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“Me veo, luego existo”
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Claude Cahun , cuyo verdadero nombre fue, Lucy Schwob, nació en Nantes
en 1894, en el seno de una familia de intelectuales judíos de la alta
burguesía. Su padre, Maurice Schwob era director del periódico “Le
Phare de la Loire” y su tío Maurice, vinculado al simbolismo y amigo
de Oscar Wilde, uno de los fundadores del “Mercure de France”.
Cursó estudios en Oxford entre 1907 y 1908 y posteriormente, en 1914,
Filosofía y Letras en la Universidad de la Sorbonne, en París, ciudad
en la que se instaló a partir de 1920.
París, convertido por aquel entonces en la capital cultural y
artística del mundo, albergaba los movimientos vanguardistas, entre
los que se encontraban las denominadas “Mujeres de la Rive Gauche”,
artistas inglesas y estadounidenses expatriadas, huídas de la rigidez
de sus respectivas sociedades en busca de espacios de libertad.
Mujeres, como las escritoras
Colette,
Gertrude Stein,
Djuna Barnes,
Renée Vivien, las fotógrafas Berenice Abbot y Gisele Freund, las
pintoras
Marie Laurencin y
Romaine Brooks, las editoras y libreras
Sylvia Beach y Adrienne Monnier, entre otras que junto a artistas
masculinos como Marcel Duchamp, André Breton, Georges Bataille,
Francis Picabía, etc conformaron el círculo donde Claude Cahun se
nutrió de lo más selecto de la intelectualidad del momento y donde
igualmente dejó su impronta.
Fascinada por la interpretación participó en el teatro de vanguardia
de París, en la compañía “Le Plateau”, representando indistintamente
papeles femeninos y masculinos.
En 1925 publicó “Heroínas” siete relatos cortos e irónicos sobre
arquetipos
femeninos,
en memoria de las “moralidades legendarias”, Eva, la demasiado
crédula, Dalila, la mujer entre las mujeres, Judith, la sádica,
Helena, la rebelde, Safo la incomprendida, Salomé, la escéptica… En
1930 con “Confesiones no confesadas”, libro inclasificable de
“poemas-ensayos” o “ensayos-poemas”, ilustrados con diez fotomontajes,
indaga en la androginia, la máscara y el espejo.
Años más tarde, se adhiere a la Asociación de Escritores y Artistas
Revolucionari@s, de inspiración comunista cuyo objetivo es luchar
contra el fascismo, defendiendo como métodos la “disciplina” y el
“fanatismo”. Participa en este grupo de extrema izquierda, “Contre-Attaque”,
encabezado por Georges Bataille y André Breton, donde firma
manifiestos “Contra el fascismo pero también contra el imperialismo
francés”, denuncia el golpe de estado franquista y la pasividad del
gobierno del Frente Popular francés. Sin embargo, junto con sus
promotores, termina por abandonar dicho grupo, reafirmándose en la
idea de que la lucha contra el fascismo debía continuarse mediante las
“tradiciones revolucionarias del movimiento obrero internacional
aunque ello no significó una ruptura con los surrealistas ya que se
adhirió posteriormente a la Federación Internacional por un Arte
Revolucionario Independiente, organización fundada por Trotsky y por
el propio Breton.
De este activismo nace su ensayo “Les paris sont ouverts” (1935),
reivindicación de la autonomía literaria contra todo
intento
burocrático de supeditar el arte a la ideología.
En 1937 se trasladó a la Bahía de S. Brelade en Jersey con la que
sería su colaboradora artística, política y compañera sentimental,
Suzanne Malherbe (cuyo seudónimo era Marcel Moore), -a la que había
conocido en 1909 al casarse su padre con la madre de Suzanne, lo que
las convirtió en hermanastras y amantes-, donde realiza su serie de
autorretratos fotográficos y publica escritos en la corriente del
Surrealismo.
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" Mi opinión sobre la
homosexualidad y los homosexuales es exactamente la misma que mi
opinión sobre la heterosexualidad y los heterosexuales. Todo
depende de los individuos y las circunstancias. Yo reclamo una
libertad general de comportamiento."
Claude Cahun,
L'Amitié, 1925. |
En su línea de activista radical Claude Cahun coprotagonizó junto a
Suzanne acciones tan arriesgadas como la de hacerse pasar ante las
tropas alemanas de ocupación durante la II Guerra Mundial por una
unidad de resistencia al imprimir miles de octavillas donde llamaban a
la insurrección, haciéndoles creer que se encontraban frente a una
verdadera ofensiva en su contra, lo que llevó a Claude Cahun en 1944 a
ser arrestada y condenada a muerte por la Gestapo, condena de la que
se libró al ser liberada la isla poco antes de que la sentencia fuera
ejecutada.
Falleció en Jersey en 1954.
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Innovadora,
inquieta y polifacética, escribió poemas, crítica literaria, ensayos,
relatos, hizo traducciones (del sociólogo-sexólogo inglés Havelock
Ellis), teatro y fotografía, siendo en este último registro donde
desarrolló una obra personalísima y singular, experimentando con todas
las posibilidades de este medio, entiéndase, fotomontajes, juegos de
espejos, collages, sobreimpresiones, iluminaciones.
El ser dada por muerta en el campo de concentración, unido a la
desaparición de gran parte de su trabajo fotográfico, conllevó el
desconocimiento y el olvido, no siendo hasta los años noventa cuando
su obra es nuevamente recuperada. Concretamente en 1992 la publicación
de su biografía “Claude Cahun: L ‘écart y la métamorphose” a cargo de
François Leperlier, redescubre a la gran artista y a la única
fotógrafa significativa del grupo surrealista ya que Lee Miller y Dora
Maar sólo mantuvieron una breve relación con dicho grupo y, se la
compara y reconoce con otras como Cindy Sherman, Sarah Lucas y Nan
Goldin, quienes igualmente hacen de su cuerpo el soporte de sus
investigaciones.
Es el suyo desde 1910, valiéndose de su cámara fotográfica, un
auténtico ejercicio de representación y autorrepresentación, donde se
reinventa a sí misma; un análisis continuo de la multiplicidad de la
identidad, de las identidades, una puesta en cuestión del esencialismo.
El peso específico en sus fotos recae en el rostro y la mirada. Lo
demás no es más que una construcción cultural, accesoria, no fija, no
estática, indefinida.
Curiosamente sus publicaciones están firmadas con el seudónimo de
Claude, nombre neutro que sirve tanto para denominar a una mujer como
a un hombre.
Lepelier sostenía que cambiar de nombre es como cambiar de máscara,
uno de los primeros gestos de una mujer que se fabricó a si misma como
una diversidad de personajes. Una mujer a la que no se le puede negar
su valentía al tratar de escapar del rol asignado por el Surrealismo a
las mujeres, musas supeditadas a los hombres. Ella, independiente,
rebelde, desbarata ese lugar que le es heterodesignado, tratando de
superar los géneros, apuntando a un “tercer género”, algo próximo a la
androginia. Donde no hay masculino ni femenino preponderante.
Para Claude Cahun, en palabras de Lepelier, “hablar en neutro
equivale a escapar a los géneros, a esa identidad sexuada". Sin
embargo esta definición no es compartida por la escritora y
especialista en arte, Marie Jo Bonnet, quien opina que “hablar
neutro, para una mujer, es hablar masculino” y que su obra “se
ha considerado en los últimos años de manera abusiva, precursora de la
vuelta a exam inar
las identidades de sexo y género, (lo que) me parece el ejemplo mismo
de esta comprensión imposible de la imagen de la pareja de mujeres en
una sociedad que no ofrece otra alternativa a la mujer de
vanguardia que rechazar la feminidad para existir en igualdad
con el hombre”.
En cualquier caso, Claude Cahun ha sido una artista completamente
anticipada a su tiempo. Laura Cottingham en su ensayo « Cherchez
Claude Cahun » escribe : « Proust murió en 1922 y con él, el siglo XIX.
Claude, en cambio, anticipa no solamente el siglo XX sino también el
XXI.
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