Nace, un 13 de diciembre de 1895, en el seno de una familia pobre del
barrio de las Peñuelas de Madrid. Su madre y un hermano, murieron muy
pronto, quedándose ella al cargo de su padre y una hermana. Ello limitó su
formación académica, que después de la escuela pública tuvo que compaginar
sus estudios de pintura en la Academia de Bellas Artes de San Fernando con
su trabajo como telefonista.
En
el ambiente cultural de la Academia de Bellas Artes empezó a relacionarse
con la vanguardia literaria de la época, decantando su producción en
poesía. En 1918 publica sus primeros versos en la revista literaria “Los
Quijotes”.
Su
producción poética en sus inicios tiende a ser modernista, no destacando
excesivamente. Con la excepción de sus creaciones eróticas dedicadas a la
belleza femenina, que son apreciados por su fuerza y originalidad.
Creaciones de amor lésbico que publica bajo el seudónimo masculino de
Luciano de San-Saor.
Lucia se centra de lleno en el ultraísmo,
movimiento del cual es fundadora y en el que participa activamente,
muestra de ellos es su coparticipación en el Manifiesto ultraísta
publicado en la revista Cervantes en el año 1919. Durante esa época
también publica en las revistas “Grecia”, “Tableros”, “Plural”,
“Manantial” y “La Gaceta Literaria”.
Es
considerada la única representante poeta de este movimiento, aunque como a
muchas mujeres, es obviada de antologías del ultraísmo que ni la
mencionan. Algunos de los poemas más notables de aquella época son “Cuatro
Vientos” o “Elegía Interior”.
Con
su mayor implicación en el movimiento anarquista, a partir de los años 20,
cesa su creación poética experimental y se vuelca en hacer una exposición
lírica con visos reivindicativos.
Lucía Sánchez Saornil como anarquista convencida, considera que la
Republica es una farsa proveniente de la burguesía que una vez conseguida
hay que derribar.
Su
plena dedicación durante los años de la II Republica, hacen que en el año
1933 sea nombrada secretaria de redacción de la CNT de Madrid.
Su
posición feminista se va reafirmando a lo largo de los años, como se puede
apreciar en sus artículos publicados en este tiempo en “Tierra y
Libertad”, “La Revista Blanco” y “Solidaridad Obrera”, donde defiende
abiertamente que la lucha de la mujer no debe estar supeditada a la lucha
de clases y donde insta a los anarquistas para que empiecen a liberar a
las mujeres de sus prejuicios en sus propias casas. Pero igual que las
diferencias ideológicas entre falangistas y republicanos los separan, los
prejuicios machistas los acercan. El descrédito y la descalificación es lo
que recibe Lucia Sánchez Saornil de los jefes de la CNT y la FAI.
Antes de que de comienzo la guerra civil española, en el 36, Lucía, junto
con Mercedes Comaposada y Amparo Poch, fundan la organización femenina
“Mujeres Libres”, sección femenina de la CNT, en la que posteriormente se
crea una publicación con el mismo nombre, de la que es editora y
redactora. Esta organización que llegó a ostentar una afiliación de
20.000 mujeres al estallar la batalla nacional, fue desplazada de
cualquier acción libertaria dentro del propio movimiento, donde única y
exclusivamente le permiten acciones de intendencia.
Durante este periodo belicista, Lucía escribe algunos poemas que son
recogidos en el libro “Romancero de Mujeres Libres” que se publica en el
año 1937, y diversos artículos en “Horas de Revolución” en 1938.
En
mayo 1938 ocupa la secretaria del Consejo General de Solidaridad
Internacional Antifascista.
Se
traslada a vivir a Valencia donde se convierte en la redactora jefe del
semanario “Umbral”, allí es donde conoce a la que se convirtió en su
compañera, América Barroso, de la que ya jamás se separó.
En
el año 1939 se exilian ambas a Francia donde pasan dos años, en 1941
vuelven a cruzar la frontera huyendo del nacionalsocialismo alemán y para
evitar la deportación a los campos de concentración. En un principio se
instalan en Madrid pero tras ser reconocida Lucía se establecen
definitivamente en Valencia donde llevan con total discreción su estancia.
Sus
últimos momentos, tras diagnosticarle un cáncer, están llenos de una
angustiosa búsqueda de una fe, en un Dios, que la desespera, reflejo de
ello son los versos:
“Quiero creer en Dios,
quiero creer,
no me enturbiéis la fe
que voy buscando”
“¿He de creer en ese
Dios absurdo
ese Dios que hizo al
hombre contrahecho?”
Esta mujer que defendió los derechos de las mujeres, que luchó por las
libertades en su frente anarquista, que militó en la vanguardia de todo
durante las décadas de los años 20 y 30, fallece, en Valencia, el 2 de
junio de 1970.
América Barroso, su inseparable compañera hace poner como epitafio en su
tumba “Pero… ¿es verdad que la esperanza ha muerto?”

El Ultraísmo, junto con
el Creacionismo, es un movimiento vanguardista netamente español. Su
proceso evolutivo lo podemos situar entre 1918 y 1923. Conectado con
las tendencias vanguardistas provenientes de Francia, se caracteriza
por el rechazo de lo sentimental, de lo trágico, de lo subjetivo y de
lo íntimo. Ya no es época -dicen los ultraístas- de cantar al amor, a
la muerte, a Dios, ni siquiera al hombre.
El
poeta, como creador que es, debe purificar la literatura de toda la
carga moral, filosófica o política que, proveniente desde el
Romanticismo, la había impregnado. La poesía, como el arte, se
convierte en fin en sí misma. Frente a otras tendencias que todavía
mantienen la carga humana de la literatura -fijémonos en la fuerza
social que tendrá el surrealismo- estos cortos movimientos poéticos
son quizás los que más se distancian de la literatura como reflejo de
la realidad del mundo circundante.