

- Una parte considerable de nuestra sociedad acepta sin problemas la paternidad para parejas del mismo sexo.

- Políticamente se dan pasos importantes, por ejemplo, ya existe en Navarra una Ley Autonómica de Parejas de Hecho que reconoce la adopción para parejas formadas por el mismo sexo y los partidos políticos en su mayoría ya han incluido en sus proyectos la aprobación del matrimonio para homosexuales y lesbianas con los mismos beneficios y obligaciones que en el caso de los heterosexuales.

FORTALECER LA AUTOESTIMA

Todas las personas construimos nuestra sexualidad como respuesta a las definiciones culturales que nos rodean. Las mujeres lesbianas también La autoestima es el aprecio, la consideración que una persona siente por si misma, condicionada por un conjunto de experiencias y prácticas de vida y está constituida por:

- Las creencias acerca de una misma.

- Los pensamientos y los conocimientos.

- Las dudas y las intuiciones.

- La interpretación de lo que nos ocurre y lo que hacemos que suceda.

- Las emociones, los afectos y los deseos.

Todavía persisten mecanismos sociales que enfrentan a las mujeres lesbianas a una subvaloración inicial como mujer con los obstáculos que esto acarrea:

sentimientos de culpabilidad y deseo de legitimarse. Vivir con un secreto que excluye y provoca soledad. Tener mayores dificultades que los demás para hacer de su experiencia sexual algo positivo

Estos problemas, junto con el estigma y los prejuicios que rodean al lesbianismo, son la causa de que las mujeres lesbianas tengan que hacer un ejercicio muy laborioso para lograr una autoestima equilibrada.

Las consecuencias de una baja autoestima son:

- Limitación de la capacidad de abrirse a los demás y por tanto reducción de la expresión de los deseos en general y de los sexuales en particular.

- Merma de la capacidad de buscar soluciones, por tanto asunción menor de decisiones

- Distorsión de la percepción y la capacidad para afrontar la experiencia sexual.

Igualmente una baja autoestima no propicia la habilidad necesaria para resolver los conflictos cotidianos sin ansiedad, sin actitudes defensivas y sin esos miedos que se van presentado por el hecho de tener una orientación homosexual no del todo asumida.

Conformadas como seres "para otros" las mujeres depositan la autoestima en "los otros" y en menor medida en sus capacidades. No es raro, por tanto, encontrar a muchas lesbianas con una baja estima de sí mismas.

¿Cómo se fortalece la autoestima?

- Al concretar los deseos y hacerlos posibles en libertad. Cuando se promueve el bienestar y se impulsa y mantiene el desarrollo personal.

- Al transformar las estructuras sociales, familiares e institucionales que tengan presente la diversidad de deseos sexuales y hagan posible desarrollarlos en igualdad de condiciones.

LESBIANAS MAYORES

¿Dónde están las lesbianas mayores?, si hay una etapa donde la invisibilidad hace mella es en la vejez. Parece que una mujer deja de desear a otra cuando se llega a cierta edad. Nada más lejos de la realidad, no se deja de ser lesbiana porque se cumplan años, sino que es precisamente en la vejez cuando las discriminaciones y los obstáculos se agudizan.

Vivimos en una sociedad que hace de la juventud valor supremo y que relega a los ancianos / as a un segundo plano. Vivimos de espaldas a la vejez, no queriendo ver que ésta es inevitable y despojando a esta etapa de la vida de sus connotaciones positivas.

Respecto a las mujeres homosexuales ancianas de hoy, hay dos cuestiones que habría que tener en cuenta:

- Tuvieron que hacer frente a su homosexualidad en la época franquista, inmersas en una coyuntura social y política que perseguía y reprimía la homosexualidad y que daba a la mujer un papel sexual secundario y reproductor.

- Hoy en día se encuentran con un entorno homosexual que se mueve con otras claves y criterios diferentes a los que ellas tenían cuando empezaron a vivir su lesbianismo.

La época franquista supuso para estas mujeres vivir su homosexualidad en unas condiciones totalmente diferentes a las actuales, con mayores cuotas de miedo a la represión, más dificultades para reconocerse en si mismas y hacer realidad un deseo sexual invisible y negado.

Cuando algunas lo asumieron pasaron por una paradoja; por un lado vivieron una innegable discriminación pero, por otro, obtuvieron el beneficio que les daba la invisibilidad, que les permitirá vivir juntas y relacionarse entre ellas sin la presión social a la que se veían sometidos sus coetáneos gays. Son las grandes amigas a las que siempre se les ha visto vivir juntas.

Muchas de ellas aprovecharon la transición política y el cambio de actitudes en sexualidad para hacerse públicas o "salir del armario" y en la actualidad se enfrentan a la amenaza de que "el armario" vuelva a cerrar sus puertas con ellas dentro. Nuestra sociedad reconoce con dificultad la existencia de sexualidad entre personas mayores y si ésta es de carácter homosexual o lesbiano, no se menciona. De hecho ningún estudio sobre la vejez habla sobre la posible homosexualidad de ancianos / as. Hoy día es difícil ser mayor. La soledad y la penuria económica son importantes problemas, a los que se le une la ausencia de regulación jurídica en las parejas del mismo sexo y el no reconocimiento de esta realidad por los servicios de asistencia a los mayores.

Los cambios sociales en las formas de vivir hoy la homosexualidad, esto es, de manera más pública y abierta y con una mayor aceptación colectiva, pueden ser difíciles de asimilar por parte de quienes se han acostumbrado a vivir toda su vida en el secreto y la negación de si mismas.

El colectivo homosexual es aparentemente joven y hostil a la vejez. Los recursos y espacios de socialización para este grupo han sido diseñados sobre todo para su gente joven, por tanto no es de extrañar que el acceso de personas mayores a los mismos se vea mermado y que éstas encuentren complicado su uso. Es evidente que hacen falta espacios colectivos más ajustados a los intereses y expectativas de lesbianas y gays ancianos.

Ante todo este cúmulo de complicaciones sería lógico pensar que las lesbianas maduras ya han perdido su tren porque sencillamente a su edad ya no merece la pena la búsqueda de una sexualidad satisfactoria. TODO LO CONTRARIO. La calidad de vida de las mujeres ha mejorado sensiblemente y son muchas las que alcanzan la vejez en inmejorables condiciones físicas y mentales. Todavía hay mucho tiempo por delante y mucha vida sexual activa también. La sexualidad no es sólo para el disfrute de jóvenes y adultos, sino que nos acompaña toda la vida, por eso es importante buscar, utilizar, y hacer posible todo lo que facilite y potencie nuestro bienestar.


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